Byenrique’s Blog

Enrique de Pablo

Mañana de septiembre

 

No te vayas, quédate un rato.

Quédate por favor, déjame que te mire.

Hace tanto tiempo, casi ni te reconocía, ahí en la puerta al entrar.

Quédate conmigo un rato, sólo quiero hablar contigo.

Hemos rodado tanto por el mundo, tal vez una vida entera…

Para encontrarnos aquí de nuevo.

 

Fue una mañana de septiembre.

Bailamos toda la noche hasta que hicimos juntos un nuevo día.

Dos locos amándose como en escenas de alguna película que habían visto.

Todavía hoy las mañanas de septiembre me hacen volver a sentir así.

 

Pero mira lo que has hecho.

¿Por qué has crecido, si eras una niña?

Todavía puedo oírte llorar en un rincón de tu habitación.

Y mira lo lejos que hemos llegado,

tan lejos de donde estábamos.

Pero no tan lejos como para olvidarnos.

 

Fue una mañana de septiembre.

¿No te acuerdas cómo bailamos aquella noche hasta que fue aquel día?

Estábamos locos y nos amábamos como en alguna película que habíamos visto.

Hace ya tiempo que las mañanas de septiembre me hacen volver a sentir así.

 

Hace ya tiempo que llevaba soñando

que una mañana de septiembre volverías a estar aquí.

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P.D. La canción es de Neil Diamond, y lo único que hemos hecho es retocar muy levemente la letra. El vídeo hay que agradecérselo a milaraven y a los fotógrafos que contribuyen.

 

septiembre 24, 2016 Posted by | Juntaletras | Deja un comentario

Desgobierno y Telepizza, ¿un burdo análisis o el titular perfecto?

telepizza

En los años 20, la recesión económica en Estados Unidos propició, según se constató y documentó, un espectacular aumento de las ventas de pintalabios. Ahora, casi un siglo después, se nos revela que la incertidumbre política se traduce en un descenso del consumo de pizzas. Así lo ha hecho notar el consejero delegado de Telepizza, Pablo Juantegui, quien asegura que su compañía lo ha notado. Desde mayo, sus clientes compran menos y en menor cantidad. Él lo achaca a la falta de Gobierno en España, que está generando incertidumbre y pérdida de confianza en el consumidor… de pizza.

Si se tratara de las ventas de coches o de pisos, de la entrada de grandes inversores en el país o de los proyectos que dependen de inversiones públicas, en gran medida paralizadas, se puede entender perfectamente. Por otro lado, algunas grandes empresas, como Telefónica o Siemens recientemente, vienen alertando de los riesgos que esta situación puede acarrear para la economía española. En la misma línea se pronuncian diferentes organizaciones empresariales y asociaciones profesionales. Otras compañías, sin embargo, manifiestan no haber notado especialmente los efectos de la indefinición política. Y el INE acaba de publicar que de diciembre a julio aumentó la creación de empresas en España. En general, la mayoría de los observadores vienen a indicar que la economía española -ya de por sí maltrecha- no está sufriendo todavía por la falta de gobierno -sufre, y mucho, por otros variados males y miserias-, pero como el vacío de poder siga dilatándose en el tiempo, podemos empezar a pasarlo mal, esto es, mucho peor.

Pero que sea el consumo de pizzas el indicador que está poniendo de manifiesto que esto ya va en picado, nos descoloca, y no lo había previsto ningún analista. Habrá que ver en qué sentido se pronuncian en los próximos días McDonald’s, VIPs, Pans&Company y otras firmas del sector de restauración rápida. A lo mejor tiene incluso que ver con aquella teoría del pintalabios. Rezaba básicamente que, en los períodos de precariedad, la gente optaba por ponerse y sentirse guapa, se cuidaba más y recurría más a los bienes y servicios que mejoraban su estética. Así que menos carbohidratos y grasas saturadas, tendría entonces más sentido.

Otra cosa es que el alto directivo de Telepizza intente echar balones fuera y agarrarse al clavo que menos arda ante los últimos resultados de la compañía. Ha registrado pérdidas de 19,3 millones de euros durante el primer semestre de este año -pese a que sostiene que el primer trimestre fue “extraordinario”. Por otro lado, la salida a bolsa en abril no parece haber satisfecho las expectativas, y cuatro meses después, el valor de la acción ha caído un 46%. Entonces, mejor echarle la culpa al empedrado político, que buenos pedruscos tiene además. 

Pero si lo que pretendía el consejero delegado era simplemente dejar un titular que circulara y corriera en boca de todos, eso sí lo ha conseguido plenamente. Es más, ha estado brillante. A nadie le llama la atención si es un banco o una gran multinacional, si la CEOE o una firma de analistas, quien habla de los posibles efectos o desafectos de la situación política de este país. Si cae la bolsa o si se resiente el IPC, la gente de la calle no se va a alterar. Pero si sale un empresario de pizzas a decir que no vende porque no hay gobierno, el mensaje a nadie le deja indiferente. Ha salido en todos los papeles, las webs y los correveidiles sociales. ¿Lo tendría bien estudiado o es que le ha salido así? ¿Fue un burdo análisis o el titular perfecto? Sólo él sabe…

septiembre 22, 2016 Posted by | Peroestocuándosale? | , , , , | Deja un comentario

Revolver, 50 años y un mes

the-beatles-revolver

Mi definición de disco redondo ya la expuse una vez aquí. Según la misma, The Beatles tienen tres de esta categoría: Revolver, Sgt. Pepper’s y Abbey Road, por orden cronológico. Los demás son, simplemente, muy buenos o excelentes. Durante esta década se vienen cumpliendo 50 años de todo lo que hicieron estos chicos. De hecho, tal día como hoy hace medio siglo, Paul McCartney y Brian Epstein viajaban de Londres a París para encontrarse con John Lennon, que estaba rodando la película How I won the war, venía de Alemania y tal como mañana domingo se iría a rodar en Almería, donde ya sabemos que pasaron no pocas cosas. El encuentro no debió ser para cualquier cosa, ni tampoco fácil. El grupo ya había tomado la decisión de dejar de tocar en directo para poder centrarse en su trabajo en el estudio, con todas las ideas que tenían en la cabeza. El último concierto había sido el 29 de agosto, apenas tres semanas, en San Francisco. La consecuencia sería un fatal disgusto de su manager y mentor. El primer resultado, la publicación del mítico Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, un año después.

Pero por esos días de los que hoy hace 50 años, ya llevaba algo más de un mes en el mercado, y todavía era número 1 en el Reino Unido, nada menos que Revolver. Salió a la venta el 5 de agosto de 1966, y como se me pasó la fecha, me perdonarán que llegue hoy con él. Aunque bueno, ya le había dedicado un post hace unos años, pero hoy contaremos algo más. La revista Rolling Stone clasificó a este álbum en el tercer lugar de su selección de los 500 mejores de la historia que publicó en 2003. En algunos rankings y clasificaciones aparece incluso el primero. Pero como cada uno tiene su lista, para mí es el segundo mejor de los Beatles, después de Abbey Road y por delante del Sgt. Pepper’s, pese a que éste, ciertamente, haya sido el más decisivo en términos de haber transformado la creación, la producción y, en definitiva, la industria musical.

Pero es que Revolver es el más fresco. Los de Liverpool iban dando maravillosos pasitos adelante en cada disco que presentaban desde 1963, pero con el anterior, Rubber Soul, ya habían dado un salto muy importante. De hecho, para George Martin -el productor, maestro y padre musical de los Beatles- éste, lanzado justo un año antes, fue el primer trabajo que tenía sentido en sí mismo, que no era una mera colección de buenas canciones. Pero en 1966, en su séptimo álbum en estudio, irían mucho más lejos. Aprendían cosas y las ponían en práctica, aún sin estar completamente seguros de lo que estaban haciendo -con el tiempo, vaya si lo sabrían.

Con la mayor libertad que hasta entonces habían tenido, iban abriéndose a nuevos estilos y fundiéndolos con el suyo: la psicodelia, el soul, el puro rock -sin el roll- o la música clásica. Aparte de las influencias que siempre aceptaron y cada vez eran más variadas y ricas. La de Bob Dylan ya estaba ahí desde el citado Rubber Soul. Así, en Revolver vertieron temas como Eleanor Rigby, Tomorrow Never Knows, Taxman, Got To Get You Into my life… que parecían no tener nada que ver unos con otros, y sin embargo se ensamblaban perfectamente.

Se sentían además seguros como para experimentar y abrir nuevos caminos. Aquí ya suenan violones y violoncelos, trompetas y saxos, y por supuesto instrumentos hindúes. Es que George Harrison ya no se inhibía a la hora de manifestar su pasión india, como Paul probaba con todo tipo de instrumentaciones y melodías y John era el transgresor de siempre y no tenía nada que disimular. Entonces aparecen piezas como For no One, Love You To, I’m Only Sleeping, Here, There and Everywhere… y sí, el Yellow Submarine, que no será el culmen de su obra musical, pero nótese el juego que dio la idea y lo que significó. Por cierto, en la grabación de este tema, cantado por Ringo Starr, participaron haciendo los coros, entre otros, Marianne Faithfull y Brian Jones, el malogrado Rolling Stone.

Por lo demás, con el paso de los años, Revolver ha dado en ser posiblemente el disco más actual de los Beatles. El que se mantiene más joven, posiblemente junto a Abbey Road. Hay varios temas -el citado Taxman, She Said She Said…- que si hoy le llegaran a alguien que nunca les escuchó -lo que por otro lado es prácticamente imposible- preguntaría seguramente qué grupo nuevo es este.

Pero en fin, más que lo que escribamos, lo que merece la pena es escucharlo. Aquí, allí y en cualquier sitio, como si hiciera 50 años y un mes, o como si lo hubieran fabricado hoy.

 

septiembre 17, 2016 Posted by | The Beatles, 50 años | , , | Deja un comentario

Nuestras bombas atómicas

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En Hiroshima se detuvo el reloj y en esa hora se quedó para siempre. Desde entonces se han parado muchos, hasta donde ni remotamente los había. De aquel tiempo a esta parte, difícil es encontrar, amigo mío, una efeméride que no coincida con una detonación de alguno de estos artefactos, desde Alaska hasta Turkmenistán, pasando por Argelia o Australia, China o Corea del Norte. Bajo tierra o en la atmósfera, submarinas o estratosféricas, dicen que  2.000 han sido, más que días tiene el año.

Pero ha habido y habrá muchas más. No hay día sin bomba atómica ni vida sin una deflagración. Las enciclopedias y las memorias privilegiadas registran hechos de la historia y de la vida asociados al calendario, y difícil es que cualquier fecha no coincida con una prueba nuclear. En algún recóndito, muchas veces insospechado rincón del mundo. Inhóspito desde luego, antes y sobre todo después del acontecimiento.

Pero a veces no hace falta buscar estos excepcionales eventos en enclaves tan remotos o tan deshabitados. El impacto devastador de una explosión nuclear, y su posterior efecto radiactivo, puede dejar sentirse en el lugar más próximo, en el momento menos pensado, en cualquier vida. Y no se trata de pruebas, sino de ataques en toda regla. Eso sí, no puedes culpar ni declarar ninguna guerra, ni fría ni caliente. De hecho, suele pasar que uno no sabe de dónde ha venido. Sólo se es consciente de la conmoción y de la consecuencia. A veces en el mismo instante, otras al cabo de un tiempo.

Claro, las fechas se quedan grabadas y unidas a las de esas detonaciones oficiales. Pero a diferencia de éstas, las nuestras nunca tendrán carácter público ni las registrarán las enciclopedias digitales ni las páginas de efemérides. Quedan en uno mismo, imborrables, intocables, imbatibles. Permanecerá en la memoria, indeformable, el momento y el minuto exacto de la detonación. Y siempre patente, machacona, la lluvia radiactiva, la certeza de que nada jamás volvió a ser igual, todo más sombrío, más inhóspito, más deshabitado.

Nadie estamos a salvo. Pudieron explotarnos en las manos, al llegar a casa o en el teléfono, hasta las vimos venir y no fuimos capaces de desactivarlas. Todos tenemos nuestras bombas atómicas, y con su recuerdo y sus secuelas vivimos. El reloj se nos paró también, aunque parezca que hemos seguido andando. Pura inercia…

septiembre 15, 2016 Posted by | Juntaletras | Deja un comentario

El ciclismo necesita un Contador

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Y ya saben que no me refiero a un contador de vueltas o a un contador del gas. Al ciclismo siempre le hará falta un ciclista como Alberto Contador, y cuando se retire habrá que inventarlo. No sólo porque haya sido uno de los mejores de la historia. Nueve grandes vueltas le contemplan -tres de cada- que cinco míseros pictogramos y unas autoridades deportivas incompetentes dejaron en siete. Con todo, son las mismas que ganó Induráin, no se olvide, si bien los cinco tours del navarro y su grandeza siempre le otorgarán un plus. Con todo, no es ya lo que haya ganado el de Pinto. Es que este deporte ha sido, sencillamente, mejor y más divertido cuando él ha estado en carrera.

En esta Vuelta a España que finalizó el domingo, no ha podido mostrar su mejor versión, tal vez porque la planificación de la temporada se le torció con aquellas dos caídas del Tour, o tal vez porque sus piernas ya empiezan a padecer la dictadura de los años. Y sin embargo ha sido el animador, el que siempre ha concentrado los focos y, finalmente, el juez de la carrera. Su movimiento camino de El Formigal, unido a la deplorable actuación del equipo Sky en aquella etapa, enterró las opciones de Chris Froome, que posiblemente a estas horas tendría Vuelta y Tour en su vitrina.

Podrá Contador estar en mejor o peor condición, con opciones serias o ilusorias. Pero siempre se deja ver, ataca, busca su oportunidad y las cosquillas de los rivales en cualquier vestigio que le ofrece la ruta. Si no es subiendo, en una bajada traicionera. Si no es demarrando cerca de la cima, en un ataque desde lejos, como aquella célebre contrarreloj que improvisó camino de Fuente Dé en la Vuelta de 2012. Eso lo hacían los grandes gigantes de este deporte, de Eddy Merckx a Hinault, además de otros indómitos como Ocaña, Fuente, Fignon… Hoy se impone más el cálculo, los que especulan con los segundos y los kilowatios. ¿Cómo hubiera sido el último Tour de no haber tenido que retirarse?

Claro, los demás lo saben y están siempre pendientes de él, Movistar más que nadie. Si Chávez se escapa le dejan ir, pero si se mueve Alberto, toque de generala y todos a su chepa. Se ha medio quejado de que esperaba que Valverde y compañía le ayudaran en la penúltima etapa, cuando se le iba el podio, por aquello del favor que se suponía que Nairo Quintana le debía. Pero él sabía perfectamente que jamás en la vida le iban a echar un cable, a él ni agua. No se fían porque saben que a la mínima te la puede organizar. Aún sin el punch de antes, falto de fondo como se le ha visto, le tienen más respeto que a ninguno, y por lo tanto permanentemente fichado y vigilado. Claro, así es más difícil todo. Pero es lo que tiene ser Alberto Contador.

Vamos a ver cómo se presenta la temporada que viene. En cualquier caso, su retirada se presume más cercana que lejana. Entonces tendrá que salir alguien con su clase y su carácter. De no ser así, no es que echemos de menos a Contador. Es que nos faltará Ciclismo. Con mayúsculas.

 

septiembre 13, 2016 Posted by | Mis carreritas | , , | 1 comentario

Teatros en la Gran Vía

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No quedan teatros en la Gran Vía. Ni terrazas desde las que ver pasar los días. No son estos cielos aquellos, tan azules y tan oscuros, que contaban los que los conocieron, los que bajo su tutela vivieron o sobrevivieron. Ni las nubes de estos otoños se fijan ya como aquellas en lo que pasara ahí abajo, a lo mejor porque ahora se creen que ya lo saben todo y no se van a sorprender por nada.

No se estrenan comedias por la calle Alcalá. Ni suenan a zarzuela los pasos ligeros del Madrid sensatamente pudiente. Hace tiempo que no viajan caballeros y doncellas subidos en las plataformas de los tranvías. Ni huelen a humo caliente esas cafeterías populosas en las que la burguesía, real o aparente, quedaba a mirarse y contarse, pero sobre todo a pasar revista a lo cotidiano y a todo lo nuevo que se moviera, conversaciones que hervían más que el chocolate en la taza.

Son otros tiempos y otros escenarios. Ya no cruzan los coches por el Retiro ni se elevan aparatosos camiones por los puentes infames de Atocha. Pero tampoco quedan cafés donde sentarse a pasar una velada de sesión continua. El Gijón no es lo que era, el Comercial cesó una mañana de lunes, y en las nuevas plateas no es que haya mucha escena a la que asistir, todo lo más alguna modesta función que imita irremediablemente a la de ayer, aunque los actores cambien de día en día, de paso al fin y al cabo son.

No se ven puestos de flores por la Glorieta de Quevedo. Ni pastelerías finas torciendo por Magallanes. Los paseos ya no son tan largos ni discurren con la misma intensidad de Callao a la Red de San Luis. Siempre había, en el barrio que fuera, una iglesia que visitar, un santo al que rezarle y pedirle algo o por alguien, a la salida no faltarían unas mesitas bien puestas, un mínimo palco soleado donde tomarse una Fanta y observar.

No quedan teatros en la Gran Vía. Ni terrazas desde las que ver pasar los años.

Ya no avanzan las tardes tan despacio. Ni se esmeran las confidencias en los bancos de los parques. De un cuarto de siglo a esta parte han dejado de verse retratos bien apostados en los salones, también escasean las acuarelas de mares bravíos o de fiestas venecianas. Ni siquiera las vistas desde el Paraninfo se dejan pintar ya, o no hay nadie que se ponga porque ya no quedan abnegados de oficio y vocación, será que hay otras cosas que hacer y de qué vivir.

Hace tiempo que no nieva en Madrid. Ni hay acontecimiento importante del que avisar. Dejó de sonar el teléfono puntualmente todos los días, siempre con algún hecho que relatar o un jaleo que comentar. Las portadas de las revistas no vienen con el brillo de entonces, y como tampoco se instala ya un circo cada semana, queda sentarse y esperar un número nuevo, una atracción distinta, o simplemente que pase algo por los escondites de Chamberí.

Son otras caras, otras pinturas. Ya no es un niño el que iba de la mano, a veces colgado de las dos, que preguntaba y siempre le respondían, a veces como buenamente podían, y él volvía a preguntar. Los diálogos podían ser tan interminables como aquellas colas de Medinaceli, a lo mejor eran igual de surrealistas ambos. Al salir ya era de noche y se quedaba otra vez sin ver la fuente de Neptuno, pero se iba a casa sabiendo algo, un poquito más.

No hay más Quijote que leer. Ni Lope de Vega se representa ya. No se escriben novelas tan sentidas ni se escuchan aquellos fogosos seriales de tardes pegajosas. Si acaso queda el alargado trazo de un verso de amor bien contado y acabado, que ni el peso de los años ni el polvo acumulado han conseguido difuminar. Y que en cualquier momento, en el corazón más insospechado, puede volver a palpitar para recordar que fue escrito y está ahí.

No quedan teatros en la Gran Vía. Ni terrazas desde las que ver pasar el cielo.

Hoy, 11 de septiembre de 2016

septiembre 11, 2016 Posted by | Juntaletras | Deja un comentario

Fatiga digital, ¿por qué, para quién…?

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Se habla ahora, a tenor de datos y estadísticas, del social media fatigue o fatiga digital -que me parece una traducción más apropiada que fatiga social. ¿Y por qué, para quién? Quien no sea community manager, que es una de las formas de esclavitud de nuestro tiempo, no tendría por qué padecerla. Porque para las personas normales, las redes sociales deberían estar a su servicio, no aquellas al servicio de éstas. Ahí está el quid, o uno de ellos. Si te apetece publicar una foto que has tomado, si deseas estar en contacto con alguien, ver lo que hace la gente, indicar libremente lo que te gusta, obviar lo que no te interesa, encontrar a un amigo, seguir a un famoso, compartir lo que te parece interesante. Y ya está, eso es hacer uso de las redes en tu provecho, sea el que sea: entretenimiento, profesional, disfrute, cotilleo… Y no tiene por qué agotar. Si en cambio “tienes que” publicar paisajes tomados durante tus vacaciones, hacer una foto de la paella que te vas a comer, revisar los “likes” de tu última publicación, conseguir a toda costa que retuiteen, frustrarte cuando pasen de ti, estar en tal grupo y tener algo que decir, vivir pendiente de tus puntuaciones en los indicadores sociales… entonces se cumple el famoso dicho: no tienes un producto, el producto eres tú.

Desde el punto de vista de una empresa, lógicamente, es muy distinto. En función de su sector o actividad, de lo que vende o de sus aspiraciones en términos de mara o reputación corporativa, los canales sociales pueden ser fundamentales. En mayor o menor medida, ahí van a estar sus clientes, sus interlocutores, los que van a obtener valor y al mismo tiempo valorarán su comunicación. Entonces sí deben tomárselo muy en serio. Lo que significa dotarse de buenos profesionales -y pagarles bien- que gestionarán su reputación online, diseñarán una estrategia, determinarán dónde hay que estar y cómo, buscarán y comunicarán directamente con sus comunidades digitales… Y desde luego, pasarán muchas horas delante de la pantalla. Además, estarán muy pendientes de los índices de reputación, usarán herramientas de medición, elaborarán informes, se los presentarán a la empresa y, a partir de ellos, se estudiará la línea a seguir o no seguir. Para estos no es cuestión de entusiasmo o fatiga, es su profesión y su negocio, o si se prefiere, parte de ambos.

Pero los ciudadanos que no se juegan su imagen ni su dinero en la red pueden usarla como quieran. Tirarse un día entero conectado a Twitter y luego no entrar en seis días. Tener el Facebook abierto y mirarlo de vez en cuando a ver qué hay. Y si tienen ganas, se sienten motivados o incluso lo sienten necesario, publicar, exponer o explicar lo que crean conveniente. Cuidado, no porque entendamos las redes sociales exclusivamente como plataformas de ocio. Cualquier profesional puede  “vivir” en la red como una empresa o bien, a su aire, aprovechar las posibilidades que le brindan. Un periodista o un bloguero pueden difundir sus artículos, un médico compartir su experiencia sobre determinados tratamientos o un analista dejar una presentación de su informe para quien le interese. Como quien quiere anunciar su fiesta o un taller de ropa importada. Por supuesto, los tiempos, la periodicidad o la cadencia de publicaciones se los marca cada uno. Como en Nueva York, que dijera Frank Sinatra, es up to you. Ah, y cada uno tiene la potestad de elegir de quién es amigo, a quién sigue y quién no quiere le que le siga. Sí, es mucho más sencillo de lo que nos creemos.

Pero si vivimos pendientes de estar, de que se nos vea y además salgamos divinamente bien, consultamos diariamente el Klout y daríamos nuestro reino por dos puntos más, entonces sí que estamos enfermizamente al servicio de las redes sociales. Así, no es de extrañar que un día se caiga en la desgana, que cansen y hasta que hastíen. Como muy bien dijo una vez una compañera refiriéndose a Facebook, esto es un patio de vecinos. Cuando quieres te asomas, si te apetece escuchas un rato y si te parece dices algo. Nada más… y nada menos.

septiembre 9, 2016 Posted by | Peroestocuándosale? | , , | Deja un comentario

Comunicar un fracaso: cuando rectificar es de tontos

Comunicar un fracaso

¿Por qué nadie hoy asume con naturalidad un fracaso? Los que buscamos los entresijos o las líneas torcidas de lo que se lee en la prensa o se escucha en los medios audiovisuales, asistimos a esta tendencia. En la política no es tal, sino práctica sistemática y ancestral, pero cada vez se manifiesta más en otros escenarios de la vida pública que usaban ser más propensos a la reflexión. Se niega la mayor y ya está.

Será táctica recomendada por los directores o asesores de Comunicación, o será la propia soberbia del personaje o de la entidad en cuestión. El caso es que nadie –político, empresario, intelectual, artista, deportista…- reconoce un error. Desde el alto cargo cuya gestión en un determinado ámbito ha resultado un desastre hasta el responsable de un club o federación deportiva que ha cosechado unos pésimos resultados, pasando por la presentadora de un programa de televisión que ha sido retirado de la parrilla tras la primera emisión. “No me lo tomo con un fracaso”, asegura esta última. Es que nadie se lo toma. Incluso hay quien saca pecho, en una especie de huida hacia adelante. Entonces lo que debiera ser un posicionamiento honesto ante una situación o hecho desfavorable –que muchas veces es el que otorga mayor credibilidad– se convierte en una postura –o impostura habría que decir- ciertamente artificial. Incluso podríamos decir que cínica.

Parece como si en nuestra actual cultura social se impusiera el supuesto de infalibilidad. El que triunfa nunca se equivoca, nunca falla, nunca cae en un renuncio. Reconocer lo contrario sería un fatal síntoma de debilidad. Y este mundo es de los fuertes. Rectificar era de sabios, pero ahora parece que es de tontos. Es posible que la descarnada competitividad fuerce a las empresas, a las instituciones y a las personalidades a mostrarse indefectiblemente con la cabeza alta, sin un vestigio de aflicción, siquiera de duda. Se tiende quizás a pensar –y en esto posiblemente sí tendrían que ver mucho los asesores- que hay que manejar la percepción. Si se sabe íntimamente que ha habido un fallo pero no se admite públicamente, se puede relativizar el mismo y conseguir que la audiencia –sobre todo la adicta o fiel- se aferre a esa explicación o justificación. Echará entonces las culpas a los elementos, a malentendidos, a manipulaciones de la competencia o a cualquier empedrado que se encuentre a mano.

Lo que pasa es que la realidad es a veces muy difícil de ocultar o disimular. Por mucho que haya –y ya es triste- grupos o legiones de seguidores dispuestos a creer ciegamente, siempre habrá más o menos gente que abre los ojos y ve. Que sabe juzgar si una obra es mala, si un intento es fallido o si una decisión ha sido demencial. Y que piensa que negar la evidencia es ridículo. Quien comunique y quien asesore debería tal vez pensar más en estos, que son los que van a tener una opinión más cualificada y los que de verdad harán ganar o perder puntos en cualquier supuesto índice de credibilidad, reputación o respeto. Los otros, al fin y al cabo, asumirán lo que se les dé. Pero al público que de verdad tiene criterio le reconfortará leer o escuchar declaraciones como: “Puse toda mi ilusión en este proyecto pero no siempre las cosas salen como uno sale, aprenderé de los errores y lo intentaré con más ganas la próxima vez”; “Creímos que era la mejor decisión, pero los hechos han demostrado que nos equivocamos y ya estamos trabajando para retomar la vía correcta”; “No estoy jugando bien, pero sigo entrenando para volver a mi mejor nivel”. ¿Debilidad? No, fortaleza para hacer frente a la situación, humildad para reconocer que la vida es siempre aprender, e ilusión para alcanzar el éxito la próxima vez. Éxito que, cuando llegue o vuelva, sin duda se valorará más.

Nadie está libre de un mal paso, de un mal día… en definitiva, de una crisis. A todos nos vienen a la cabeza nombres, ¿verdad?. De los que lo gestionan y lo comunican con honestidad y de los que lo hacen de esa otra forma. Pero sin necesidad de contarlos, ya os aseguro que estos otros son hoy inmensa mayoría. A sostenella y no enmendalla.

septiembre 6, 2016 Posted by | Peroestocuándosale? | , , , | Deja un comentario

Felices elecciones, Míster Scrooge

Felices elecciones 1

Mr Scrooge convocó elecciones el día de Navidad, bien seguro que nadie en el pueblo se acercaría a votar. Los efluvios y las gargantas quemadas de la noche anterior, y luego esas mañanas nevadas e inhóspitas que apenas sin darse cuenta ya eran gélida noche, no invitarían a salir. Se quedarían en casa los escasos cuatro que en otra ocasión sí se hubieran sentido quizás dispuestos, de los alrededor de cincuenta mansos habitantes de aquella recóndita pedanía. Por si acaso, la hoja parroquial habría convenientemente avisado de la presencia de lobos hambrientos en las inmediaciones, recomendando no correr riesgos por esas calles ventosas y desoladas. Se levantaría temprano el candidato, acudiría al colegio, que para eso sólo servía ya, aguardaría paciente el transcurso de la jornada sentado en la mesa electoral que siempre le tocaba presidir, custodiando su preciada urna. A última hora depositaría su voto, recogería todo y se marcharía a casa, tranquilo y satisfecho, con el acta firmada y el legítimo mandato de su pueblo para ejercer el gobierno por cuatro años más.

Era la noche anterior, Nochebuena de reflexión, y el candidato Scrooge lo tomó como un día normal. Las fiestas eran para otros, la suya estaba por llegar. Cenó ligero con la idea de acostarse pronto, mañana era el día. “¿Navidad?, bah…paparruchas”, eso solía él decir cuando las cosas podían ser importantes para los demás pero no tenían la menor significancia para él. Como que el colegio llevara años cerrado y los niños no tuvieran donde estudiar ni posibilidad de hacerlo en otro pueblo, porque tampoco se sufragaba el transporte. Que la mitad de los habitantes no trabajara y la otra mitad lo hiciera para él, porque los pocos negocios que funcionaban en el pueblacho eran suyos, de manera que el que protestara por las condiciones que les imponía, ya sabía cuál sería su futuro. Que hubiera impuestos especiales para el pan, la leche y la carne, y prohibitivos para los libros. Que el médico viniera los lunes de la ciudad más próxima, fuera amigo suyo y obedeciera su decisión de a quién se atendía y si se le cobraba la asistencia o no. Que aunque no hubiera el menor servicio ni gasto social, el municipio debiera cada vez más dinero al banco, del que él era consejero, y como ellos lo debían, los vecinos debían costearlo con su trabajo y su sudor… “Paparruchas. Ahora que se gasten el dinero, el alcohol de garrafa se lo hemos dejado hoy bien barato y no les quedará un céntimo para el resto del año”.

Se acostó en su camastro, hojeó su libro de contabilidad y aguardó a que le entrara el sueño. Eso de que ahora vendrían a aparecérsele unos fantasmas es cosa de cuentos, así que no se vayan a hacer ilusiones. Nada iba a pasar que hiciera cambiar sus intenciones ni trastocara sus bien trazados planes. Nadie en el pueblo se le iba a rebelar, y menos esa noche de celebración, no iban a tener fuerzas ni ánimos. Además, siempre que algún vecino osó cuestionar su hegemonía y su autoridad, ya se encargaron los demás de dejarle en evidencia o de silenciarle. Él era su único y verdadero señor. Se quejaban, puede que a veces tuvieran, pobres, algo de razón. Pero a la hora de la verdad, todos estaban con él. Era una tranquilidad saberlo.

Mientras se le cerraban los ojos, el aclamado líder Scrooge recordaba con placer elecciones pasadas. Las primeras, cuando consiguió que todo el pueblo le votara en masa -9.000 de los 10.000 que entonces habitaban- porque les había prometido trabajo, empleo y prosperidad, además de librarles de todos esos ilusos que les vendían derechos que no eran sino quimeras, sí, paparruchas. Cuando a las siguientes le siguieron votando 5.000 –de los 6.000 que todavía eran- o cuando después de ocho años de buen gobierno, el 90% del electorado le seguía apoyando… quedaban 2.000 habitantes pero la emigración era un fenómeno inevitable y natural. Y pasarían más años, más convocatorias, siempre victorias rotundas e incontestables.

A poco que despertara ya serían elecciones presentes, siempre ilusionantes, aunque es verdad que cada vez ya quedaba menos gente contenta. Pero en fin, normal, porque lo que quedaba en realidad era menos gente. Además, había tomado las medidas y las decisiones correctas para asegurar que su política seria y responsable obtendría la continuidad que el pueblo necesitaba. Ahora sólo quedaba esperar unas horas –este dichoso sueño que no termina de venir, será la excitación-y salir… a votar.

Las elecciones futuras las soñaría al fin el electo Scrooge en un municipio completamente nuevo, radicalmente distinto al que conoció cuando llegó hace cuarenta años. En realidad lo sería: desconocido, insospechado y absolutamente deshabitado. Ni urnas ni censos harían falta ya en aquel lugar que hasta de los mapas habría quedado borrado, acaso el recuerdo o más bien la leyenda de una pequeña ciudad entre valles que en su día fuera próspera y donde gustara vivir. Quedaría en la desolada plaza, medio sepultada por la nieve y para el caminante que por allí pasara, el homenaje por él mismo erigido al edil que tenaz, concienzuda y persistentemente, terminó por convertirla en un pueblo fantasma de autor. En efecto no iban a aparecer, en el único posible en esta historia era él.

En estas amaneció el día Navidad, helado e irremisiblemente gris. Felices elecciones, Míster Scrooge.

septiembre 3, 2016 Posted by | Historias parabólicas, Juntaletras | , , | Deja un comentario

Antología de la media verdad

Medias verdades

La media verdad es la peor de las mentiras, no decimos nada nuevo. “¿Dijiste media verdad? Dirán que mientes dos veces si dices la otra mitad”, es una famosa cita de Antonio Machado. Una simple y clara definición que he encontrado en una somera búsqueda es esta: “consiste en considerar los argumentos, evidencias y sugerencias a favor de una conclusión y omitir, ocultar e ignorar los argumentos, evidencias y sugerencias en contra” (falacias.org).

El problema es que, en la Comunicación compleja y condicionada de hoy, esta figura se ha convertido en un arma estratégica de uso común. Y en muchos ámbitos, principalmente en la comunicación política pero también a menudo en la comunicación corporativa, su uso se ha hecho inevitable. Hasta el punto de que los más apreciados “constructores” o “moldeadores” de mensajes son los que consiguen esculpir medias verdades realmente convincentes. Que por lo tanto, y por la propia definición del término, en el fondo engañan mucho más.

Se puede leer en Wikipedia: “las verdades a medias, así como la verdad fuera de contexto, tienen efectos más poderosos que las mentiras, ya que pueden convencer más fácilmente al receptor del mensaje gracias a la parte de verdad aportada. Los nazis, y especialmente Goebbels, emplearon conscientemente en su propaganda tanto la mentira directa como la media verdad y la verdad fuera de contexto”. Poco más que añadir en principio.

Lo que pasa es que, si se pone como ejemplo a los nazis y a Goebbels, parece que la práctica se antoja tan siniestra como lejana en el tiempo. Y, desgraciadamente, no hace falta irse tan lejos ni buscarlos tan aviesos. De hecho, el citado ministro de Propaganda fue, aparte otras consideraciones, un gran influyente en la comunicación del siglo XX y hasta nuestros días. Muchos gobiernos, lobbies, entidades y empresas aprendieron de sus técnicas y las ejercitaron con toda naturalidad. Y no hablamos necesariamente, ya digo, de malhechores o de gente perversa. Simplemente, utilizaban la comunicación como una estrategia para defender sus intereses. Y la media verdad, practicada con suma habilidad, era una buena táctica para construirse reputación. Como la mentira repetida mil veces, bien amplificada y diseminada, era muy efectiva para desarmar a la competencia, política o empresarial.

Y así nos hemos acostumbrado a convivir con medias verdades. Hoy la manejan todos, más hábil o más torpemente. Desde el directivo hasta el famoso de turno, pasando por algunos periodistas – cuando ese gremio debería ser quizás uno de los más irreprochables combatientes contra ella- hasta el ciudadano que discute en una tertulia de bar, que también ha aprendido a usarla. Porque hoy las medias verdades son pret-a-porter, se escuchan todos los días y están al alcance de cualquiera.

Pero en fin, si quieren ilustrarse más sobre el “arte” de la media verdad, ayer por la tarde y a lo largo de la mañana de hoy hemos tenido oportunidad de escuchar un sinfín. Unas más logradas, otras más sofisticadas, y otras verdaderamente groseras. Digamos una antología.

agosto 31, 2016 Posted by | Peroestocuándosale? | , , , | Deja un comentario