Tres veces McCartney (y III)

Ya lo tenemos aquí. Como un regalo anticipado de esta Navidad mustia, colofón natural de un año desnaturalizado, nos ha llegado McCartney III. Y a pesar de que Amazon aún no nos lo ha servido, el mismo viernes ya pudimos escucharlo gracias a alguna crónica generosa (y a que estamos suscritos ‘McCartney III’: andanzas de un viejito capaz aún de saltarse cualquier guion | Cultura | EL PAÍS (elpais.com)). Ya los iniciales punteos y las primeras percusiones nos dicen que esto es la continuación de algo. Entonces, podría aparecer un texto inclinado descendente que rezara: “hace mucho tiempo en una granja muy, muy lejana…”. Porque parece que el nuevo disco de Paul McCartney comenzara justo allí donde hace 50 años terminara su primera entrega en solitario, la que inauguró la saga que, aparentemente, culmina ahora.

Luego, según se desarrolla, van a aparecer más cosas. Es evidente que hacerse un disco casero no es lo mismo ahora que en 1970 o 1980. Ni los estudios son iguales, aunque estén en una granja, ni las posibilidades de mezclar, grabar sonidos, superponer pistas… podría decirse que los únicos héroes que repiten de aquella primera aventura post beatle son el autor y su espada láser, entiéndase el bajo Hoffner. Uno, abuelete ya, pero se diría igual de travieso y curioso que entonces; el otro, como si el tiempo no pasara, resucitado después de no pocos años guardado en un armario. Completan el plantel el resto de los instrumentos básicos, sin demasiados alardes, tocados todos por la misma persona, el vejete. Y, sobre todo, las historias, vivencias y todo lo aprendido y atesorado en sesenta años de carrera. Por oficio no iba a quedar. Pero por audacia, tampoco.

Y lo que fluye es un viaje apasionante, corto como debe ser, apenas 45 minutos, pero intenso. Porque si Paul se ha puesto a trabajar en nuevo disco durante el tiempo de confinamiento (lockdown en inglés, que él ha llamado rockdown) no ha sido para matar el tiempo, como quien se pone a fabricar pan. Ya se sabe, él lo ha dado a entender varias veces, que no soporta estar quieto, que hace años ya que necesita tener la mente siempre ocupada. Y si no puede hacer otra cosa, se pone a componer, a tocar, mezclar, probar esto o lo otro, recuperar de aquí, tomar de allá… pero no para sacar una simple colección de canciones aseadas. Siempre que se ha puesto manos a la obra, lo hecho para que le digan que es su mejor disco. Luego, lo conseguirá o no, y ya se sabe cómo de altos están los listones. Pero cuando es capaz de dedicarle tiempo y cariño, se queda más cerca.

Algunas de las críticas ya escritas ponen a este McCartney III en la esfera de Chaos and Creation in The Backyard Chaos & Creation in the Backyard – Byenrique. Todo un elogio, ya que muchos estamos de acuerdo en que se trata de su mejor disco en solitario. Yo diría, de entrada, que guarda una similitud y una diferencia. La primera, que lo ha cocinado a fuego lento, y eso se nota; la segunda, que aquí no ha contado con un productor exigente le pusiera las pilas, como aquel Nigel Godrich. Algún detalle le hubiera pulido, algún tema podría haber salido más corto, o incluso haberse quedado fuera… pero ojo, Paul produciéndose a sí mismo consigue a menudo mejores resultados que cuando trabaja con ciertos productores que cobran sus honorarios más o menos por limitarse a dar palmas y decirle lo maravilloso que es. Y a autoexigente y perfeccionista, a Paul le ganan pocos.

Hablando de crítica, de los tres McCartney editados, este ha sido sin duda el que ha tenido mejor acogida. Ya dijimos que los otros fueron bastante maltratados de salida y reconocidos a posteriori, hasta ser hoy casi objetos de culto. ¿Quizás porque sorprendieron y este no? Más bien porque, después de The Beatles, y en menor medida después de Wings, las expectativas eran las que eran y lo que parió fue otra cosa. Porque quede claro, por otro lado, que este tercero sí ha sorprendido. Dadas las circunstancias y la aparente improvisación del anuncio, a lo mejor se esperaba un disco con buenas o excelentes canciones, eso siempre, pero más facilón. Y no lo es, en absoluto. Posiblemente el tema más directo, la que sería aspirante a cara A de single, es Find my Way. Pero incluso éste tiene mucho que escuchar y que hurgar.

En esto sí que ha sido el genuino Macca, el de las mejores ocasiones. El de las canciones que no se revelan del todo a la primera, sino que cada vez que se escuchan permiten descubrir matices diferentes. A veces, incluso, encierra no ya diferentes melodías entrecruzadas, sino varias canciones dentro de la misma. ¿Qué decir, si no, de la larguísima, genesiana y luego pinkfloydiana Deep deep feeling? Posiblemente la pieza más extraña y controvertida del álbum, que unos adorarán y otros tal vez repudien, pero que a nadie va a dejar indiferente. Yo, claro, me hago partidario de los primeros. Y las baladas, inevitables tratándose de Paul, no son meros guiños a la afición, sino que están muy trabajadas e inspiradas, de la original Pretty Boys a la delicadísima The Kiss of Venus. Y, por supuesto, la que cierra, origen del proyecto, empezada en los 90 con George Martin, terminada en la cuarentena. Lo pensé nada más escucharla por primera vez: When Winter Comes es como la cara invernal de I’ll Follow the Sun.

Pero la vida y la música de Paul McCartney comprenden muchos macarnis, y aquí se dan cita unos cuantos. Por supuesto, el rock, atrevido y poco convencional; hay blues, hay soul, un temazo al piano, psicodelia… y sí, un tema quizás más ligerito que los demás, Seize the Day, que, sin embargo, resulta ser el preferido en algunos de los testimonios que he leído. Es que lo mejor de McCartney III puede ser, quizás, que todos los críticos leídos hasta ahora destacan la altura y alcance del trabajo de Paul, pero luego no se ponen de acuerdo en los temas que ensalzan. Es que hay mucho donde elegir, y eso que no son más que 11 canciones. Y mucho que escuchar, muchas veces.

Queda la pregunta del millón: ¿ha conseguido Paul a sus 78 tacos una nueva obra maestra? Falta perspectiva para afirmarlo, pregúntenmelo mejor dentro de unos meses o tal vez unos años. De momento, vamos a decir que la roza. Ahora, voy a ponérmelo otra vez.

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