Industria, ¿una asignatura menor?

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Se dice y se escribe que uno los desafíos más importantes que tiene este país en el horizonte es la reindustrialización. El peso del sector industrial en la economía española ha ido menguando en las últimas décadas, y actualmente representa en torno al 13% de nuestro PIB. Esa ha sido y es una de las causas de nuestra precariedad. Una Industria fuerte genera empleo más estable y mejor remunerado. Es mucho más permeable que otros sectores a los ciclos económicos negativos. Invierte mucho más en I+D que por ejemplo la Agricultura o la Construcción. La Unión Europea nos ha señalado como objetivo que llegue a representar el 20% de nuestro Producto Interior. Y desde diferentes foros económicos y empresariales se reclaman políticas industriales decididas y valientes, encaminadas, entre otras tareas, a fomentar el crecimiento de nuestras empresas, que es lo que les permitirá ser más competitivas y que innoven más.

Sin embargo, la composición del nuevo ejecutivo, anunciada ayer mediante escueta nota por el presidente de Gobierno, introduce, entre las escasas novedades y el aroma a continuidad, el desmantelamiento del Ministerio de Industria como tal. El imponente y gris edificio de La Castellana queda subordinado al anexo que alberga el Ministerio de Economía. Por lo tanto, el nuevo titular de esta cartera será De Guindos, que lo incluirá entre sus competencias -entre las que ya se contaba Innovación, heredada del antiguo Ministerio de Ciencia y Tecnología. Se presume que, a falta de ministro, se nombrará un secretario de Estado de Industria, algo que también se reclamaba desde el ámbito empresarial, pero se suponía que bajo la tutela de un ministerio específico. Y se desligan de Industria las competencias de Energía y Digitalización.

Este último detalle también resulta chocante. Se nos viene diciendo, avisando, que la inminente Cuarta Revolución Industrial, también denominada Industria 4.0, irá estrechamente ligada a la revolución digital. La inteligencia artificial, el Big Data, Internet de las Cosas, la computación en la nube… son tecnologías que están entrando de lleno en la producción industrial, y ésta ya no se va a concebir sin ellas. España ya se perdió otras revoluciones industriales, y nadie duda -o nadie dice que no- que encaramarse a esta cuarta puede ser la última oportunidad de incorporarnos por fin al tren de las economías que lideran el mundo. Pero si potenciar nuestra industria y modernizarla pasa por abordar la transformación digital de las empresas, ¿por qué ahora desvincular una estrategia de la otra? A no ser que nos estén despistando, y lo de “Agenda Digital” -como lo han llamado en la denominación de ese ministerio que también comprende Energía y Turismo– sea otra cosa, por ejemplo equipar con tablets a los altos funcionarios.

En fin, todos estaríamos de acuerdo en que una política industrial acertada es clave para elevar la nota de este país. Entre otras cosas, porque de una industria fuerte y moderna dependen que otras facetas, como el empleo y la transformación del modelo productivo español. No es una asignatura menor, y su ubicación en el nuevo organigrama de gobierno no parece otorgarle, a primera vista, la prioridad que habría de merecer. Claro que, ¿Cuál es la relación de prioridades cabe de deducirse de la consolidación en un mismo ministerio de competencias como Educación, Cultura, Deporte y la Secretaría de Estado de Comunicación? ¿O Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad? Por ejemplo…

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