Tres noches en el Calderón

Tras varias despedidas, como si fuera la de Miguel Ríos de los escenarios, hoy oficialmente echa el cierre el estadio Vicente Calderón. La fiesta que organizó el Atlético de Madrid el pasado domingo fue, hay que reconocerlo, especialmente bonita, con todas esas figuras, por muy desfiguradas que hoy aparezcan, que forman parte de los cromos, de los fotograbados, en fin, de la vida de uno, hasta por muy madridista que sea. Hablando de la bicha, cierto que tuvo el Real Madrid que ganar la Liga justo a esas horas, pero así son las vidas de estos dos clubs, cualquier cosa menos paralelas. Estoy seguro, no obstante, de que entregados como estaban a su fiesta, ni se enteraron de lo que pasaba más allá. Bastante tenían con lo suyo, la liga vuelve cada año, de casa te vas solo una vez.

Lo importante es que el Vicente Calderón formará parte de la historia de Madrid, y su impronta permanecerá en la memoria de la gente de aquí, también de los que no somos del Atleti. Por eso queremos dedicarle este recuerdo. Echando memoria, uno ha estado nada más que tres veces en sus entrañas. Es el momento de pensar que podía haber ido algunas más, pero como suele pasar, ya es tarde para reparar el error. Por lo menos, vamos a reseñar las tres, muy separadas en el tiempo.

De la primera no me acuerdo el año, yo era un niño, me llevó mi padre y ni siquiera sé por qué. Ya me había llevado varias veces al Bernabéu, los dos somos merengones, pero esa tarde de domingo le dio por ir al Manzanares -que por entonces creo que todavía se llamaba así- y yo no dije que no. Fue un Atlético-Castellón. Empate a cero. Un partido muy muy malo. Hacía un frío de tres pares, y la humedad me entraba por los tuétanos, me pasé toda la segunda parte haciéndome pis. De lo puramente futbolístico, queda en mi memoria una falta directa que chutó magistral Luis -luego conocido como Luis Aragonés cuando ya fue entrenador, calculen entonces el tiempo que hace- y que salió rozando el larguero. ¿Por la tarde, he dicho? Sí, pero en seguida se hizo de noche, entonces debió ser invierno profundo.

La segunda fue más cálida, en agosto del 80. Me acerqué al Villa de Madrid, el trofeo veraniego que organizaba el club rojiblanco, y fui porque jugaba mi Ajax -que acaba de volver a una final europea, 21 años después, pero no me pregunten cómo terminó el partido. Por entonces ya no estaban sus míticos de los 70 –Cruyff y su orquesta-, y todavía no habían llegado los que deslumbrarían en esa década –Van Basten y compañía. Pero sí tuve la suerte de disfrutar a pie de campo de dos jugadorazos, Lerby y Arnesen, dos daneses que aún eran muy jovencitos y después desarrollarían una brillante carrera en grandes clubs europeos. El rival no era manco, el Internacional de Porto Alegre, donde jugaba otro grande, Falcao, uno de los que deslumbrarían en la admirada Brasil del Mundial 82. Ganaron los míos 3-1, aunque después perderían la final contra el Atleti, a esa ya no fui, no me daba el presupuesto.

Y la tercera fue hace un año nada más. El Vicente Calderón es obviamente un estadio de fútbol, pero también lo ha sido de grandes conciertos, y en eso creo que puede presumir de que siempre le ganó al Bernabéu. Como ya digo que he ido poco, me he perdido algunos importantes, y hoy me arrepiento. David Bowie sobre todo, pero también los Rolling Stones -tuve entrada para cuando Keith Richards se cayó del cocotero y hubo que suspenderlo-, Pink Floyd, U2… Pero no falté el pasado 2 de junio a ver a Paul McCartney. Y eso que, desde el día que se anunció ese concierto, me mantuve meses asegurando que no iba a ir -ya le había visto tres veces. Cuatro días antes me derrumbé en mis principios, vi que quedaban entradas de las buenas y me hice con una. Me costó más que un año de gimnasio, pero no me arrepentí ni del dinero ni de faltar a mi palabra. La crónica de aquella noche la dejé aquí.

Y estas han sido mis tres citas, mis tres noches en el Calderón. Escasas, pero al menos suficientemente señaladas como para recordarlas toda la vida. Al fin y al cabo, las tres van ligadas a grandes motivos. Pero por si acaso un día me fallan la memoria o la razón, aquí quedan. Gracias atléticos, por haber mantenido y dado vida a este emblemático coliseo. Y nos seguiremos viendo, aunque sea en otros barrios y con otros nombres. Total, en cien años, todos chinos.

P.D. De las tres noches, sólo tengo foto de la última, y aún así, la que he puesto arriba se la debo a Jacinto Rodríguez.

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