Información forofa y educación

Forofismo informativo

Vamos a intentar recuperar un poco de perspectiva. Tomar partido una vez se ha informado puntual y certeramente sobre un hecho, no deja de ser una práctica legítima por parte del periodista o del medio de comunicación. La objetividad a la hora de servir la información no está reñida con la subjetividad en el momento de valorarla, siempre que ambos escenarios queden bien y claramente delimitados.

Muy diferente es si esa información se da parcelada, destacando intencionadamente unos aspectos y obviando otros, a fin de ofrecer una visión limitada e interesada. Entonces estamos hablando de manipulación. Se pretende contar los hechos de una determinada forma para que la audiencia los interprete de la manera que conviene al medio emisor de la noticia, que generalmente es la que determina el ente que está detrás.

Pero si ya se está opinando antes o durante la acción de informar, estamos ante un caso flagrante de intoxicación, promovida por el sectarismo o el forofismo en cualquier ámbito de la vida. Se cuente luego lo que se cuente, cuyo enfoque será, por otro lado, perfectamente previsible, pues responderá fielmente a la opinión vertida de antemano. Como ejemplo referencial de esta práctica se nos viene enseguida a la mente la Telemadrid de estos últimos años –concretamente desde 2004-, que ha ejercido un estilo puramente propagandístico, mucho más allá de la subjetividad, y sin ningún respeto ni atención a la ética periodística ni a la noble función de informar. Sí cabe destacar que desde el relevo en la dirección de informativos que la cadena acometió en febrero –pendiente todavía la nueva ley que rija esta televisión que en su día fuera pública-, se viene observando, al menos, un tratamiento más razonable de la actualidad: se tiende a informar en primer lugar, y ofreciendo un mayor abanico de ángulos.

Hoy tenemos que citar como ejemplo, y mira que nos da apuro, al espacio radiofónico deportivo El Larguero, de la Cadena SER. Su director, José Ramón de la Morena, arrancó el programa de anoche con una encendida toma de posición respecto de una acción polémica en un importante partido de fútbol recién disputado. Todo lo que después se informara y más tarde se analizara, opinara y debatiera sobre el partido en cuestión, y todo lo que manifestaran los comentaristas propios o invitados, ya quedaba condicionado por la sentencia que el director había emitido de inicio.

Es cierto que este periodista, como otros deportivos y más en concreto futbolísticos, no tiene ningún reparo en declararse seguidor de un determinado club. Parece que no paga peaje, en el ámbito de la información deportiva, el hecho de ser reconocido como fan de uno o de otro. Bien, admitamos esas licencias en el deporte, pero ello tampoco debería afectar a la labor de informar correctamente. Se puede ser partidario de unos colores sin ser forofo. El director o presentador de un programa puede abrirlo informando de lo que ha sucedido en el partido, reseñando que ha habido una situación polémica, una expulsión controvertida que según unos –los perjudicados- ha influido decisivamente en el resultado final. Luego abrir espacio a la opinión y, en efecto, opinar abiertamente. Cada oyente –o el televidente, que también vale para el caso- se quedará con el punto de vista que más le cuadre, que obviamente será el que favorezca al equipo de sus amores.

Hay que decir que ese forofismo informativo nos rechina cuando se ejerce a favor de unos y en detrimento de otros. Pero cuando vamos todos juntos no le ponemos ninguna pega. En el ámbito deportivo, cuando se trata de una selección española o de uno de nuestros deportistas bandera, casi todos los periodistas se convierten en auténticos hooligans y nadie se lo censura. Nos escandalizaríamos si escucháramos a profesionales de otros países informar así cuando uno de los suyos juega contra uno de los nuestros. Nos sonrojaríamos nosotros mismos si fuéramos capaces de evadirnos del contexto y analizar fríamente lo que se está contando y cómo. Es lo que alguna vez hemos denominado nuestro nacional patriotismo deportivo, que nos viene muy de antaño, y en el que no hemos evolucionado ni llevado a cabo transición alguna.

Pero más allá del deporte, que es otra historia y como digo parece que admite otros usos más festivos, la información forofa –o militante- se ejerce hoy prácticamente en todos los ámbitos de la actualidad. Por lo general se tiende a superponer, y muchas veces anteponer, la opinión a la información. No hay más que fijarse con mínimo detenimiento en las portadas de importantes diarios, en las aperturas de relevantes informativos audiovisuales, y más al detalle en los titulares de las crónicas o en la estructura de las mismas. Qué decir de la selección, la ubicación y el espacio concedido a las diferentes noticias, una forma implícita pero muy elocuente de posicionarse.

Lo preocupante es que no parece que la mayoría del público advierta esta intoxicación, y si lo nota, posiblemente no le importa. Hemos dado por normal que un medio o periodista sea de estos y que otro sea de aquellos. Es más, según su pelaje, se sigue fielmente a unos o se ignora a otros. ¿Es cuestión de que tenemos el espíritu crítico poco desarrollado? ¿O es este también un grave problema de Educación?

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