El comunicador tramposo

megalopyge-opercularis

Demagogo, manipulador, embaucador… empleamos variados adjetivos para calificar al personaje que maneja los resortes de la comunicación en beneficio de sus intereses, haciendo creer que defiende los de otros. De sus clientes, de sus seguidores, del pueblo… Básicamente, tendría todo el sentido denominarles “tramposos de la comunicación”. La vida pública, nacional e internacional, es prolífica en este tipo de figuras, consumados tahúres del mensaje y la estrategia, que no siempre son delatados a tiempo y que a menudo llegan muy lejos y muy alto.

De hecho, hoy son más peligrosos porque tienen más oportunidades que nunca de hacer carrera, de propagar su veneno. Ya dejó dicho Umberto Eco que aquellos que antes sólo hablaban en el bar con un vaso de vino, ahora tienen el mismo derecho a hablar que un Premio Nobel. Pero si además se manejan con habilidad, o se rodean de ingeniosos profesionales -tan tramposos como él- que les asesoran y adiestran, pueden convertirse en poderosos líderes de masas y llegar a donde se propongan. Por sus prácticas les conoceréis, pero éstas, no por antiguas y manidas, deben dejar de recordarse. He aquí un decálogo de habituales técnicas del comunicador tramposo:

1- La media verdad es su gran aliado. Busca hábilmente la parte de la realidad que aparentemente le da la razón, incluso a veces parecería que de forma rotunda. Y trata de obviar, tapar bajo cortinas la parte que refutaría su argumento. Hay maestros de esta técnica que consiguen que, de una gran montaña, se vea nada más que el pico por la vertiente donde nunca le da el sol

2- Transforma la mentira en verdad. Ya demostró Goebbels que, repetida muchas veces y por descabellada que resulte, siempre habrá quien termine creyéndosela, incluso mucha, la mayoría de la gente. Esto no es nuevo, ya se ha escrito mucho sobre esta técnica, tan antigua pero tan profusamente utilizada en la comunicación política de antes y de hoy.

3 – Se vale de potentes amplificadores. Para que la difusión de la falacia sea efectiva y termine siendo percibida como verdadera, hasta el punto de convertirla en axioma, se precisa de una estructura comunicativa bien organizada, con fieles y expertos aliados que sepan bien cómo modular el mensaje, tanto en volumen como calibrando el tiempo, momento y oportunidad de su difusión. Y claro, a más dinero se ponga, mayor y mejor amplificación.

4- El arte de manipular el dato. De cien datos posibles sobre un determinado asunto, el tramposo elige minuciosamente los dos o tres que apoyen su discurso y le confieran veracidad. Si no se consigue ocultar totalmente los demás, los que vendrían a deslegitimar su teoría, buscará la forma de relegarlos a la categoría de irrelevantes.

5 – Una historia redonda. El comunicador tramposo consigue crear una idea simple, de apariencia muy lógica y fácil de entender, para que el receptor del mensaje la compre en seguida y la asuma como inapelable.

6 – Descalifica, que algo queda. Aunque todas las acusaciones sean falsas y debidamente refutadas, siempre quedarán restos que mancharán la reputación del acusado, o al menos dejarán para siempre un rastro de duda.

7 – Desmontar al rival. Busca en el discurso del rival la frase o el argumento que, sacado de contexto, le puede dejar en mal lugar. Una vez encontrado, consigue que ese detalle, aunque sea una minucia, se agrande debidamente hasta caracterizar la totalidad de aquel discurso.

8 – El que da primero, da dos veces. La mentira, dicha antes que la verdad, llega a más gente que la posterior respuesta. Una noticia potente puede acaparar grandes espacios y, si resulta ser falsa, la rectificación posterior suele publicarse en un ínfimo recuadro.

9 – Convence y vencerás. Por lo general, estos personajes no conseguirían hacer calar sus falacias si no fuera por haber desarrollado un carisma especial, un magnetismo irresistible. Se trata de tipos que dominan la escena, y aparte de saber lo que la audiencia quiere escuchar, saben cómo decírselo.

10 – Siempre en nombre del pueblo. Y saben, claro, erigirse en la voz de aquellos de los que busca adhesión. Aún cuando en el fondo sabe que van a ser sus víctimas en cuanto consiga el objetivo al que le van a aupar. Estos nunca lo sabrán o no lo reconocerán, y por más que vengan a advertírselo, no harán caso. Seguirán incondicionales de su verdugo.

En fin, cada uno puede hacerse a la idea y reconocer a este personaje en su vida, en su trabajo, en su país… o en otros países del mundo. No son nuevos, siempre existieron y dejaron su impronta. Pero, como decíamos antes, hoy gozan de muchos y más efectivos recursos para llegar al público, conectar con él y hacerse creíbles. Y ya no se hacen tantas películas con final feliz ni se impone la cordura con la misma facilidad. Así que sabemos, y saben ellos bien, que hasta el más insospechado tramposo puede ganar todas las partidas y hasta la final. ¿Es casualidad que contemos esto hoy? Pues seguramente no. ¿Y la imagen escogida? Pues miren, tampoco.

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1 Comment

  1. Pues tienes toda la razón, y lo has explicado francamente bien…pero creo que falta el otro elemento importante, que es que el receptor de ese mensaje quiera o permita el engaño. Esto es, en la sociedad actual, cualquiera con acceso a internet no puede escudarse en la falta de información. Cualquiera que pueda leer y escribir (y aun ni siquiera) no puede responsabilizar a otros de sus decisiones. Y por tanto, puede concluirse que hay una absoluta pereza y comodidad en la gran mayoría de la sociedad, que prefiere escuchar consignas simples, a informarse y pensar sus propias opiniones. Y eso es peor, porque los sistemas educativos tienden a simplificar nuestro pensamiento. Las autoridades no dan circensis, y el panem a veces, pero habiendo circensis…quien necesita panem, que caray!
    Así, nos hemos convertido en una sociedad decadente, y ya sabemos cómo acaban las sociedades decadentes…sic transit gloria mundi…
    Miedo sí que da. Al menos un poco
    Saludos,

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