Una calle canalla en Berlín

La calle de la ciudad naranja. Es el evocador significado de Oranienburgerstrasse, posiblemente la más crápula del distrito de Mitte, claro, en Berlín. Al fondo da fe la intransferible Fernsehturm, torre de televisión y emblema semi moderno de la ciudad, ahora revelada en la foto enfocada mientras hace por imponer su verticalidad en el bajo cielo invernal.

Lo de la ciudad naranja no es un cuento, tiene su explicación. La calle hace referencia a Oranienburg, en español Uraniemburgo, una ciudad a 35 km de Berlín, a la que llegó una princesa de la casa Orange-Nassau -la real de los Países Bajos-, casada con un noble prusiano. Instalada allí, ordenó construir un castillo y cambiarle el nombre, que así se quedó.

Pero ya digo que esta no es una calle cualquiera, en una ciudad que tampoco lo es. En verano -la primera vez que fui, cuando tenía que viajar desde el oeste para darme una vuelta por allí- era una sucesión de garitos, terrazas, restaurantes de todo tipo y pelaje, desplegados a lo largo de una de sus aceras; en la otra lo otra, básicamente lo que se veía eran putas. En invierno -cuando llegué por segunda vez y la tenía a tiro del hotel-, aparecía más recogida, nada de terrazas desde luego, pero muchos de los bares y de la canallesca -no las putas- seguían ahí.

Una de sus estaciones de ambos viajes, el Silberfisch -pez o pescado de plata- pone en principio música rock, pero una vez en harina -o mejor dicho, en cerveza abundante-, termina pinchando de todo, para escarnio de roqueros ortodoxos. El jueves, una nota en la puerta por dentro indicaba la hora de cierre: las seis de la mañana; el viernes, se ampliaba a las ocho; el sábado no sabemos, porque ya no estábamos. El caso es que nunca nos dio la energía para quedarnos a verlo cerrar.

Por lo demás, esta calle también tiene su historia, como no puede ser de otra manera en Berlín. Fue el principal núcleo de la población judía, luego no hace falta contar lo que pasó con toda esa gente. Ni con la sinagoga, su edificio más representativo y en su día la mayor de la ciudad, hoy existente como museo y centro de reuniones tras ser reconstruida y reabierta en 1995. Y una particularidad: la estación de U-Bahn (metro) de Oranienburergstrasse fue la primera en reabrir al público con la reunificación alemana, tras haber permanecido cerrada todo el tiempo que duró el muro.

Esto y muchas más cosas pasan en una imponente ciudad sigue descentrada, y así parece que vaya a quedar por los tiempos, por mucho que se esfuercen en instaurar nuevos centros de gravedad que pongan de acuerdo a todos. Donde los mapas y las rutas no se guían por el habitual eje norte-sur, sino que lo sitúan todo al este o al oeste. Entre uno y otro ya no existen barreras físicas, pero permanecen las psicológicas… y las turísticas. Y en fin, está presente todo lo que pasó allí y dejó huella, lo que pasa y admira hoy al viajante y la certeza de que seguirán pasando cosas. Creo que siempre habrá una razón para ir y volver a Berlín.

Lo de nuestro último Back in Berlin lo contábamos sucintamente aquí Back in Berlin II (la ciudad descentrada) – Byenrique Y es verdad que tuvimos otros episodios psicodélicos…

P.D. Pues esta vez no hemos tenido ganador. Y eso que la cosa ha estado ahí, la ciudad ha sido reconocida en seguida y la calle la han rozado, seguramente se han cruzado con ella sin darse cuenta. El caso es que nadie la ha acertado, seguramente porque en invierno, de noche… Así que el currywurst al que pensaba invitar, me lo beneficiaré yo si lo encuentro por aquí.

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