La noche de aquel McCartney

Paul McCartney, madrid 2 de junio 2

Tenía pendiente no una crónica, pero sí una reflexión sobre aquella noche. Del concierto al que durante tres meses mantuve que no iba a ir, y tres días antes cambié de opinión. Ahora sí que me estaría arrepintiendo. Ahora sí que estaría lamentando habérmelo perdido. He de decir que lo que más me satisface es saber que todos lo que me consta que el pasado 2 de junio acudieron a ver a Paul McCartney en directo por primera vez, manifiestan haber disfrutado como enanos. Que no se esperaban un concierto así, con esa energía y ese sonido. Que asistieron a un espectáculo que nunca van a olvidar. Yo tampoco. Y por más que pudiera pensar que ya no me iba a sorprender, lo volvió a hacer. Tenía tres conciertos de Paul en mi vida y ahora ya tengo el póker. No me van y no me voy a dejar quitar ninguno.

Las crónicas están ahí y dan buena cuenta –salvo una bastante mezquina e indocumentada en El Mundo. Y luego, cada uno se queda con lo suyo. Cuando grandes estrellas de la música concitan a decenas de miles de personas en un estadio, tienen que hacer por contentar a todos: a los más frikis y a los que les conocen por sus grandes éxitos, a los que se saben de pe a pa su carrera y a los que acuden por mero postureo y poder decir que estuvieron allí. Uno es de los que valoran por ejemplo que Paul me toque Letting Go, un temazo de Wings poco conocido en España. Y en cambio me sobra más bien Love Me Do, pero me alegro sinceramente de ver a la gente corearla y saltar con ella. De las de los Beatles, agradecerle infinitamente And I Love Her, la primera vez que me la canta en vivo. Y reprocharle cariñosamente que me haya dejado otra vez sin Magical Mistery Tour, que nunca ha sido de la lista en las cuatro giras en las que le he visto, y en otras sí. Por lo demás, si no he contado mal, de los temas que interpretó en su última aparición en Madrid en 2004, esta vez sólo repitió unos 15, de 40. Es más, apenas siete son los que no han faltado en ninguna de mis cuatro citas con McCartney. Es lo que tiene un repertorio faraónico.

¿Y cuál ha sido el mejor concierto? Imposible decidir. Si antes de este me quedaba con los otros tres, ahora me pasa lo mismo con los cuatro. Eso sí, cada uno por sus motivos. El primero, en 1989, Palacio de los Deportes, siempre será especial por la ilusión que suponía la primera vez, un sueño que no imaginaba que se fuera a cumplir. Ese tembleque de piernas cuando ya iba a salir, todas esas canciones de los Beatles inéditas hasta entonces sobre un escenario, todas aquellas emociones y sorpresas. La apoteosis de Hey Jude coreado por todo el mundo de izquierda a derecha –ahora en cambio es el número que menos me sorprende por previsible, pero ves a gente a tu lado saltársele las lágrimas y luego salir del estadio cantándola… para ellos sí era su primera vez

El de Barcelona en 2003, Palau Sant Jordi, puede haber sido el más feo visualmente –salía con el mismo montaje de 14 años antes, y se le había quedado anticuado. Sin embargo, me permito decir que es mi preferido en cuanto al repertorio. Por supuesto que todos han recorrido enormes canciones y momentos de la carrera de Macca, pero este además me dejó algunas delicatesen irrepetibles: Carry That Weight –la originaria versión, ligada a You Never Give Me Your Money-, Getting Better, Every Night, She’s Leaving Home… Un año después, cuando actuó en La Peineta ante 20.000 personas impacientes tras dos horas de espera –hay que decir que fue el peor organizado-, había actualizado toda la puesta en escena para hacerla rutilante, y aparte de otra magnífica selección de temas, siempre lo recordaré porque nos trajo en la maleta Helter Skelter.

Este último puede presumir de absolutamente espectacular en cuanto a escenografía –sí, mejorando ampliamente la de 2004- y el más sobresaliente en cuanto a sonido. Es cierto que todos han sonado rotundos e impecables, pero este lo hacía en un estadio con 40.000 personas, y según nos aseguran, no dejó de escucharse perfectamente desde ningún ángulo, no se perdió un acorde, un redoble, un coro –por cierto, ¡qué coros! No todos, ni siendo los más grandes, consiguen eso fácilmente. Y me quedo con toda la emoción que brotaba y que fue in crescendo. Si se nos antojó el viejo Paul algo más cansado cuando blandía el bajo en sus primeros temas, pareció crecerse según avanzaba la noche. Como si supiera –y sin duda sabe- que debe regularse, fue de menos a más. A mitad del viaje ya flotábamos en una atmósfera eléctrica, y llevados por los colores, los sentimientos y las sensaciones, ya no fuimos conscientes de que pasaran las horas, casi tres al aterrizar y volver a mirar el reloj. Le mirabas y cada vez parecía más fuerte, sacarse de la manga Hi Hi Hi en los bises fue toda una declaración.

Fue la noche de aquel McCartney. Del que pasó por Madrid a 16 días de cumplir 74. Más arrugado, pero posiblemente más seguro de sí mismo que nunca. No necesitó hablar mucho, con dos palabras y una mirada cómplice ya tenía a todo el público en el bolsillo. Al suyo incondicional y al que estaba de paso, a los fans de los Beatles de siempre, a los que también lo somos de Wings –que sí que los hay, por más que algún listillo no lo crea- y por supuesto a los que le quieren, le veneran o simplemente le aprecian o le agradecen. Desde esa noche de aquel día, todos un poco más.

 

P.D. Y para terminar, atención, pregunta. He dicho antes que siete han sido las canciones que Paul McCartney ha repetido en los cuatro conciertos en los que le he visto. ¿Nos atrevemos a acertar cuáles? Parecerá fácil… y seguramente lo es.

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4 Comments

  1. Hola. He descubierto tu página buscando sobre el primer concierto de Macca en Madrid, y me he encontrado con esta grata sorpresa…Enhorabuena, me han gustado mucho todas las entradas de los Beatles. Se nota hecha con cariño.
    Estuve en el concierto de Madrid del 2 de junio, con mi mujer y mi hija de seis años a la que le encantan los Beatles (sus abrazos tras alguna de las canciones serán un recuerdo que me quedará para siempre). Poco mas que añadir a tu crítica: sin duda alguna, el mejor concierto en el que he estado en mi vida, y creo estaré. No es una cuestión sólo de luces, sonido, pirotecnia. es mucho mas simple, es EMOCIÓN. Así, con mayúsculas. Al comienzo ya me quedé con la boca abierta. A la tercera canción tuve claro que nos tenía en el bolsillo a los 40.000 que estábamos por allí. Fue una sensación tremenda. Las canciones que son patrimonio de la humanidad, puesto que a todo el que alguna vez las ha oido le generan un recuerdo o una emoción, fueron compartidas de un modo que no he visto en otros conciertos. Al igual que algunas películas, poesías, etc, simplemente, fueron momentos de pura magia. Un montón de gente no podía dejar de cantar y bailar esas canciones, que hemos oido desde pequeños, y con las que hemos vivido un montón de cosas diferentes. Y todo gracias a un abuelete genial, que junto a otros tres amigos, sencillamente, quisieron cambiar el mundo (como todos hemos querido a los quince años). Pero ellos sí que si lo consiguieron…

  2. Por cierto, las siete canciones que ha repetido las 4 veces que le has visto me atrevo a decir que son: Let it be, Band on the run, Live and let die, Hey Jude, Yesterday, The end y Maybe i’m amazed. Puede ser?

    1. Hola David, lo primero, gracias por el comentario, ya que no te había dicho nada, y estoy de acuerdo al 100%.

      En cuanto a las canciones, pues casi que sí, o es que entonces más bien serían ocho. La cuestión es que The End, en efecto, la ha tocado en los cuatro conciertos, pero en este último y en el primero lo hizo como en Abbey Road, con Golden Slumbers y Carry That Weight, y en los otros dos la cantó en un medley con la segunda parte de Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band. Por eso no la había contado como una de las siete, pero la verdad es que como tal se podría contar. En fin, que las otras seis sí son, y si contamos The End, entonces hay una más. Y es de las grandes, claro.

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