Mundial 2018: de qué lo vamos a ganar…

Habemus Mundial de fútbol, y como cada cuatro años, volvemos a tropezar animosamente en la misma piedra. En 2010 dijimos No vamos a ganar el Mundial, pusimos todas las ganas de equivocarnos y gloriosamente lo conseguimos. Cuando empezaba el de 2014, mantuvimos que Ni de coña lo ganamos, y, lamentablemente, acertamos de pleno. Ha comenzado el Mundial 2018 y volvemos a tentar a la suerte: ¿ganarlo? Pero de qué lo vamos a ganar…

Claro que, a las horas que corren, el vaticinio pretendidamente pesimista se antoja más factible que nunca. Ciertamente, nos lo hemos puesto difícil, hemos vuelto a demostrar esa innata capacidad de montarnos la crisis nosotros mismos, sin necesidad de elementos externos. No ha sido un culebrón, sino una víbora muy venenosa. Mucho, todo o casi todo, se ha venido diciendo y escribiendo, con mayor o menor cordura, con mayor o menor obligación de alimentar unos sentimientos o de contentar unos compromisos u otros. No estaría mal aplicar algo de perspectiva.

El Real Madrid ha venido a demostrar que sus intereses son no lo primero, sino lo único importante. Y además ha querido ser ostentoso en esa demostración. Cualquier club puede hablar, negociar, fichar a quien considere. Pero debe respetar los compromisos y los tiempos. Que un seleccionador fiche por un equipo antes o durante un gran campeonato, ni es la primera ni será la última vez que suceda. Pero anunciarlo unilateralmente, mediante un lacónico, letal comunicado, desde el primer minuto sonó a un ejercicio de prepotencia. Y responder a la tormenta desatada precipitando su presentación pública, es como recrearse y autosatisfacerse en el acto. En menos de 24 horas, de ver a Lopetegui en chándal dirigiendo el entrenamiento en Krasnodar, a verle de traje y corbata en el púlpito del Bernabéu, evoca el rapto de las Sabinas. O de Europa. O del Mundial. Hay gente de este país a la que la selección le importa tres pepinos. A Florentino Pérez, un rábano.

Luego está lo de Luis Rubiales. Se puede entender la rabia, la frustración, puede asistirle la razón por la forma en que se han perpetrado las cosas. Pero un presidente de una entidad -llámese federación, gobierno, empresa…- ha de tomar las decisiones desde el pragmatismo, demostrar amplitud de miras, pensar más allá de las sensaciones del momento. Y lo que ha hecho este hombre es actuar desde la ira y la soberbia. Mira que intentaron convencerle de que no lo hiciera, principalmente los jugadores -entre ellos Piqué, Iniesta, Busquets…- y hasta dicen que se lo llegó a pensar… pero al final decidió lo que le pedía el cuerpo. ¿No le interesa, a él quizás más que a nadie, que la selección haga un gran papel en este Mundial? ¿No le convenía, a él y a todos los que dirige y representa, tirar de sangre fría, mantener al que ha llevado impecablemente el proyecto y, una vez concluido, echar fuera todos los sapos y demonios que le quedaran dentro? Dicen que estaba obligado a demostrar autoridad. Bien, eso es lo que se piensa mucho hoy, que el principio de autoridad debe prevalecer sobre el de la estrategia, el temple y la capacidad de razonar. Si Maquiavelo lo viera…

Y al pobre Julen Lopetegui le han dado por todos los lados. Que si no ha sido profesional. Que si le ha podido la ambición, querer abarcar demasiado. Que si ha sido desleal. Él sabrá lo que ha pasado por su cabeza estos días, desde que Zidane los dejó a todos plantados y el Madrid cayó en interesarse por Julen. Todo indica que la negociación se la han llevado otros y a él le han informado. Pero lo que es seguro es que jamás imaginó que eso le iba a costar el Mundial. ¿Cómo no iba a tener la mayor de las ilusiones por entrenar a una gran selección en la cita futbolística más universal? Porque hay algo que a mí me molesta profundamente. Que se dude de la profesionalidad e invoquen a ésta quienes parece que no tienen ni idea de lo que es eso. En el fútbol y en cualquier ámbito de los negocios, de la empresa… ¿Desde cuándo no puede uno comprometerse con otro para el futuro mientras termina el trabajo que está llevando a cabo? Y terminarlo a lo grande, que es lo que cualquier buen profesional desea. De verdad, ¿quién pretende dar lecciones ahora?

Luego, todos hablan, opinan, en los medios de comunicación, en las tertulias radiofónicas y en la barra del bar. Cada uno según su posición. El forofo madridista -aficionado o periodista- defiende sin dudar la operación y que se haya presentado al nuevo entrenador lo antes posible, que la próxima temporada está a la vuelta y no hay tiempo que perder. El forofo culé o atlético -aficionado o periodista- crucificó a Lopetegui y alentó su cese fulminante desde que se supo que se iba al Madrid. Después están los que desean o les conviene estar a bien con el nuevo presidente de la Federación Española de Fútbol y los que les interesa ir a degüello contra él. Los que defienden a Florentino a capa y espada y los que le profesan animadversión, en ambos casos también con intereses de por medio.

Todos se pronuncian, hasta un ministro de Cultura y Deportes con un día en el cargo, que a buen seguro no está debidamente informado. Y claro, se lo endiñan en el titular. De toda esta amalgama sale la opinión pública que se ha palpado estos días, esto es, imposible de conciliar, como con tantos debates de este país. Luego nos quejamos de partidismos y polaridades. Por no hablar de los que tanto se llenan la boca con España, llaman antipatriota a todo lo que se mueve un poco y, cuando llega la selección, parece que sea la de otro país. No les gusta, no es “su España” o como por sus c… debería ser.

Y seguro que en todo este lío que nos hemos montado a dos días de comenzar el Mundial, habrá trasfondos, cosas que no sabemos y tal vez sepamos alguna vez o nunca. A todo esto, del que casi nadie habla -porque debe ser el más listo de todos- es del representante de Lopetegui, que no es otro que el ínclito Jorge Mendes. A todo esto, no sabemos si esta ha podido ser la primera batalla de la guerra entre los clubs y la nueva Federación, sabido como es que el presidente de la Liga Profesional hizo lo posible por que Rubiales no saliera presidente. A todo esto, cuando al ya ex seleccionador le preguntaron ayer si todo hubiera sucedido así de haberse anunciado su fichaje por otro club que no fuera el Real Madrid, respondió que “esa es una buena pregunta”. A todo esto, Griezmann se ha montado un serial televisivo producido por Piqué para terminar diciendo que se queda en el Atleti; Cristiano Ronaldo sigue haciéndose el interesante y se presume que mantendrá esa pose durante todo su mundial; Neymar revolotea en las agendas y en los sueños de grandeza de presidentes para los que un mundial es básicamente una feria de ganado. Pero todo esto parece tan normal…

Y a todo esto, ayer empezó el Mundial de Rusia y hoy debuta España contra Portugal. De que ganemos o perdamos este partido va a depender mucho el devenir de esta historia. Pero es verdad, qué poco estamos hablando de fútbol…

P.D. En efecto, es la primera vez que arrancamos las crónicas del Mundial así, sin hablar de los equipos, de la historia, de futbolistas y de los alicientes que siempre tiene uno de los eventos deportivos más bonitos que a pesar de todo y de todos existen. Pero es lo que nos ha tocado estos días. Esperamos tener historias más bonitas y edificantes que contar. Y mientras, nos mantenemos: de qué lo vamos a ganar... Que haya suerte… y hablaremos de fútbol.

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