Tour de Francia, etapa 22

Sí, se hace dura la primera tarde sin Tour. Parece que nos falte algo, después de tres largas semanas pendientes a estas horas del desenlace de la etapa del día. El sudor de sobremesa sigue, pero no los ciclistas, los paisajes y los momentos de no quitar ojo de la pantalla ni oído de los comentarios. Para quitarnos un poco esta melancolía, hoy vamos a hacer aquí la etapa 22. Como si diéramos las notas a finales de julio, vamos hacer balance de lo mejor, lo bueno y lo no tanto de esta edición 2017 del Tour de Francia que hemos vuelto a vivir. Por partes:

No nos ha aburrido. Lo primero, retomando el post de justo hace un año, reconocer que esta edición ha mantenido el interés hasta el final. Sea por el acierto en el trazado, con la montaña más repartida, sea porque nadie esta vez fue capaz de sentenciar la carrera al primer asalto alpino o pirenaico. A la contrarreloj final llegaron cinco corredores separados por menos de dos minutos, y los tres primeros en medio minuto. ¿Que al final ha ganado el de siempre? Sí, pero esta vez tuvo que trabajar hasta el final.

Froome jugó sus bazas como nadie. Este Tour 2017 tenía mucha montaña y muy poca contrarreloj. Pero ésta última ha terminado siendo la más decisiva. Froome exprimió al máximo los escasos kilómetros cronometrados. El Düsseldorf, bajo aquella impenitente lluvia que tanta desgracia causó, la mayoría de los favoritos optaron por no arriesgar. Y el británico se montó en un coche para ver cómo maniobraba uno de sus compañeros en las peligrosas curvas, tomó nota y salió a jugársela. Le sacó 39 segundos a Bardet y 51 a Urán. Curiosamente o no, con algo menos de diferencia llegó a la del penúltimo día en Marsella. Y allí, sentenció.

Faltan dinamiteros. Estando de acuerdo en que esta ronda francesa ha sido más interesante que las de los últimos años, habrá que convenir también que le ha faltado batalla, leña al mono de la buena. En las grandes etapas de montaña, y especialmente en las dos grandes jornadas alpinas. Vimos un espectáculo dantesco por los montes del Jura y un etapón -posiblemente la más bella de este Tour- en el corto camino hacia Foix. Pero en los momentos de la verdad, no se han visto grandes ataques. Al ciclismo actual le falta gente capaz de dinamitar la carrera. Rigoberto Urán ha estado inconmensurable en no perder la rueda de nadie, pero ha dado poco la cara. Romain Bardet y su equipo han estado valientes, pero en los lances decisivos le faltó un punto de fuerza. Fabio Aru empezó como una moto la primera semana, pero después la carrera se le hizo larga. Mikel Landa no podía moverse como él hubiera querido, de ahí su mosqueo y sus declaraciones. Y el único capaz de poner la carrera patas arriba es Alberto Contador, pero ya no tiene el punch ni el fondo de sus mejores tiempos. Al ciclismo le hacen falta contadores, y mira que lo venimos diciendo.

La criba de la primera semana. Quizás deberían mirárselo. Está bien que el Tour de Francia quiera ofrecer interés y emoción desde el primer día, incluida cierta dosis de dramatismo. Pero 200 ciclistas lanzados a ritmo frenético por carreteras estrechas, rotondas, curvas cerradas, no hablemos si llueve, y todos quieren ir delante… esto no puede acabar siempre bien. De hecho, llevamos ya varias ediciones en las que más o menos la mitad de las figuras del pelotón se han tenido que ir a casa antes del ecuador de la carrera. Este año tuvimos el primer día lo de Alejandro Valverde y Ion Izaguirre -que también es desgracia que los dos primeros damnificados fueran dos españoles ilustres-, luego lo de Sagan y Cavendish. Lo de Thomas y Porte en la shakespeariana etapa de Chambéry… Por no hablar de todos los que han salido tullidos de esos primeros días.

Los españoles. Sólo 13 participantes, al primer día ya 11. Del balance final se salva Landa, exultante pero limitado por las lógicas prioridades del Sky, como Mikel Nieve, también excelente. Se valora el pundonor de Alberto, pero eso es poco para lo que él mismo esperaba, y esta vez no han sido las caídas, han sido las piernas, dicho sea con todo el dolor del alma. Para el Movistar, intachable casi siempre, esta vez ha sido un Tour para olvidar, desde lo de Valverde hasta el fiasco de Nairo Quintana. Ni una etapa en el palmarés final, y lo que es peor, ni un español en las escapadas importantes. Aparte una actuación puntualmente desangelada, no son las mejores perspectivas para el ciclismo español. El mayor problema es que no hay equipos profesionales, sólo uno de primer nivel, y los ciclistas jóvenes no tienen dónde empezar a desarrollar su carrera.

¿Ganará Froome la Vuelta? Finalmente, queda reconocer a Chris Froome. Cuatro tours no se ganan siempre, y no deja duda de que es el mejor hombre tour de estos años. Pero se le resiste la Vuelta a España. La razón no hay más que verla en su único momento de debilidad en esta edición, los últimos metros de la ascensión a Peyragudes, donde perdió el maillot amarillo. En la Vuelta, casi todas las llegadas en alto son así, y lo nota. Pero este año, todo indica que lo volverá a intentar otra vez. Se la merece, y el palmarés de la ronda española le merece a él.

En fin, hasta aquí esa serie de artículos sobre Ciclismo, que hemos dejando según se desarrollaba nuestro querido Tour de Francia. Volveremos en septiembre con la vuelta, y trataremos también de volver el año que viene. Ahora, a soportar estas tórridas tardes de verano sin tour.

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