El baile de Federer

14 años después de ganar su primer Wimbledon, lo que sabíamos de Björn Borg es que estaba arruinado y un extraño episodio con un supuesto intento de suicidio. Pasado el mismo tiempo de su primera coronación en Londres, llevaba John McEnroe tres años retirado, y poco después ya estaría capitaneando al equipo estadounidense de Copa Davis. Más longevo fue Jimmy Connors, que aún seguía batallando, y aunque lejos ya de primeros puestos del ranking, todavía llenaba las pistas y levantaba pasiones. 14 años después de su primer Wimbledon, con 35 años y cuatro hijos, Roger Federer ha ganado el octavo, sin ceder un set, sin despeinarse las ya visibles entradas en sus sienes. 19 grandes le contemplan, y todo parece indicar que el baile no ha terminado.

En enero de este año, cuando Federer y Nadal llegaron a la final del Open de Australia, se dijo aquello de que era una “final vintage”. De vintage nada, respondimos algunos. Y resulta que, en lo que va de 2017, Roger y Rafa se han repartido prácticamente todos los trofeos, en tierra uno, en pistas rápidas el otro. Los tres grand slam disputados, y todos los Master 1000 excepto Roma. ¡Toma vintage! Y naturalmente, en septiembre, en Nueva York, se les espera. Que siga el baile.

Ciertamente, ni los más románticos del tenis lo podían presagiar. Lo esperaban, sí, pero no eran capaces de vaticinarlo. Había quien hace tiempo venía pronosticando que el helvético nunca volvería a ganar un grand slam. Y aquí está, con dos este año, algo que no conseguía desde 2009. Pero casi es lo de menos. Los que amamos el tenis simplemente disfrutamos con verle sobre la pista. Y queremos que gane partidos en los torneos simplemente para verle jugar el siguiente. Un revés suyo cruzado, una fina dejada, un saque y derecha combinados, sencillamente, regalan la vista y no tienen precio. Están por encima de números y estadísticas. Si éstas encima también le dan la razón, pues no hay más que decir. No vimos a Rod Laver, nos maravillamos con Borg, amamos con locura a Rafa Nadal. Pero Federer es Federer, no hay ni habrá otro como él. Sin lugar a duda, el que mejor baila sobre la pista.

Anoche, Garbiñe Muguruza y el joven Roger se citaron para darse un baile en la cena de gala de los distinguidos socios del All England Lawn Tennis Club -que, ya que dejan que les pisoteen sus preciadas pistas de hierba durante dos semanas, qué menos que exigir luego que los campeones cenen con ellos. La española empieza a bailar y, si ella quiere y se lo propone, bailará mucho. El suizo no se cansa. Con todo lo bailado, dice que quiere seguir, y que su baile dure aún muchos años más. Imperial Federer.

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