Byenrique’s Blog

Enrique de Pablo

Antología de la media verdad

Medias verdades

La media verdad es la peor de las mentiras, no decimos nada nuevo. “¿Dijiste media verdad? Dirán que mientes dos veces si dices la otra mitad”, es una famosa cita de Antonio Machado. Una simple y clara definición que he encontrado en una somera búsqueda es esta: “consiste en considerar los argumentos, evidencias y sugerencias a favor de una conclusión y omitir, ocultar e ignorar los argumentos, evidencias y sugerencias en contra” (falacias.org).

El problema es que, en la Comunicación compleja y condicionada de hoy, esta figura se ha convertido en un arma estratégica de uso común. Y en muchos ámbitos, principalmente en la comunicación política pero también a menudo en la comunicación corporativa, su uso se ha hecho inevitable. Hasta el punto de que los más apreciados “constructores” o “moldeadores” de mensajes son los que consiguen esculpir medias verdades realmente convincentes. Que por lo tanto, y por la propia definición del término, en el fondo engañan mucho más.

Se puede leer en Wikipedia: “las verdades a medias, así como la verdad fuera de contexto, tienen efectos más poderosos que las mentiras, ya que pueden convencer más fácilmente al receptor del mensaje gracias a la parte de verdad aportada. Los nazis, y especialmente Goebbels, emplearon conscientemente en su propaganda tanto la mentira directa como la media verdad y la verdad fuera de contexto”. Poco más que añadir en principio.

Lo que pasa es que, si se pone como ejemplo a los nazis y a Goebbels, parece que la práctica se antoja tan siniestra como lejana en el tiempo. Y, desgraciadamente, no hace falta irse tan lejos ni buscarlos tan aviesos. De hecho, el citado ministro de Propaganda fue, aparte otras consideraciones, un gran influyente en la comunicación del siglo XX y hasta nuestros días. Muchos gobiernos, lobbies, entidades y empresas aprendieron de sus técnicas y las ejercitaron con toda naturalidad. Y no hablamos necesariamente, ya digo, de malhechores o de gente perversa. Simplemente, utilizaban la comunicación como una estrategia para defender sus intereses. Y la media verdad, practicada con suma habilidad, era una buena táctica para construirse reputación. Como la mentira repetida mil veces, bien amplificada y diseminada, era muy efectiva para desarmar a la competencia, política o empresarial.

Y así nos hemos acostumbrado a convivir con medias verdades. Hoy la manejan todos, más hábil o más torpemente. Desde el directivo hasta el famoso de turno, pasando por algunos periodistas – cuando ese gremio debería ser quizás uno de los más irreprochables combatientes contra ella- hasta el ciudadano que discute en una tertulia de bar, que también ha aprendido a usarla. Porque hoy las medias verdades son pret-a-porter, se escuchan todos los días y están al alcance de cualquiera.

Pero en fin, si quieren ilustrarse más sobre el “arte” de la media verdad, ayer por la tarde y a lo largo de la mañana de hoy hemos tenido oportunidad de escuchar un sinfín. Unas más logradas, otras más sofisticadas, y otras verdaderamente groseras. Digamos una antología.

agosto 31, 2016 Posted by | Peroestocuándosale? | , , , | Deja un comentario

Fantasmas de la cervecería

Santa Bárbara 1

Si es una encargada de Stradivarius, se escandalizará de encontrarse continuamente esas chaquetillas blancas con hombreras rojas colgadas por las perchas, que ese no es el género que hay que vender, por más que las quita y las quita vuelven a aparecer, y ya no sabe qué hacer. Si es un técnico comercial de Phone House, se hará cruces cada vez que llegue el cliente pesado ese, chaparro y feo a rabiar, todos los días con la misma cantinela, que a ver si puede darle un poco más de presión al smarthphone de quinta generación. Si es un joven camarero del 100 Montaditos, se le pondrán los pelos engominados todavía más de punta cuando vea entrar por la puerta hoy también al tipo loco ese de bigote y 1,86 de altura sobre el nivel de Mar Mediterráneo, plato de gambas en la mano y un vaso vacío para explicarle cómo se llena de cerveza. Todo muy extraño. Pero es que pongan lo que pongan en el chaflán de Goya con Alcalá, en el edificio conocido como Las Bolas, inevitablemente ocurrirán fenómenos extraordinarios.

Contarán que a ciertas horas se aparecen sombras misteriosas y casi siempre las mismas: la del señor con nariz de porra y ojos adormilados que vivía, pensaba y sentía colgado del tirador; la del vamos a llamarle Puchurriti, de costumbre risueño pero mucho cuidadito con él; la del que parecía un ingeniero alemán de película americana; o la del tal Miguel, con todo el empaque de un veterano lateral derecho que hacía suya hacía esa franja de la barra. ¿Y qué decir de la del municipal poniendo multas a destajo? Si ya nadie aparca en doble fila por aquí…

Imágenes difusas pero perfectamente reconocibles de otro tiempo y quién sabe si de otra de vida, como la de la gitana que envejeció con los mismos ojos negros embaucadores, vendiendo lotería como quien obsequiaba besos, y vaya si vendía. O la del niño de 16 años que apoyado en la pared empuñaba su jarra –suponemos que con la izquierda- con la mirada siempre perdida en el mismo punto inconcreto y distante. Tertulianos de barra fija que llegaban a las cuatro y se iban a las diez, bien colorados y despachados. Peor aún, percebes y berberechos que alguien trae por la noche y los deja esparcidos por los estantes y en los cajones de la caja registradora. Lo contarán espantados los nuevos inquilinos, y ciertamente les creerán. Porque no es paranormal, sino completamente lógico y normal.

Cruz Blanca 1No hará falta contratar a parapsicólogos, exorcistas ni estudiosos del más allá. Cualquiera mínimamente documentado recordará que ese local fue hace mucho, mucho tiempo, la cervecería más emblemática y concurrida de Madrid. Un día, de buenas a primeras, una mente pensante decidió cerrarla, y sus razones tendría. Pero claro, a esos clientes y a esos empleados de tantos años no se les podía echar así como así. Y lo mismo que la cabra tira al monte o las aguas retornan siempre a su cauce, los parroquianos del establecimiento al final hubieron de volver por donde solían. Durante 70 años había sido su segunda casa, más bien a veces habría que decir que la primera. Incluso los que ya habían muerto seguían pasándose por allí, y pruebas las hay. Uno vio un día una caña haciendo piruetas sobre el mármol mojado de la barra. A otro se le cayó el recipiente de cerámica y ni se escuchó estruendo ni se supo más de él ni de su contenido. A muchos se les evaporaba el dorado jugo de los dioses, y juraban no haber dado un trago; a los más, lo que les desaparecía era el dinero de la cartera después de unas rondas y una visita al mostrador de las viandas marinas recién importadas, en fin, ese poltergeist seguramente fuera de otra naturaleza.

Tampoco era de extrañar que más de un viandante, al pasar por el nuevo escaparate, evocara la canción de Sabina y su memoria vengara contra los cristales. “Es que eso no se hace, hombre”, alegarían en su declaración. Esas paredes de un rojo indefinible habían escuchado demasiadas cosas, promesas, planes irrealizables que allí parecían perfectamente viables, pactos sobre el vidrio y partos memorables… como para hacérselo olvidar todo así por las buenas. Esos globos setentoides iluminaron no pocas escenas de muchas épocas y de muchos paisanos, también de los mismos paisanos en distintas épocas, cuadros más épicos o más grotescos, entrañables o con genuina picadura selecta… No era muy justo de pronto hacerlos oscurecer para siempre. El mundo está cambiando, es cierto, pero tampoco nos merecemos que nos lo hagan indefectiblemente peor.

Es que siete décadas dan mucho de sí. Tiempos en los que un pivot surcaba cual periscopio sobre el mar de cabezas a la busca de unas quisquillas para repostar. O el elegante ex futbolista, chaqueta de ante granate, que depositaba la caña como si enviara un sutil pase a la barra. O ese otro compañero de gremio, algo más revenido y narigudo, que venía de la tienda de deportes que acaba de abrir en la calle General Pardiñas, al hombre qué poco le duró el negocio y luego lo demás. Escritores que no eran del Gijón o alguno puede que sí, actores sin papel, aristócratas sin blanca ni dónde caerse, futuribles ministros que a lo mejor… pero sobre todo los amigos de los escritores, de los actores, de los aristócratas y de los futuribles. Del largo sin chistera y del ex taxista ya hemos hablado al principio y para qué contar más. Decir que el niño de 16 años –en realidad tenía 15 pero no hubiera estado permitido- canjeaba en sus barros furtivos las depresiones por ilusiones, y alguna se le terminó haciendo realidad. Las conspiraciones del salón de arriba se quedaron en batallitas de la mili de los que no la hicieron. ¿Qué por qué los jefes no llevaban galones rojos en la chaquetilla, que dan más prestancia? Porque ellos no cargaban barriles, que para eso eran y no de adorno. O por lo menos así era en Alemania… Siempre tenía que haber alguno que pretendiera saber más que los demás.

Era tan celestial la liturgia de un aperitivo, una velada o unos dobles improvisados –o todo junto también podía ser- en aquella cervecería que a veces creíamos levitar sobre el suelo. Pero es que no se veía. Solo al cabo de los años, de ciertas nuevas legislaciones y de algunos cambios en los poderes adquisitivos del pueblo, pudo advertirse que en efecto existía el piso, y era como un tablero de ajedrez. Entonces los dueños del negocio jugaron su partida. Hicieron cuentas y decidieron darle jaque mate empresarial. Lo que no habían calculado, lo que no imaginaban, es que los simples negocios de hostelería se pueden cerrar, pero las leyendas no se zanjan así como así. Las pérdidas de la empresa se pueden acaso reducir, pero reducir a los fantasmas ya son palabras y hechos mayores. Con estos no van a poder.

Cruz Blanca 2

Esta semana hemos sabido que el próximo 31 de agosto, si hasta ese día les llega la cerveza, cierra la cervecería Santa Bárbara de la calle Alcalá esquina a Goya. Más conocida como la Cruz Blanca, que fue su nombre originario y durante muchos años. Todavía no nos lo podemos creer, en realidad no nos lo creeremos nunca. Porque de una u otra manera me parece, fantasmas míos, que seguiremos yendo por allí.

agosto 27, 2016 Posted by | Historias parabólicas, Juntaletras | , , , | Deja un comentario

Organizaron unos Juegos Olímpicos…

Clausura Juegos Río 2016

Los que acaban de terminarse –qué verdad es que lo malo pasa y lo bueno se termina- han sido los segundos Juegos Olímpicos a los que optó Madrid. Ya sólo nos quedan los terceros, los que nos ganó Tokio por goleada y nos dejó más sonrojados que tristes. En realidad han sido estos, los de 2016, los que estuvimos si acaso más cerca de organizar, el único cónclave olímpico en el que llegamos a la final, aunque en ella Río de Janeiro se impuso con mucha claridad porque el mensaje de Lula caló mucho más que todo nuestro despliegue. Tal vez llevábamos entonces el proyecto más sólido y mejor presentado de los que hemos ofertado. A nuestro primer concurso íbamos verdes, divididos –la entonces presidenta de la Comunidad no quería ni en sueños que el alcalde de Madrid se saliera llevándose el mérito y la gloria- y además competíamos con grandes ciudades –Londres y París se disputaron la final. Al tercer intento íbamos vendidos y con un proyecto muy precario, por mucho que pretendieran hacernos creer que íbamos de grandes favoritos. Eso se debió pensar también la nueva alcaldesa, allá se tiró a la piscina, y en vez de mojada salió escaldada.

Tal vez por ello, por haber sido nuestra mayor oportunidad perdida, estos de Río 2016 han sido los que hemos observado desde aquí con mayor nostalgia. Y en algunos casos, con ciertas dosis de envidia y hasta de resquemor. Todas las organizaciones de los Juegos han tenido sus problemas y sus controversias, pero pocas veces la prensa –me refiero a la española- ha sido tan explícita y profusa a la hora de informar sobre los aspectos negativos: el zika, los atascos, las aguas contaminadas, la inseguridad, la situación económica y política en Brasil… No ha faltado algo de inquina, y además ya se sabe que parece imposible dejar la política a un lado cuando se informa. A unas semanas del inicio del evento olímpico, quien más y quien menos en nuestro país llegaría a tener hasta dudas de que se fueran a celebrar. Cuando vieron la ceremonia inaugural, prender la llama olímpica y al poco ganar Mireia la primera medalla, ya fueron como todos los Juegos. A mirar el medallero, a ver partidos de badmington y combates de taekwondo, a brincar con esa canasta que nos da la vida en cuartos y a debatir si finalmente el rey ha sido Usain Bolt o Michael Phelps –por cierto, en lo que respecta a esta cuestión llevamos tres olimpiadas casi idénticas, es lo que tiene el deporte de hoy.

Una vez terminados –porque ya digo, los Juegos siempre “se terminan”-, se hacen sobre todo balances deportivos, pero también de otros géneros, y se siguen dejando caer opiniones -y hasta alguna sentencia- relativas a que estos trigésimo-primeros nunca debían haberse celebrado allí. Sí hay un aspecto en el que se puede coincidir, porque además lo hemos presenciado en directo: los estadios no estaban a veces lo llenos que cabría desear en una cita así. Pero no es la primera ni va a ser la única vez que esto suceda en Olimpiadas y Mundiales de deportes específicos, y muchas veces tiene que ver tanto con la organización del evento como con las federaciones respectivas de cada deporte, aparte el poder adquisitivo de la población del país en cuestión. Por lo demás, unos cuentan ahora más cruda su experiencia en Río, y otros más relativizada. Al fin y al cabo, todos los países, sus ciudades y sus sociedades, tienen sus problemas, sus realidades y sus encantos. Se celebraban en Brasil, no en Suiza ni en China. Y por cierto, los mayores escándalos terminaron siendo protagonizados por unos nadadores norteamericanos borrachos y por dos violadores disfrazados de atletas.

Quien aún insiste en identificar estos Juegos de Río exclusivamente con el desastre, la desorganización o la polémica, tal vez no conoce, no recuerda o no quiere recordar: los Juegos de México’68 vinieron precedidos de una atroz matanza estudiantil días antes de la inauguración, y sin embargo se recuerdan por el salto de Bob Beamon; los de Múnich’72 vivieron en mitad de su celebración un tremendo atentado terrorista con 11 atletas asesinados, pese a lo cual la organización decidió que siguiera la fiesta, y el que trascendió fue Mark Spitz; los de Montreal’76 fueron boicoteados por todos los países africanos, pero fueron los de Nadia Comaneci; en Moscú’80 desertaron Estados Unidos y gran parte de los países occidentales y, en respuesta, tampoco la Unión Soviética ni la mayoría de los países de su órbita acudieron a Los Ángeles’84; los de Seúl’88 vivieron bajo la alargadísima sombra del doping; en Barcelona’92, como fueron los nuestros, no nos consta que sucediera nada, y si sucedió, no nos hemos enterado; los de Atlanta’96 fueron los más rácanos de la historia, pero nos quedó Michael Johnson y nuestras chicas de la gimnasia rítmica; ¿y no tenía Grecia parecidos problemas económicos a los de Brasil cuando Atenas organizó los de 2004?; Luego, los de Pekín’2008 nos parecieron ideales con ese nido, esa inauguración y ese récord de Bolt en los 100, pero… ¿se los hubiera concedido el Comité Olímpico Internacional a un país de régimen dictatorial si no hubiera llevado el dinero por delante?

En cuanto a la herencia que dejan los Juegos en las ciudades donde se celebran, y por extensión en sus países, los balances son dispares. Los de Seúl pusieron a Corea del Sur en el mapa, y hoy todos sabemos el país que es. A la ciudad de Barcelona todos dicen que le fue muy bien, y entre otras cosas, la puso de cara al mar. A Sidney y a Londres parece que también les dejó buenos réditos, económicos o en términos de imagen. A China la reafirmó como superpotencia mundial. En cambio, les salieron más bien rana a Atlanta, a Atenas… y según los agoreros, a Río de Janeiro. Pero algo siempre les dejará. Y como mínimo, ya siempre podrán decir que organizaron unos Juegos Olímpicos. Que disfrutamos viéndolos y que, como debe ser, nos dejaron un vacío cuando se terminaron.

agosto 24, 2016 Posted by | Mis carreritas | , , , | Deja un comentario

La campeona olímpica de salto de altura

Campeonas olímpicas de salto de altura

Acuden a la memoria los nombres –y la estilizada impronta- de Stefka Kostadinova, Sara Simeoni o Ulrike Meyfarth. Míticas saltadoras de altura que además de batir records –la primera de las nombradas aún ostenta el del mundo-, coronaron su carrera con el oro olímpico. Junto a ellas podemos escribir hoy el de Ruth Beitia, ahí es nada.

Las carreras de los atletas, como de los deportistas en general, son distintas unas de otras, como personas que al fin y al cabo son. Unas, unos, irrumpen como un ciclón y más tarde o más temprano se amainan. Otras, otros, persisten en una milagrosa regularidad, parece que nunca despuntan pero siempre están ahí. La saltadora cántabra ni siquiera es de estas últimas. Ha sido más allá del final de su trayectoria –anunciado en 2012 tras su cuarto puesto en Londres– cuando ha recogido los frutos que no encontró en sus supuestos mejores años.

Porque no es cierto, por mucho que digan, que sea en esta madurez cuando más está saltando –su mejor marca y récord de España, 2.02m, data de 2007. Pero es, eso sí, cuando mejor está compitiendo. Como si aquella fugaz salida del mapa le hubiera liberado de toda la endemoniada presión que atenaza a los deportistas en sus citas clave. Como si acudiera como una ex atleta a la que ni le va ni le viene, porque ella ya es de otro mundo. Llega, disfruta, sonríe, le hace manitas al listón y acomete las nueve zancadas. Y franquee o no, sigue sonriendo. Las procesiones de la competición irán por dentro, pero a Ruth se la ve feliz simplemente de estar ahí.

En ese estado de gracia le han llegado los triunfos que en su anterior vida deportiva le habían sido esquivos. Su mayor frustración eran los Juegos Olímpicos, como ha sido para muchas, muchos atletas –por ejemplo la croata Sandra Vlasic, bronce ayer, que ha dominado la altura durante casi la última década y se va a retirar sin ese oro. Se conformaba en realidad con no ser cuarta otra vez, temió profundamente volver a serlo cuando falló a la tercera los dos metros y quedaban tres por saltar. Pero hay que decir –a los aguafiestas, que ya vendrán- que bajo la lluvia es mucho más difícil aproximarse y elevarse. Y que aparte de no haber cometido ningún nulo antes –que a la postre es lo que le ha dado el título-, fue Beitia, o al menos a este que escribe le pareció, la que más cerca estuvo de franquear el listón que finalmente ejerció de juez. Pero las apreciaciones dan igual. Lo que importa es que Ruth Beitia es la campeona olímpica de salto de altura. Ahí le queda esa medalla, y qué bien además.

Y al honrado aficionado al atletismo, que simplemente pretende disfrutar del deporte más bello sin entregarse a ciegos patriotismos, ver a Ruth con esa felicidad –la de los genuinos campeones olímpicos que pensaban que ya nunca lo iban a ser- le redime de otras miserias. Por ejemplo, de haber presenciado la final de 1.500 más lamentable de la historia. ¿Cómo es posible, qué están haciendo para cargarse la prueba que otrora fuera la más bonita del tartán, la que llegó a competir con los 100 metros por ser la más emblemática? ¿Qué pensaría anoche el presidente de la IAFF, que no es otro que Sir Sebastian Coe?

agosto 21, 2016 Posted by | Mis carreritas | , , , , | Deja un comentario

Si volviéramos a Seúl… Déjenme soñar

Si volviéramos a Seúl

Los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988 puede que no fueran los más brillantes de la historia, pero sí dejaron dos hitos que marcaron un antes y un después en el deporte. Uno en atletismo, para peor: el positivo de Ben Johnson en los 100m supuso una convulsión, las marcas en general se resintieron de aquel duro golpe y, en algunos casos, no se han vuelto a recuperar. Otro en baloncesto, y este fue para mejor: la derrota de Estados Unidos en semifinales supuso el fin de una época, ya no volverían a acudir a la cita olímpica con equipos universitarios, si querían mantener su hegemonía tenían que llevar a los profesionales. A Barcelona’92 vinieron nade menos que con el dream team.

Merece ahora la pena recordar aquella tarde –mañana en España– en Seúl. Los norteamericanos llegaban con la autoestima recuperada tras su derrota frente a la URSS –nunca reconocida, ni siquiera recogieron las medallas de plata- en Múnich’72. Campeones de nuevo en Monteral’76, no acudieron a la cita de Moscú’80 y se despacharon a gusto en Los Ángeles’84 –en la que faltaron los soviéticos- con aquel equipo tremendo –a todos los efectos de NBA– que entrenaba Bobby Knight. Pero todavía más: dos años antes, al Mundial celebrado en nuestro país habían enviado un equipo de chicos de tercer y cuarto año –con David Robinson y Tyron Bogues– y se habían llevado el título, doblegando precisamente a la URSS en la final. Su superioridad estaba bien clara.

Y a la olimpiada coreana venían otra vez con lo mejor… de sus universidades. Esa generación ya no tenía a Michael Jordan ni a Pat Ewing, pero sí al citado Robinson, ya hecho y derecho, y al que se presumía la nueva gran estrella, Danny Manning, que finalmente nunca lo sería. Con otro entrenador de prestigio, John Thompson, un fanático de la defensa como lo era Bobby Knight. Como sus antecesores en Los Ángeles, jugaban con una agresividad que asustaba, dejaban a sus rivales –a España en el primer partido- en tanteos ridículos, les hacían parecer verdaderamente torpes. En ataque no derrochaban tanto talento, carecían de grandes tiradores. Pero les bastaba para machacar al que se pusiera por medio. Nadie dudaba que conquistarían el oro otra vez. Nadie pronosticaba otra cosa que otra rotunda victoria en semifinales contra una dubitativa URSS.

Las crónicas de aquel partido vienen muy bien detalladas en estos enlaces. Marca.com; Basketme.com; Acb.com. Simplemente reseñar que aquella selección soviética estaba compuesta por unos descomunales jugadores –Sabonis, Volkov, Kurtinaitis, Marciulonis, Homicius, Tikhonenko…- pero que daban en jugar sin orden ni concierto, con un viejo entrenador –Alexandr Gomelski, el zorro plateado- al que habían recuperado después de casi haberle jubilado. Los puristas del baloncesto moderno se burlaban de sus sistemas que decían arcaicos. Solo que esa tarde de octubre les vino la inspiración colectiva, se sintieron un equipo, derrocharon una garra inusitada. Y además varios de ellos supieron dar lo mejor de sí: Kurtinaitis con 28 puntos o Sabonis, que medio cojo, se hizo una roca en la zona y nadie pudo moverle de ahí. A los intrépidos universitarios les entró el miedo en el cuerpo en cuanto se vieron por detrás en el marcador, John Thompson se desgañitaba en el banquillo con la toalla al hombro… 82-76, la URSS a la final, USA a jugar por el bronce. Y esta vez no podía alegar injusticia arbitral. Nunca más…

“Traed a Magic Johnson les espetó Gomelski tras consumar la afrenta. Y en efecto lo trajeron. La que no volvió fue la URSS, desmembrada un año después. Desde entonces, la selección de baloncesto de Estados Unidos está formada eminentemente por jugadores de la NBA. Con ellos, en las primeras citas volvieron a ser intratables: por supuesto en Barcelona con ese equipo que te vencía nada más verles pisar el mismo suelo que tú. Pero también en Atlanta’96 y Sideny’2000, aunque con algún susto por medio. Se despistaron, quizás por indolencia y por no ser capaces de funcionar como equipo, en Atenas’2004, y también en los Mundiales de 2002 –en su casa- y 2006 –el que encumbró a nuestra Generación de Oro en Japón. Desde entonces no han vuelto a fallar.

Al actual entrenador, Mike Krzyzewski, le eligieron para que formara verdaderos equipos de jugadores impresionantes. Para que las estrellas se entregaran a una causa común. Se comió el marrón en su primer mundial, cuando perdieron con Grecia en semifinales, pero a partir de ahí lo ha ganado todo. Con selecciones de ensueño –las de los Juegos de Pekín y Londres con las que se toparon los nuestros en la final- y con otras menos glamurosas pero igualmente poderosas –Mundiales de Turquía y hace dos años en España. A Río de Janeiro han venido con un plantel más parecido a los de los mundiales que a los de las olimpiadas. Pero todo indica que siguen siendo irresistibles. Eso sí, diremos este USA Team de Río da en recordar un tanto –salvando las distancias- a aquél de Seúl. Tremendo físico, defensa agobiante… Bueno, estos sí tienen grandes tiradores.

Hace cuatro años formulé un deseo olímpico para aquel bisiesto 2012. Que finalmente no se pudo cumplir porque los sueños, la mayoría de las veces, sueños son. No imaginé, la verdad, que volviera a repetirse esa oportunidad. Pero la vida da estas vueltas, y aquí está otra vez. Y son unas semifinales. Como en Seúl… Déjenme soñar.

agosto 18, 2016 Posted by | Mis carreritas | , , , , , | Deja un comentario

Oro con sangre entra…

Mireia Belmonte y María Bernabéu, fotos Efe y Reuters

El deporte de élite es insano. Los Juegos Olímpicos, una tortura física y mental para los deportistas. Cuatro años de trabajo, suplicio, dieta, ni una mísera semana de vacaciones… consagrados a un día. Que se puede dar no mal ni regular, sino un poco menos bien de lo que soñabas. Quedas cuarta… y se te queda la carita de la judoka española ayer. Porque en España, no sé en otros países, quedar cuarto es un fracaso. El deportista sabe, conocedor de su deporte y sus secretos, que en un mero detalle está ser oro a quedarse sin medalla. Pero para el gran público sólo cuenta haber tocado metal, y si no, eres un “matao”. Hoy Mireia Belmonte es una diosa y María Bernabéu una frustrada que sólo quiere volver a casa y abrazarse con su familia. Seguramente ambas han trabajado y sufrido lo mismo para llegar hasta aquí. Pero mucha gente no lo valora, no conoce en realidad lo que es el deporte a este nivel. No se lo explicamos quizás bien, pero muchos, si se lo explican, tampoco lo van a entender.

Un futbolista puede redimirse y justificarse cada semana, un tenista tiene varias citas importantes al año, un ciclista muchas carreras y por lo menos un Tour de Francia cada verano. Puedes tener una temporada mala y volver a la siguiente. Pero una judoka, un tirador con arco, una esgrimista o hasta un gimnasta –deporte enseña de los Juegos-… existen en la consciencia colectiva cada cuatro años. Cierto que también tienen sus campeonatos de Europa y del Mundo, sus torneos de prestigio… pero esos quedan para los muy especializados, ni una línea se escribe en los grandes medios de comunicación. Pueden ser reconocidísimos en su círculo deportivo, pero la cita olímpica es su gran y única oportunidad para trascender. Si logran medalla, pasarán a la categoría de celebridad. Si quedan cuartos –no digamos si no llegan a la final, si les eliminan a las primeras de cambio- seguirán en el anonimato. Machacándose a destajo, pero lejos de los focos.

Nos pensamos, se piensa la gente, que ir a unos Juegos Olímpicos es jauja. Porque además los grandes medios, siempre a la búsqueda de lo espectacularmente noticioso, tienden a explayarse en las imágenes más vistosas y en las correrías, las juergas y las gamberradas de ciertos deportistas. A Río de Janeiro han acudido más de 11.000 deportistas, muchos sí… de los millones que amateur o profesionalmente compiten en todo el mundo. Van 2.400 atletas, 900 nadadores, 196 gimnastas, doce selecciones nacionales por cada deporte de equipos… los mejores o los que se lo han ganado. Cuesta mucho estar ahí, hay que ser muy bueno y haberse sacrificado mucho. No es de extrañar por ello la expresión de máxima felicidad de esas chicas y chicos durante el desfile de la ceremonia inaugural. Luego viene lo duro. La competición, lo que va del éxito al fracaso, el examen final a cuatro años dedicados a ese día, a esa carrera, a esos 10 segundos. Los que lo vemos por la tele disfrutamos de lo lindo, veneramos al campeón y condenamos al perdedor. Pero no tenemos ni idea de lo que para unos y otros supone.

Claro que ellos lo han aceptado con todas sus consecuencias, incluso muchos viven de ello, más sobrada o más ajustadamente. Algunos puede que vivan el resto de su vida de la medalla que consigan, o se quedarán en el olvido y la miseria por quedarse a un metro o a una décima de segundo del cajón. Esto no es ciertamente lo que pensó el Barón de Coubertin, pero es el deporte que hemos creado a día de hoy. Más que los juegos que noblemente inventaron en Atenas, es el circo romano de nuestros días, en el que unos esclavos ganan su día de vino y rosas –pero siguen siendo esclavos, aunque de otra forma- y a otros directamente los condenamos con el pulgar hacia abajo. Nos quedaremos con las imágenes triunfantes e icónicas de Bolt, de Phelps, de Biles, de Mireia… de los españoles que ganaron medalla, da igual el color. Y nos olvidaremos de los demás. Pero que nos quede claro que esos oros, platas y bronces han entrado con sangre (miren, por ejemplo). Y los que no lo han sido, han pagado la misma sangre pero sin premio. Muy bonito, literario y cinematográfico si quieren, pero muy cruel e insano también.

Y sin embargo, muchos envidiamos sinceramente a estos deportistas olímpicos. A los que pierden también.

agosto 11, 2016 Posted by | Mis carreritas | , , , , | Deja un comentario

Periodistas olímpicos

Foto Li Xin, Efe

Los Juegos Olímpicos son, ya saben, esas dos semanas en las que manifestamos un inusitado interés por deportes que durante los cuatro años anteriores no nos merecieron la menor atención, y dejarán de merecerla en los cuatro siguientes hasta la siguiente Olimpiada. A poco que olemos la redentora medalla de uno de los nuestros, nos fijamos y hasta llegamos a entender de halterofilia, taekwondo, tiro con arco… Pasados estos quince días mágicos, ya volvemos a la normalidad en la que sólo existe e importa el fútbol.

Por otro lado, el evento olímpico es posiblemente –o seguro- el acontecimiento mundial que recibe mayor afluencia y cobertura por parte de los medios de comunicación. Más de 25.000 periodistas están acreditados en Río de Janeiro. Los diarios, las cadenas de televisión y las emisoras de radio se vuelcan y envían a los mejores –y no sólo de información deportiva- redactores, comentaristas, narradores y especialistas. Auténticos campeones de la información como la gran Paloma del Río –qué bien le sienta esta vez el nombre-, que con ocho olimpiadas a cuestas aún se emociona retransmitiendo la ceremonia inaugural.

Ellos son los que nos lo cuentan todo y nos lo valoran. Recuérdese que la misión del periodista es informar, claro, pero ello implica muchas veces ayudar a la audiencia a entender cosas que a veces pueden ser complejas. Por ejemplo, no tiene por qué ser abogado ni licenciado en derecho, pero si cubre la actualidad relativa a asuntos jurídicos, tiene que ser capaz de entender ese mundo, de interpretar su lenguaje y saber transmitirlo de manera que la gente lo entienda. Por la misma regla de tres, no habrá muchos periodistas –quizás ninguno- especializados en judo, esgrima o pentatlón moderno, pero si van a informarnos de alguna de estas pruebas –porque hay un español en liza- tienen que documentarse, familiarizarse con ese deporte, aprenderse las reglas y, en fin, saber cómo se juega a eso para contárnoslo bien. Así, el periodista especializado en ciclismo puede aparecer narrando un combate de lucha, y el de tenis un partido de ping pong. Si son buenos –que la gran mayoría lo son- lo harán bien.

No tengo duda de ello, porque muchos ya lo han demostrado. Además, se pegarán una verdadera paliza para estar en todo y llegar a tiempo siempre. Recuérdese, o por si no lo saben, que el medio –la empresa– siempre, por definición, va a enviar a menos profesionales de los que harían falta –nos referimos a currantes, no a directivos, claro está. Lo del “más con menos” es común a muchas profesiones y negocios, pero en Periodismo es un axioma.

Pero lo que sí quisiera pedirles a los periodistas españoles destacados en Río es que sean eso, informadores. Y no hinchas. Todos queremos que ganen los nuestros, o que al menos queden bien. Pero no necesitamos que nos regalen los oídos y los ojos con relatos épicos ni con elegías, o en su defecto con proclamas sobre injusticias y conspiraciones. Que nos lo cuenten y además lo amenicen, que es parte de su labor. Que nos den las pautas para valorar si este lo hizo mejor y aquel peor, quién ciertamente tuvo mala suerte y quién se equivocó. Que nos emocionen, sí, cuando la ocasión dé lugar a ello. Pero que no abusen de imbuirnos del fervor patrio, según el cual los españoles son los héroes y los demás unos villanos. El periodismo nacional patriótico es de otro tiempo, cuando nos juraban que el viento soplaba en contra justo en la calle por la que competía el nuestro. Si el balón de waterpolo está mal hecho y se escurre de las manos, se escurrirá para todos. Si el piso está resbaladizo, todos se pueden caer. Si el árbitro es malo, partamos de la idea de que no se equivocará siempre para los mismos, luego ya se verá. Todos sabemos quién queremos que gane, y por lo tanto sobra enfatizarlo. Que nos lo cuenten, nos ilustren y nos diviertan en lo posible, nada más. Así serán verdaderos periodistas olímpicos. Que me consta que, si quieren, lo son.

agosto 7, 2016 Posted by | Mis carreritas, Peroestocuándosale? | , , , | Deja un comentario

¿Dónde viste las Olimpiadas…?

Dónde viste las Olimpiadas II

¿Dónde estabas, habías siquiera nacido cuando Bob Beamon sobrevoló rasante a lo largo de 8,90m los elevados suelos de México? Casi tan altos como los puños con los que los atletas norteamericanos negros expresaron su poder sin siquiera atender a la bandera ni al himno que aún se dudaba que fueran realmente suyos.

¿Cuántos años tenías cuando Mark Spitz inmortalizó esa piscina de Múnich? Ahí sigue, el agua clarita y perfectamente climatizada. Lo que ya no se encuentra son las zapatillas del USA team de baloncesto (universitario todavía) sobre el segundo escalafón del podio….

¿Tenías edad y perspectiva para comprender lo que significaba el “10” de Nadia Comaneci en Montreal? ¿Aspiraste a ser como Coe y Ovett, imperiales sin tocarse ni mirarse en el estadio Lenin –hoy Luzhnikí- de Moscú?

¿Dónde y a qué horas estaríamos viendo los partidos de la selección de baloncesto que arrasaba a Yugoslavia en Los Ángeles? Admirables con perilla y bigote los de Díaz Miguel, hasta que Michael Jordan nos afeitó en seco. Mientras, en el tartán, Carl Lewis se acariciaba el mentón afilado.

¿Ganaste una apuesta con Ben Johnson en Seúl, y luego tuviste que devolver el botín? Ese día comenzaron un nuevo atletismo y un nuevo deporte, como ese mundo nuevo –siempre peor- al que dicen que nos tenemos que acostumbrar.

¿Podrías nombrar de memoria a los 12 del Dream Team de Barcelona? ¿Y de quiénes acompañaron en el podio a Fermín Cacho? Tal vez te acuerdas mejor del arquero que ¿acertó? la antorcha, o si quieres de aquellas vistas imposibles tomadas por el realizador desde el trampolín de las piscinas Picornell.

¿Por qué dijo Samaranch que los Juegos de Atlanta habían sido “excepcionales” pero obvió señalar que los mejores, como siempre solía en las clausuras que él presidió? ¿Y cómo se llamaba, danesa para más señas, aquella jugadora de balonmano que era brutal?

¿Te enamoraste de la aborigen, con traje de marciano y nombre de libertad, que consiguió ser profeta en su Sidney? O tal vez de la María Vasco que rescató el bronce de su vida en una noche de insomnio. Sucedía en el quinto continente, pero la piscina fue una monarquía holandesa.

¿Qué dios reinó en El Olimpo más que El Gerrouj? Alá era grande pero extraño para él, le había dado todo menos lo que más ansiaba, el oro olímpico. Y en Atenas le dio dos.

¿Quién fue el Rey de Pekín, Usain Bolt o Michael Phelps? En Londres no hay duda, ¿verdad? ¿O fue tal vez Boris Johnson, que de alcalde ascendió a rey de la city con sus olimpiadas moradas, inauguradas y clausuradas por viejas estrellas del rock? Fue el año que aprendimos a ver Taekwondo.

Sí, hemos visto unas cuantas Olimpiadas ya, desde distintos lugares y, sobre todo, en distintos momentos y episodios de nuestras vidas. Y aquí las tenemos otra vez. Cierto que estos días estamos hablando más de los problemas que vive Río de Janeiro, de las amenazas latentes y de los desafíos que afronta la organización de estos XXXI Juegos. Pero seguramente, como ya sucedió otras veces, en cuanto prenda el pebetero ya estaremos pendientes de los deportistas. Y seguro, no va a fallar, que Río 2016 también nos dejará imágenes que recordaremos por siempre, es decir, mientras seamos capaces de recordar. Pasen y jueguen, más antiguos o más tecnológicos, más simples o más complejos y controvertidos, esto son los Juegos Olímpicos.

P.D. Y como seguiremos a muchos atletas, a los nuestros y a los que nos llenarán la pantalla, aquí os sugiero seguir también a estos. ACNUR, Juegos Olímpicos, el equipo de los Refugiados

agosto 5, 2016 Posted by | Etoqueloqueé..., Mis carreritas | , , , | Deja un comentario

David en Rusia y Goliat en los titulares

David Miguel Ángel Rusia

Lo de la peripecia del David de Miguel Ángel en Rusia, posiblemente se trate en efecto de una campaña de Marketing para dar más visibilidad a la exposición y atraer a más visitantes. Pero lo que ha venido a demostrar, indirectamente, es la mala baba –sustentada en el nulo rigor- que derrocha cierta prensa en España.

La historia ya la conocen, y además ha alcanzado altas cotas de viralidad. Una exposición sobre el genio renacentista, recién inaugurada en San Petersburgo, muestra una réplica de su colosal David. Entonces ha llegado una señora –mentes estrechas a lo alto y a lo ancho las hay por todo el mundo- y ha emitido una protesta acompañada de una campaña solicitando que se le tapen las vergüenzas. Entre otras lindas argumentaciones, califica la prodigiosa escultura de “gigante que estropea la visión histórica de la ciudad y paraliza las almas de los niños” (Ni nuestro ministro Fernández lo aseveraría mejor, ciertamente).

Con bastante vista y oportunidad, los organizadores del evento se han hecho eco de la reclamación de esta ciudadana y han lanzado una encuesta preguntando si deberían “vestir” al personaje bíblico de Buonarroti. Y al tiempo, han puesto en marcha un concurso para elegir la mejor vestimenta que mitigue su desnudez y alivie a los escandalizados. La iniciativa ha tenido un fulgurante éxito, y en seguida han proliferado ideas descabelladas e hilarantes, al fin y al cabo ridiculizando la puritana propuesta. Aparte de que, como era de esperar, una apabullante mayoría está votando por dejar el arte como es, desnudo y en paz.

La historia llega hasta aquí, y no tendría que dar mucho más de sí. Pero lo que llama la atención es el calado de los titulares que se pueden leer en algunos medios españoles, a saber algunos:

Rusia quiere vestir al David de Miguel Ángel (El Mundo)

O todavía más:

Rusia se empeña en vestir al David de Miguel Ángel (La Vanguardia)

Parto de la base de que, cuando a mí me preguntan si conozco Rusia, habiendo estado en Moscú y San Petersburgo, me cuido mucho de afirmar que conozco todo ese inmenso país. Porque es como haber comido un grano de la paella gigante de Fairy. La noticia en cuestión no refiere, desde luego, que todo un país –aunque fuera pequeño- se haya levantado en masa contra la exhibición de la obra; tampoco se trata de una ciudad entera, ni siquiera de un barrio. La desfasada iniciativa proviene de una señora particular y de algunos otros señores carcas que la han secundado, y que por lo que se ve son rotunda minoría.

Por otro lado, cuando se recurre a la sinécdoque utilizando el nombre de un país como sujeto de un titular, normalmente se alude a su gobierno o máxima jefatura de Estado, o a una entidad representativa, por ejemplo deportiva (Francia aprueba tal ley, Estados Unidos se pronuncia a favor de tal acuerdo, Inglaterra pierde con Argentina…) Pero que se sepa, tampoco consta –ni se informa ni se elucubra sobre ello- que ni Putin ni ninguno de sus ministros, ni siquiera algún representante ruso en Eurovisión, estén detrás de esta estrambótica ocurrencia. Entonces, ¿quién es aquí Rusia, por qué decimos que es todo ese país el que quiere ponerle un taparrabos al David? La sinécdoque aquí es desproporcionada, digamos. Y encima “se empeña”…

Aparte, como digo, el poco respeto al rigor informativo que se practica en ciertos sectores de nuestro agitado periodismo, las explicaciones no tienen por qué ser casuales. Puede ser porque el titular queda más redondo, porque se aseguran de que más gente pinchará en la noticia…Porque en verano hay que llamar más la atención y además las embajadas estarán de vacaciones… Y porque a según qué país, se le puede atribuir cualquier barbaridad y hasta queda bien… No olvidemos, a todo esto, que los titulares son responsabilidad del medio, no del periodista. Y a no pocos editores les gusta jugar a ser Goliat.

P.D. Por cierto, pocos sabrán –y yo me acabo de enterar- de que Rusia, cuando era la U.R.S.S., emitió unos sellos con la imagen del imponente David. Fue en 1975, conmemorando el 500 aniversario del nacimiento de Miguel Ángel Buonarroti. Qué dirían entonces…

agosto 2, 2016 Posted by | Peroestocuándosale? | , , , , | Deja un comentario

Una roca es una roca

Una roca es una roca II

Una roca es una roca

Definió el sabio tras mucho estudiarla y tomar nota.

Pero a lo mejor, si pensara o si soñara…

Una roca sería una foca

Si pudiera flotar y con la punta sostener una pelota.

Una roca es una loca

que juega a romper corazones con su mirada despistada.

Sería una rosa

Si pudieras cortarla y marear la tarde con su aroma.

Es una boca

Que lanza versos y se hace escuchar para no estar sola.

Sería una costa

Si el mar la acariciara y quisiera volver a mojar su cara.

Es una oca

Que salta de charco en charco y tira porque le toca.

Sería una nota

Si sonara para recodarnos que el amor de esperar se cansa.

Es una losa

Que no deja entrar el aire ni pasar fecha.

Sería Roma

Si supiera permanecer inmune a la Historia.

Es una sota

O caballo o rey, no hay más jugada.

Sería una sombra

Si cobijara toda ella a gente que hablando se entendiera.

Pero al final, después de todo,

Una roca es una roca.

Y así está el país de pega y corta.

 

Hoy nos ha recordado Google que Gloria Fuertes cumpliría 99 años. Que así contados, casi parecen más que 100.

julio 28, 2016 Posted by | Juntaletras | Deja un comentario

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