Byenrique’s Blog

Enrique de Pablo

La campeona olímpica de salto de altura

Campeonas olímpicas de salto de altura

Acuden a la memoria los nombres –y la estilizada impronta- de Stefka Kostadinova, Sara Simeoni o Ulrike Meyfarth. Míticas saltadoras de altura que además de batir records –la primera de las nombradas aún ostenta el del mundo-, coronaron su carrera con el oro olímpico. Junto a ellas podemos escribir hoy el de Ruth Beitia, ahí es nada.

Las carreras de los atletas, como de los deportistas en general, son distintas unas de otras, como personas que al fin y al cabo son. Unas, unos, irrumpen como un ciclón y más tarde o más temprano se amainan. Otras, otros, persisten en una milagrosa regularidad, parece que nunca despuntan pero siempre están ahí. La saltadora cántabra ni siquiera es de estas últimas. Ha sido más allá del final de su trayectoria –anunciado en 2012 tras su cuarto puesto en Londres– cuando ha recogido los frutos que no encontró en sus supuestos mejores años.

Porque no es cierto, por mucho que digan, que sea en esta madurez cuando más está saltando –su mejor marca y récord de España, 2.02m, data de 2007. Pero es, eso sí, cuando mejor está compitiendo. Como si aquella fugaz salida del mapa le hubiera liberado de toda la endemoniada presión que atenaza a los deportistas en sus citas clave. Como si acudiera como una ex atleta a la que ni le va ni le viene, porque ella ya es de otro mundo. Llega, disfruta, sonríe, le hace manitas al listón y acomete las nueve zancadas. Y franquee o no, sigue sonriendo. Las procesiones de la competición irán por dentro, pero a Ruth se la ve feliz simplemente de estar ahí.

En ese estado de gracia le han llegado los triunfos que en su anterior vida deportiva le habían sido esquivos. Su mayor frustración eran los Juegos Olímpicos, como ha sido para muchas, muchos atletas –por ejemplo la croata Sandra Vlasic, bronce ayer, que ha dominado la altura durante casi la última década y se va a retirar sin ese oro. Se conformaba en realidad con no ser cuarta otra vez, temió profundamente volver a serlo cuando falló a la tercera los dos metros y quedaban tres por saltar. Pero hay que decir –a los aguafiestas, que ya vendrán- que bajo la lluvia es mucho más difícil aproximarse y elevarse. Y que aparte de no haber cometido ningún nulo antes –que a la postre es lo que le ha dado el título-, fue Beitia, o al menos a este que escribe le pareció, la que más cerca estuvo de franquear el listón que finalmente ejerció de juez. Pero las apreciaciones dan igual. Lo que importa es que Ruth Beitia es la campeona olímpica de salto de altura. Ahí le queda esa medalla, y qué bien además.

Y al honrado aficionado al atletismo, que simplemente pretende disfrutar del deporte más bello sin entregarse a ciegos patriotismos, ver a Ruth con esa felicidad –la de los genuinos campeones olímpicos que pensaban que ya nunca lo iban a ser- le redime de otras miserias. Por ejemplo, de haber presenciado la final de 1.500 más lamentable de la historia. ¿Cómo es posible, qué están haciendo para cargarse la prueba que otrora fuera la más bonita del tartán, la que llegó a competir con los 100 metros por ser la más emblemática? ¿Qué pensaría anoche el presidente de la IAFF, que no es otro que Sir Sebastian Coe?

agosto 21, 2016 Posted by | Mis carreritas | , , , , | Deja un comentario

Si volviéramos a Seúl… Déjenme soñar

Si volviéramos a Seúl

Los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988 puede que no fueran los más brillantes de la historia, pero sí dejaron dos hitos que marcaron un antes y un después en el deporte. Uno en atletismo, para peor: el positivo de Ben Johnson en los 100m supuso una convulsión, las marcas en general se resintieron de aquel duro golpe y, en algunos casos, no se han vuelto a recuperar. Otro en baloncesto, y este fue para mejor: la derrota de Estados Unidos en semifinales supuso el fin de una época, ya no volverían a acudir a la cita olímpica con equipos universitarios, si querían mantener su hegemonía tenían que llevar a los profesionales. A Barcelona’92 vinieron nade menos que con el dream team.

Merece ahora la pena recordar aquella tarde –mañana en España– en Seúl. Los norteamericanos llegaban con la autoestima recuperada tras su derrota frente a la URSS –nunca reconocida, ni siquiera recogieron las medallas de plata- en Múnich’72. Campeones de nuevo en Monteral’76, no acudieron a la cita de Moscú’80 y se despacharon a gusto en Los Ángeles’84 –en la que faltaron los soviéticos- con aquel equipo tremendo –a todos los efectos de NBA– que entrenaba Bobby Knight. Pero todavía más: dos años antes, al Mundial celebrado en nuestro país habían enviado un equipo de chicos de tercer y cuarto año –con David Robinson y Tyron Bogues– y se habían llevado el título, doblegando precisamente a la URSS en la final. Su superioridad estaba bien clara.

Y a la olimpiada coreana venían otra vez con lo mejor… de sus universidades. Esa generación ya no tenía a Michael Jordan ni a Pat Ewing, pero sí al citado Robinson, ya hecho y derecho, y al que se presumía la nueva gran estrella, Danny Manning, que finalmente nunca lo sería. Con otro entrenador de prestigio, John Thompson, un fanático de la defensa como lo era Bobby Knight. Como sus antecesores en Los Ángeles, jugaban con una agresividad que asustaba, dejaban a sus rivales –a España en el primer partido- en tanteos ridículos, les hacían parecer verdaderamente torpes. En ataque no derrochaban tanto talento, carecían de grandes tiradores. Pero les bastaba para machacar al que se pusiera por medio. Nadie dudaba que conquistarían el oro otra vez. Nadie pronosticaba otra cosa que otra rotunda victoria en semifinales contra una dubitativa URSS.

Las crónicas de aquel partido vienen muy bien detalladas en estos enlaces. Marca.com; Basketme.com; Acb.com. Simplemente reseñar que aquella selección soviética estaba compuesta por unos descomunales jugadores –Sabonis, Volkov, Kurtinaitis, Marciulonis, Homicius, Tikhonenko…- pero que daban en jugar sin orden ni concierto, con un viejo entrenador –Alexandr Gomelski, el zorro plateado- al que habían recuperado después de casi haberle jubilado. Los puristas del baloncesto moderno se burlaban de sus sistemas que decían arcaicos. Solo que esa tarde de octubre les vino la inspiración colectiva, se sintieron un equipo, derrocharon una garra inusitada. Y además varios de ellos supieron dar lo mejor de sí: Kurtinaitis con 28 puntos o Sabonis, que medio cojo, se hizo una roca en la zona y nadie pudo moverle de ahí. A los intrépidos universitarios les entró el miedo en el cuerpo en cuanto se vieron por detrás en el marcador, John Thompson se desgañitaba en el banquillo con la toalla al hombro… 82-76, la URSS a la final, USA a jugar por el bronce. Y esta vez no podía alegar injusticia arbitral. Nunca más…

“Traed a Magic Johnson les espetó Gomelski tras consumar la afrenta. Y en efecto lo trajeron. La que no volvió fue la URSS, desmembrada un año después. Desde entonces, la selección de baloncesto de Estados Unidos está formada eminentemente por jugadores de la NBA. Con ellos, en las primeras citas volvieron a ser intratables: por supuesto en Barcelona con ese equipo que te vencía nada más verles pisar el mismo suelo que tú. Pero también en Atlanta’96 y Sideny’2000, aunque con algún susto por medio. Se despistaron, quizás por indolencia y por no ser capaces de funcionar como equipo, en Atenas’2004, y también en los Mundiales de 2002 –en su casa- y 2006 –el que encumbró a nuestra Generación de Oro en Japón. Desde entonces no han vuelto a fallar.

Al actual entrenador, Mike Krzyzewski, le eligieron para que formara verdaderos equipos de jugadores impresionantes. Para que las estrellas se entregaran a una causa común. Se comió el marrón en su primer mundial, cuando perdieron con Grecia en semifinales, pero a partir de ahí lo ha ganado todo. Con selecciones de ensueño –las de los Juegos de Pekín y Londres con las que se toparon los nuestros en la final- y con otras menos glamurosas pero igualmente poderosas –Mundiales de Turquía y hace dos años en España. A Río de Janeiro han venido con un plantel más parecido a los de los mundiales que a los de las olimpiadas. Pero todo indica que siguen siendo irresistibles. Eso sí, diremos este USA Team de Río da en recordar un tanto –salvando las distancias- a aquél de Seúl. Tremendo físico, defensa agobiante… Bueno, estos sí tienen grandes tiradores.

Hace cuatro años formulé un deseo olímpico para aquel bisiesto 2012. Que finalmente no se pudo cumplir porque los sueños, la mayoría de las veces, sueños son. No imaginé, la verdad, que volviera a repetirse esa oportunidad. Pero la vida da estas vueltas, y aquí está otra vez. Y son unas semifinales. Como en Seúl… Déjenme soñar.

agosto 18, 2016 Posted by | Mis carreritas | , , , , , | Deja un comentario

Oro con sangre entra…

Mireia Belmonte y María Bernabéu, fotos Efe y Reuters

El deporte de élite es insano. Los Juegos Olímpicos, una tortura física y mental para los deportistas. Cuatro años de trabajo, suplicio, dieta, ni una mísera semana de vacaciones… consagrados a un día. Que se puede dar no mal ni regular, sino un poco menos bien de lo que soñabas. Quedas cuarta… y se te queda la carita de la judoka española ayer. Porque en España, no sé en otros países, quedar cuarto es un fracaso. El deportista sabe, conocedor de su deporte y sus secretos, que en un mero detalle está ser oro a quedarse sin medalla. Pero para el gran público sólo cuenta haber tocado metal, y si no, eres un “matao”. Hoy Mireia Belmonte es una diosa y María Bernabéu una frustrada que sólo quiere volver a casa y abrazarse con su familia. Seguramente ambas han trabajado y sufrido lo mismo para llegar hasta aquí. Pero mucha gente no lo valora, no conoce en realidad lo que es el deporte a este nivel. No se lo explicamos quizás bien, pero muchos, si se lo explican, tampoco lo van a entender.

Un futbolista puede redimirse y justificarse cada semana, un tenista tiene varias citas importantes al año, un ciclista muchas carreras y por lo menos un Tour de Francia cada verano. Puedes tener una temporada mala y volver a la siguiente. Pero una judoka, un tirador con arco, una esgrimista o hasta un gimnasta –deporte enseña de los Juegos-… existen en la consciencia colectiva cada cuatro años. Cierto que también tienen sus campeonatos de Europa y del Mundo, sus torneos de prestigio… pero esos quedan para los muy especializados, ni una línea se escribe en los grandes medios de comunicación. Pueden ser reconocidísimos en su círculo deportivo, pero la cita olímpica es su gran y única oportunidad para trascender. Si logran medalla, pasarán a la categoría de celebridad. Si quedan cuartos –no digamos si no llegan a la final, si les eliminan a las primeras de cambio- seguirán en el anonimato. Machacándose a destajo, pero lejos de los focos.

Nos pensamos, se piensa la gente, que ir a unos Juegos Olímpicos es jauja. Porque además los grandes medios, siempre a la búsqueda de lo espectacularmente noticioso, tienden a explayarse en las imágenes más vistosas y en las correrías, las juergas y las gamberradas de ciertos deportistas. A Río de Janeiro han acudido más de 11.000 deportistas, muchos sí… de los millones que amateur o profesionalmente compiten en todo el mundo. Van 2.400 atletas, 900 nadadores, 196 gimnastas, doce selecciones nacionales por cada deporte de equipos… los mejores o los que se lo han ganado. Cuesta mucho estar ahí, hay que ser muy bueno y haberse sacrificado mucho. No es de extrañar por ello la expresión de máxima felicidad de esas chicas y chicos durante el desfile de la ceremonia inaugural. Luego viene lo duro. La competición, lo que va del éxito al fracaso, el examen final a cuatro años dedicados a ese día, a esa carrera, a esos 10 segundos. Los que lo vemos por la tele disfrutamos de lo lindo, veneramos al campeón y condenamos al perdedor. Pero no tenemos ni idea de lo que para unos y otros supone.

Claro que ellos lo han aceptado con todas sus consecuencias, incluso muchos viven de ello, más sobrada o más ajustadamente. Algunos puede que vivan el resto de su vida de la medalla que consigan, o se quedarán en el olvido y la miseria por quedarse a un metro o a una décima de segundo del cajón. Esto no es ciertamente lo que pensó el Barón de Coubertin, pero es el deporte que hemos creado a día de hoy. Más que los juegos que noblemente inventaron en Atenas, es el circo romano de nuestros días, en el que unos esclavos ganan su día de vino y rosas –pero siguen siendo esclavos, aunque de otra forma- y a otros directamente los condenamos con el pulgar hacia abajo. Nos quedaremos con las imágenes triunfantes e icónicas de Bolt, de Phelps, de Biles, de Mireia… de los españoles que ganaron medalla, da igual el color. Y nos olvidaremos de los demás. Pero que nos quede claro que esos oros, platas y bronces han entrado con sangre (miren, por ejemplo). Y los que no lo han sido, han pagado la misma sangre pero sin premio. Muy bonito, literario y cinematográfico si quieren, pero muy cruel e insano también.

Y sin embargo, muchos envidiamos sinceramente a estos deportistas olímpicos. A los que pierden también.

agosto 11, 2016 Posted by | Mis carreritas | , , , , | Deja un comentario

Periodistas olímpicos

Foto Li Xin, Efe

Los Juegos Olímpicos son, ya saben, esas dos semanas en las que manifestamos un inusitado interés por deportes que durante los cuatro años anteriores no nos merecieron la menor atención, y dejarán de merecerla en los cuatro siguientes hasta la siguiente Olimpiada. A poco que olemos la redentora medalla de uno de los nuestros, nos fijamos y hasta llegamos a entender de halterofilia, taekwondo, tiro con arco… Pasados estos quince días mágicos, ya volvemos a la normalidad en la que sólo existe e importa el fútbol.

Por otro lado, el evento olímpico es posiblemente –o seguro- el acontecimiento mundial que recibe mayor afluencia y cobertura por parte de los medios de comunicación. Más de 25.000 periodistas están acreditados en Río de Janeiro. Los diarios, las cadenas de televisión y las emisoras de radio se vuelcan y envían a los mejores –y no sólo de información deportiva- redactores, comentaristas, narradores y especialistas. Auténticos campeones de la información como la gran Paloma del Río –qué bien le sienta esta vez el nombre-, que con ocho olimpiadas a cuestas aún se emociona retransmitiendo la ceremonia inaugural.

Ellos son los que nos lo cuentan todo y nos lo valoran. Recuérdese que la misión del periodista es informar, claro, pero ello implica muchas veces ayudar a la audiencia a entender cosas que a veces pueden ser complejas. Por ejemplo, no tiene por qué ser abogado ni licenciado en derecho, pero si cubre la actualidad relativa a asuntos jurídicos, tiene que ser capaz de entender ese mundo, de interpretar su lenguaje y saber transmitirlo de manera que la gente lo entienda. Por la misma regla de tres, no habrá muchos periodistas –quizás ninguno- especializados en judo, esgrima o pentatlón moderno, pero si van a informarnos de alguna de estas pruebas –porque hay un español en liza- tienen que documentarse, familiarizarse con ese deporte, aprenderse las reglas y, en fin, saber cómo se juega a eso para contárnoslo bien. Así, el periodista especializado en ciclismo puede aparecer narrando un combate de lucha, y el de tenis un partido de ping pong. Si son buenos –que la gran mayoría lo son- lo harán bien.

No tengo duda de ello, porque muchos ya lo han demostrado. Además, se pegarán una verdadera paliza para estar en todo y llegar a tiempo siempre. Recuérdese, o por si no lo saben, que el medio –la empresa– siempre, por definición, va a enviar a menos profesionales de los que harían falta –nos referimos a currantes, no a directivos, claro está. Lo del “más con menos” es común a muchas profesiones y negocios, pero en Periodismo es un axioma.

Pero lo que sí quisiera pedirles a los periodistas españoles destacados en Río es que sean eso, informadores. Y no hinchas. Todos queremos que ganen los nuestros, o que al menos queden bien. Pero no necesitamos que nos regalen los oídos y los ojos con relatos épicos ni con elegías, o en su defecto con proclamas sobre injusticias y conspiraciones. Que nos lo cuenten y además lo amenicen, que es parte de su labor. Que nos den las pautas para valorar si este lo hizo mejor y aquel peor, quién ciertamente tuvo mala suerte y quién se equivocó. Que nos emocionen, sí, cuando la ocasión dé lugar a ello. Pero que no abusen de imbuirnos del fervor patrio, según el cual los españoles son los héroes y los demás unos villanos. El periodismo nacional patriótico es de otro tiempo, cuando nos juraban que el viento soplaba en contra justo en la calle por la que competía el nuestro. Si el balón de waterpolo está mal hecho y se escurre de las manos, se escurrirá para todos. Si el piso está resbaladizo, todos se pueden caer. Si el árbitro es malo, partamos de la idea de que no se equivocará siempre para los mismos, luego ya se verá. Todos sabemos quién queremos que gane, y por lo tanto sobra enfatizarlo. Que nos lo cuenten, nos ilustren y nos diviertan en lo posible, nada más. Así serán verdaderos periodistas olímpicos. Que me consta que, si quieren, lo son.

agosto 7, 2016 Posted by | Mis carreritas, Peroestocuándosale? | , , , | Deja un comentario

¿Dónde viste las Olimpiadas…?

Dónde viste las Olimpiadas II

¿Dónde estabas, habías siquiera nacido cuando Bob Beamon sobrevoló rasante a lo largo de 8,90m los elevados suelos de México? Casi tan altos como los puños con los que los atletas norteamericanos negros expresaron su poder sin siquiera atender a la bandera ni al himno que aún se dudaba que fueran realmente suyos.

¿Cuántos años tenías cuando Mark Spitz inmortalizó esa piscina de Múnich? Ahí sigue, el agua clarita y perfectamente climatizada. Lo que ya no se encuentra son las zapatillas del USA team de baloncesto (universitario todavía) sobre el segundo escalafón del podio….

¿Tenías edad y perspectiva para comprender lo que significaba el “10” de Nadia Comaneci en Montreal? ¿Aspiraste a ser como Coe y Ovett, imperiales sin tocarse ni mirarse en el estadio Lenin –hoy Luzhnikí- de Moscú?

¿Dónde y a qué horas estaríamos viendo los partidos de la selección de baloncesto que arrasaba a Yugoslavia en Los Ángeles? Admirables con perilla y bigote los de Díaz Miguel, hasta que Michael Jordan nos afeitó en seco. Mientras, en el tartán, Carl Lewis se acariciaba el mentón afilado.

¿Ganaste una apuesta con Ben Johnson en Seúl, y luego tuviste que devolver el botín? Ese día comenzaron un nuevo atletismo y un nuevo deporte, como ese mundo nuevo –siempre peor- al que dicen que nos tenemos que acostumbrar.

¿Podrías nombrar de memoria a los 12 del Dream Team de Barcelona? ¿Y de quiénes acompañaron en el podio a Fermín Cacho? Tal vez te acuerdas mejor del arquero que ¿acertó? la antorcha, o si quieres de aquellas vistas imposibles tomadas por el realizador desde el trampolín de las piscinas Picornell.

¿Por qué dijo Samaranch que los Juegos de Atlanta habían sido “excepcionales” pero obvió señalar que los mejores, como siempre solía en las clausuras que él presidió? ¿Y cómo se llamaba, danesa para más señas, aquella jugadora de balonmano que era brutal?

¿Te enamoraste de la aborigen, con traje de marciano y nombre de libertad, que consiguió ser profeta en su Sidney? O tal vez de la María Vasco que rescató el bronce de su vida en una noche de insomnio. Sucedía en el quinto continente, pero la piscina fue una monarquía holandesa.

¿Qué dios reinó en El Olimpo más que El Gerrouj? Alá era grande pero extraño para él, le había dado todo menos lo que más ansiaba, el oro olímpico. Y en Atenas le dio dos.

¿Quién fue el Rey de Pekín, Usain Bolt o Michael Phelps? En Londres no hay duda, ¿verdad? ¿O fue tal vez Boris Johnson, que de alcalde ascendió a rey de la city con sus olimpiadas moradas, inauguradas y clausuradas por viejas estrellas del rock? Fue el año que aprendimos a ver Taekwondo.

Sí, hemos visto unas cuantas Olimpiadas ya, desde distintos lugares y, sobre todo, en distintos momentos y episodios de nuestras vidas. Y aquí las tenemos otra vez. Cierto que estos días estamos hablando más de los problemas que vive Río de Janeiro, de las amenazas latentes y de los desafíos que afronta la organización de estos XXXI Juegos. Pero seguramente, como ya sucedió otras veces, en cuanto prenda el pebetero ya estaremos pendientes de los deportistas. Y seguro, no va a fallar, que Río 2016 también nos dejará imágenes que recordaremos por siempre, es decir, mientras seamos capaces de recordar. Pasen y jueguen, más antiguos o más tecnológicos, más simples o más complejos y controvertidos, esto son los Juegos Olímpicos.

P.D. Y como seguiremos a muchos atletas, a los nuestros y a los que nos llenarán la pantalla, aquí os sugiero seguir también a estos. ACNUR, Juegos Olímpicos, el equipo de los Refugiados

agosto 5, 2016 Posted by | Etoqueloqueé..., Mis carreritas | , , , | Deja un comentario

David en Rusia y Goliat en los titulares

David Miguel Ángel Rusia

Lo de la peripecia del David de Miguel Ángel en Rusia, posiblemente se trate en efecto de una campaña de Marketing para dar más visibilidad a la exposición y atraer a más visitantes. Pero lo que ha venido a demostrar, indirectamente, es la mala baba –sustentada en el nulo rigor- que derrocha cierta prensa en España.

La historia ya la conocen, y además ha alcanzado altas cotas de viralidad. Una exposición sobre el genio renacentista, recién inaugurada en San Petersburgo, muestra una réplica de su colosal David. Entonces ha llegado una señora –mentes estrechas a lo alto y a lo ancho las hay por todo el mundo- y ha emitido una protesta acompañada de una campaña solicitando que se le tapen las vergüenzas. Entre otras lindas argumentaciones, califica la prodigiosa escultura de “gigante que estropea la visión histórica de la ciudad y paraliza las almas de los niños” (Ni nuestro ministro Fernández lo aseveraría mejor, ciertamente).

Con bastante vista y oportunidad, los organizadores del evento se han hecho eco de la reclamación de esta ciudadana y han lanzado una encuesta preguntando si deberían “vestir” al personaje bíblico de Buonarroti. Y al tiempo, han puesto en marcha un concurso para elegir la mejor vestimenta que mitigue su desnudez y alivie a los escandalizados. La iniciativa ha tenido un fulgurante éxito, y en seguida han proliferado ideas descabelladas e hilarantes, al fin y al cabo ridiculizando la puritana propuesta. Aparte de que, como era de esperar, una apabullante mayoría está votando por dejar el arte como es, desnudo y en paz.

La historia llega hasta aquí, y no tendría que dar mucho más de sí. Pero lo que llama la atención es el calado de los titulares que se pueden leer en algunos medios españoles, a saber algunos:

Rusia quiere vestir al David de Miguel Ángel (El Mundo)

O todavía más:

Rusia se empeña en vestir al David de Miguel Ángel (La Vanguardia)

Parto de la base de que, cuando a mí me preguntan si conozco Rusia, habiendo estado en Moscú y San Petersburgo, me cuido mucho de afirmar que conozco todo ese inmenso país. Porque es como haber comido un grano de la paella gigante de Fairy. La noticia en cuestión no refiere, desde luego, que todo un país –aunque fuera pequeño- se haya levantado en masa contra la exhibición de la obra; tampoco se trata de una ciudad entera, ni siquiera de un barrio. La desfasada iniciativa proviene de una señora particular y de algunos otros señores carcas que la han secundado, y que por lo que se ve son rotunda minoría.

Por otro lado, cuando se recurre a la sinécdoque utilizando el nombre de un país como sujeto de un titular, normalmente se alude a su gobierno o máxima jefatura de Estado, o a una entidad representativa, por ejemplo deportiva (Francia aprueba tal ley, Estados Unidos se pronuncia a favor de tal acuerdo, Inglaterra pierde con Argentina…) Pero que se sepa, tampoco consta –ni se informa ni se elucubra sobre ello- que ni Putin ni ninguno de sus ministros, ni siquiera algún representante ruso en Eurovisión, estén detrás de esta estrambótica ocurrencia. Entonces, ¿quién es aquí Rusia, por qué decimos que es todo ese país el que quiere ponerle un taparrabos al David? La sinécdoque aquí es desproporcionada, digamos. Y encima “se empeña”…

Aparte, como digo, el poco respeto al rigor informativo que se practica en ciertos sectores de nuestro agitado periodismo, las explicaciones no tienen por qué ser casuales. Puede ser porque el titular queda más redondo, porque se aseguran de que más gente pinchará en la noticia…Porque en verano hay que llamar más la atención y además las embajadas estarán de vacaciones… Y porque a según qué país, se le puede atribuir cualquier barbaridad y hasta queda bien… No olvidemos, a todo esto, que los titulares son responsabilidad del medio, no del periodista. Y a no pocos editores les gusta jugar a ser Goliat.

P.D. Por cierto, pocos sabrán –y yo me acabo de enterar- de que Rusia, cuando era la U.R.S.S., emitió unos sellos con la imagen del imponente David. Fue en 1975, conmemorando el 500 aniversario del nacimiento de Miguel Ángel Buonarroti. Qué dirían entonces…

agosto 2, 2016 Posted by | Peroestocuándosale? | , , , , | Deja un comentario

Una roca es una roca

Una roca es una roca II

Una roca es una roca

Definió el sabio tras mucho estudiarla y tomar nota.

Pero a lo mejor, si pensara o si soñara…

Una roca sería una foca

Si pudiera flotar y con la punta sostener una pelota.

Una roca es una loca

que juega a romper corazones con su mirada despistada.

Sería una rosa

Si pudieras cortarla y marear la tarde con su aroma.

Es una boca

Que lanza versos y se hace escuchar para no estar sola.

Sería una costa

Si el mar la acariciara y quisiera volver a mojar su cara.

Es una oca

Que salta de charco en charco y tira porque le toca.

Sería una nota

Si sonara para recodarnos que el amor de esperar se cansa.

Es una losa

Que no deja entrar el aire ni pasar fecha.

Sería Roma

Si supiera permanecer inmune a la Historia.

Es una sota

O caballo o rey, no hay más jugada.

Sería una sombra

Si cobijara toda ella a gente que hablando se entendiera.

Pero al final, después de todo,

Una roca es una roca.

Y así está el país de pega y corta.

 

Hoy nos ha recordado Google que Gloria Fuertes cumpliría 99 años. Que así contados, casi parecen más que 100.

julio 28, 2016 Posted by | Juntaletras | Deja un comentario

¿Nos aburre el Tour de Francia?

Foto Benoitt Tessier, Reuters

Si se lo preguntamos a un apasionado del ciclismo, la respuesta inmediata será que no, porque el Tour de Francia es el no va más. Otra cosa será si inquirimos al gran público de las tardes de julio en el sillón. Es que no ha sido cuestión sólo de este año. El pasado lo sentenció Chris Froome en el primer día de montaña, en los Pirineos, y ya no hubo color. En el de 2014, Nibali se quedó solo a las primeras de cambio y no tuvo rival. El de 2013 fue otro paseo militar de Froome, el primero de este enorme ciclista. Y en 2012, el Sky -¿les suena?- le puso una autopista a Bradley Wiggins, entonces con el hoy tricampeón como gregario de lujo. ¿Por qué lleva tiempo sin emocionarnos el Tour, por no decir que nos aburre? Por el contrario, la Vuelta a España y el Giro de Italia sí están ofreciendo ediciones bien disputadas estos últimos años. Sin ir más lejos, las dos últimas se han decidido en el penúltimo día.

El Tour sigue siendo la carrera más dura, eso que nadie lo dude. Es en la que se corre más deprisa desde el primer día, la que encierra más peligro de caídas y accidentes, la que tiene más montaña que ninguna –aunque los puertos del Giro sean posiblemente los más duros y la Vuelta ponga finales más abruptos. Y encima se sube en pleno verano. ¿Es esa dureza, en realidad, el problema? Lo cierto es que la última semana de la ronda francesa viene aportando muy poco, cuando es precisamente donde se concentran los trazados más selectivos. ¿Podría replanteárselo la organización? No olvidemos que los ciclistas de hoy ya no van con el motor de antes, por lo que sea y no vamos a entrar ahora en el asunto –pero si quieren sí entramos otro día. El caso es que a esos días supuestamente decisivos, los que deberían ofrecer el mayor espectáculo, los corredores llegan con lo justo, y bastante parecen tener con aguantar y mantenerse donde están.

Cierto que este sábado, en la penúltima etapa, vimos posiblemente los mejores momentos de ciclismo de este Tour, subiendo el asfixiante Joux-Plane y en el revirado y mojado descenso hasta Morzine. Pero los protagonistas fueron cuatro pedazos de ciclistas –Jon Izaguirre, Pantano, Nibali y Alaphilippe, por orden de llegada- que no tenían opciones en la general y sólo se jugaban la etapa. Los capos del pelotón subieron y bajaron sin rechistarse. Y cierto que Froome y su inabordable equipo lo tenían todo controlado, pero los que optaban al podio estaban separados en la general por segundos, y nadie hizo ni ademán de moverse. Más que un pelotón parecían un rebaño, como señaló creo que acertadamente un periodista radiofónico.

¿Se había terminado este Tour, como el año pasado, el anterior y el otro, después de la primera etapa de montaña? La historia se repite, y parece como si después de la frenética primera semana –que este año no lo ha sido tanto-, el primer contacto con los grandes puertos dejara ya muy marcadas las diferencias entre el que va a ganar y los demás. Entonces los teóricos outsiders se ven inferiores y sin fuerzas para reaccionar, para intentar revertir la situación. Si además el líder va respaldado por un equipo descomunal, entonces ya tenemos el catenaccio en versión ciclista. Resulta que la carrera se ha terminado, cuando sin embargo queda lo más duro.

Antiguamente, como las cadenas montañosas francesas no están cerca de París, las últimas etapas del Tour solían ser llanas y resultaban más bien de relleno, con casi todo decidido –salvo que colocaran una contrarreloj que terminara de definir la general. Ahora, para darle en teoría más emoción al final, la organización coloca en la víspera de los Campos Elíseos una subida emblemática –Mont Ventoux, Alpe d’Huez o el etapón del pasado sábado. Y ya lo suben de la mano, porque no hay un gramo de fuerzas y todos han aceptado su destino. Así, la etapa supuestamente reina termina convirtiéndose en insustancial, algo así como los kilómetros de la basura –usando el símil baloncestístico. Y es una lástima.

En la Vuelta y en el Giro no viene sucediendo esto. Será la distribución de las etapas de montaña –en la ronda española van incrementando progresivamente la dureza de los puertos-, y posiblemente influirá el ritmo de carrera, más tranquilo en las etapas llanas –en Italia decían antes que los ciclistas echaban a rodar cuando conectaba la televisión. El caso es que algo deberían mirar. La organización del Tour suele pecar de bastante soberbia, y como tienen la mejor carrera del mundo, no ven por qué han de fijarse y quizás aprender de otras. Pero a lo mejor deberían pensar que si algo no funciona de una manera, habría que intentarlo de otra. Podían probar a cambiar algo, a ver si el año que viene vemos un Tour más divertido. Una carrera que nos hipnotice por algo más que por actuaciones puntuales –Sagan, Cavendish, Izaguirre, Dumoulin o el propio Froome- y por los maravillosos paisajes, lagos, montañas y castillos de Francia.

julio 25, 2016 Posted by | Mis carreritas | , , , , | Deja un comentario

40 años luz no son nada

40 años luz no son nada

Los astrónomos han descubierto –no sabemos si exactamente si ahora o hace tres meses– dos (o tres) planetas aparentemente muy similares a la Tierra. Sí, de los muchísimos que podría haber en un Universo todavía inabarcable. Pero estos están a sólo 40 años luz. Tienen atmósfera compacta, se supone que son de superficie sólida, no gaseosa, y a falta de todo lo que aún queda por estudiar de ellos, se valora que podrían quizás albergar vida. O al menos condiciones para haberla, conjúguese el verbo en pasado, presente o futuro.

Hasta ahora lo que sabemos es que la Tierra tiene unos vecinos en general digamos ariscos y una hija –del padre no se sabe nada- más bien desprendida y un tanto lunática. Como tampoco constan hermanos conocidos, no está mal saber que por lo menos puede tener primos. Muchos lejanos, pero algunos relativamente cercanos. Así un día, quién sabe cuándo, podrá mitigar esta insoportable soledad en la que lleva viviendo, sometida a los designios de un Sol feudal y a los quebraderos de cabeza y picores que le ocasionan 7.000 millones de diminutos y peleones seres que le hormiguean por toda la piel. Sin contar una cifra infinita e incalculablemente mayor de otras especies, en todo caso bastante menos problemáticas. La Vida, que de una tonta molécula terminó dando lugar a todo un entramado viviente, civilizado o no, salvaje o doméstico, pero casi todo él imposible de descifrar.

Con casi toda probabilidad, ninguno de esos aburridos vecinos de este barrio solar tiene, al menos hoy, ese problema, o si se prefiere, esa milagrosa virtud. Si tuviera la Tierra la posibilidad de comunicarse con otros planetas de similar condición –con vida-, no cabe duda de que le mejoraría sensiblemente la existencia. Podría compartir vivencias con similares, contarles sus problemas, escuchar los suyos, aconsejar a partir de la experiencia o aprender de lo que han hecho otros. Posiblemente en unos la vida surgió mucho antes y nos llevan milenios de ventaja, y en otros en cambio puede que todavía esté empezando a gestarse. Alguno, incluso, podrá estar pasando por momentos históricos similares. Pero bueno, a saber si sus vidas y las nuestras tendrían puntos en común y serían susceptibles de comprenderse mutuamente. Tampoco vamos ahora a elucubrar sobre cómo sería la vida extraterrestre, ya hay mucha literatura generada al respecto.

La cuestión es que gusta y hasta relaja imaginar, y no deja de ilusionar saber que podría haber planetas que lleguen a parecerse poco o mucho al nuestro. Vislumbrar esa posibilidad nos daría aún más motivos para investigar, para buscar, pero también para dar rienda suelta a nuestra creatividad y ejercitar nuestro pensamiento con nuevos motivos y elementos. Y más allá, aventurar la existencia de vida inteligente más allá de nuestros cielos superaría cualquier hito de esta humanidad. Daría lugar probablemente a un nuevo Renacimiento, como en su día lo dio el descubrimiento de nuevas tierras más allá del mar o la constatación de que nuestro planeta era redondo y giraba alrededor del Sol. Si cabe, supondría aún mucho más… Quién sabe si, llegado el momento, más que renacimiento, lo llamaríamos Reinvención.

En fin, saber que tenemos planetas primos más allá del constreñido Sistema Solar podría darnos el impulso para iniciar una nueva era, o mejor, un mundo nuevo. Alumbraríamos tal vez un Leonardo da Vinci, un Galileo o un Newton de nuestro tiempo, bueno, del tiempo que fuera. Y grandes pensadores que tratarían de entender nuestro nuevo sitio en el Universo. No faltarían, no obstante, los inevitables inquisidores, los que tratarían de meternos el miedo, al fin y al cabo para no ver alterado su orden establecido. Pero con las nuevas perspectivas que se nos abrirían, siempre tendríamos mucho horizonte adonde mirar. Incluso, según avanzara la ciencia y se desplegara la industria, surgirían nuevas oportunidades relacionadas con esos nuevos escenarios por descubrir.

Por ejemplo, de mandar a algunos de vacaciones indefinidas para allá. Y si no, de escaparnos nosotros. Con potentes medios de transporte que sin duda inventarían, total, 40 años luz no son nada.

julio 23, 2016 Posted by | Historias parabólicas, Juntaletras | , , , | Deja un comentario

El Tour vuelve a Morzine

Morzine Tour de Francia

Estamos ya en la última semana del Tour de Francia, y no quiero faltar a mi cita, a la que acudo al menos una vez cada año. Empiezan las jornadas decisivas de los Alpes. Es cierto que este año el recorrido ha dejado de lado algunas de las cumbres más míticas de este macizo –Galibier, Izoard, Alpe d’Huez…- pero ello no significa que no vaya a circular por grandes puertos, los Alpes tienen mucho y muy buen donde elegir. Y sí se suben algunos con solera. Por ejemplo, mañana el Col de la Forclaz, un puerto de los de una sola cara, donde se cuenta que Anquetil le ganó un Tour a Bahamontes bajándolo. Y el sábado, en la etapa que mayoritariamente consideramos reina de esta edición, se asciende el durísimo col de Joux-Plane, camino de Morzine.

Y sí, el Tour vuelve este año a la localidad alpina de Morzine, que fuera una cita casi ineludible –de llegada o de partida- en los tours de los setenta y ochenta. Aquí un buen resumen de todas las veces que la grande boucle pasó por allí. La llegada a esta población de la Alta Saboya ofrecía varias alternativas: a 14 km se encuentra la estación invernal de Morzine-Avoriaz, a unos 1.800 metros de altura. No es que sea una subida muy exigente, pero sí ha dado muy buen juego en cronoescaladas. En 1977, esos 14 km contra el crono dijeron más de la carrera que las dos semanas que se llevaban cubiertas hasta entonces, y dejó de líder a Bernard Thevenet, a la postre vencedor de esa edición. En 1979 se llegaba desde Evian, 54 km con la ascensión final (ese Tour tuvo hasta siete contrarreloj, y esa no fue la más larga). Ahí Bernard Hinault dio un recital, recuperó el maillot amarillo que había perdido en Roubaix, y tampoco lo soltó ya hasta París. En 1994, Induráin defendió su cuarto Tour en una crono de 47 km que ganó Ugrumov. En línea, destacar la victoria del asturiano Vicente López Carril en 1975, el año del fin de la era Eddy Merckx, o la de Lucho Herrera en 1985.

Pero cuando se ha llegado en línea a Morzine, el camino más habitual es el que seguirán este sábado, con el Joux-Plane por medio. De cómo es aquello bien le pueden preguntar a Perico Delgado. En 1993, en su primera participación, arrancaba la etapa segundo en la general detrás de Fignon, y una pájara monumental le relegó a más de 20 minutos. Al año siguiente, marchaba Ángel Arroyo escapado, a la postre ganador de la etapa, y el segoviano se arrancó en la bajada para completar el doblete español… pero una curva le atrajo hacia sí y le cobró la clavícula. Y en 1987, yendo de líder, se desgañitó en la subida para descolgar a Stephen Roche, no lo consiguió, y en el descenso el irlandés se le escapó para arañarle 20 segundos, ahí ya presintió el segoviano que su Tour tendría que esperar al año siguiente… que por cierto, también recaló en Morzine, pero en esa ocasión siguió otro itinerario. Otros ilustres que han ganado allí, arriba o abajo, han sido Van Impe, Fabio Parra, Pantani o Virenque. Españoles, aparte López-Carril, citar a Eduardo Chozas y Carlos Sastre, aunque éste lo fuera por descalificación de Floyd Landis.

En cuanto al Joux-Plane, hacía 10 años que no se subía. ¿Y cómo es? Pues no tendrá quizás la presencia apabullante de esos colosos alpinos, apenas llega a 1.700 metros de altitud, y en comparación con aquellos, sus 11,7 km no parecen longitud como para asustar. Pero quien lo conoce bien sabe que es una tortura. Desde sus primeras estribaciones, la pendiente ya es considerable, pero lo peor es que es constante. No tiene un descanso, no deja un momento para respirar, y encima a partir de mitad de subida se empina todavía más y no lo deja hasta la mismísima cima. Un 8,5% de pendiente media total, que se dice pronto, pero en esos últimos seis kilómetros supera claramente el 9%. Del descenso, reseñado queda que es rápido y peligroso, los 15 km hasta Morzine se hace prácticamente volando. Cuidado porque, a un día de París, todo lo que se haya ganado en 21 días se puede perder ahí.

Joux Plane Tour de Francia

En cualquier caso, ya sabemos que los que procuran el espectáculo en el ciclismo no son las montañas –más allá de los paisajes, claro- sino los corredores. La estrategia que últimamente viene siguiendo el Tour de Francia de dejar la etapa teóricamente más selectiva para el penúltimo día es claramente un arma de doble filo. Puede ser apoteósico o puede ser un fiasco si la carrera llega decidida y los corredores al límite de sus fuerzas, más pendientes de conservar que de intentar ganar algo más. Pero dicho queda que el Tour vuelve a Morzine, un sitio con historia en la primera carrera ciclista del mundo. Y de entrada, merece la pena estar atentos.

julio 19, 2016 Posted by | Mis carreritas | , , , | Deja un comentario

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