¿De qué mujer es el día…?

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Para empezar, no me creo un día de la Mujer, como no me creería un día del hombre ni veo que haya que dedicar una fecha a la madre, al padre, a los enamorados, al no fumador o al que compra calcetines por Internet. Todos los días son de todos, y cada uno cuando se levanta sabe a quién celebrar, evocar, reconocer o regalar. Y no hace falta que se lo recuerden, o no debería hacer.

Pero ya qué estamos, este otrora más conocido como Día de la Mujer Trabajadora y ahora por extensión de todas las mujeres, que empezó a celebrarse en 1911 en unos pocos países, ¿a quién va dedicado realmente? Como muchas informaciones son estacionales y la originalidad no es que abunde, estos días encontramos en los medios abundantes contenidos sobre figuras relevantes en las escenas política o empresarial; historias de éxito de personas que superaron su condicionante femenino –sí, lo sigue siendo demasiadas veces y en mundos no tan lejanos- para hacerse valer y triunfar; o machacones informes sobre la persistente desigualdad que sufren en materia social y económica, por ejemplo en lo que se refiere a retribución salarial. Sin ir más lejos, este que incide en que la brecha salarial de género en España es la sexta más alta de Europa. No seré yo quien les reste visibilidad. Al contrario, que se difundan, y así lo hago.

Pero también me parecería justo mirar más allá. Porque estas informaciones en realidad ilustran a mujeres que de alguna u otra manera consiguen defenderse, que tienen voz y poder de decisión, y que van dando pasos adelante, sí es verdad que con alguno hacia atrás intercalado en su trabajosa marcha. Mucho les ha costado y les está costando, pero están ahí y nos recuerdan diariamente –insisto, no sólo hoy- lo machista, sexista y desaprensiva que ha sido nuestra sociedad y en no pocos aspectos lo sigue siendo. Nos pegan duro y a la cabeza –en sentido figurado o tal vez no- y aunque a veces nos quejemos –o argumentemos que “a mí no…”-, la gran mayoría de las veces tienen razón.

Pero me gustaría pensar también en quien ni siquiera tiene todavía esa oportunidad, ese escape. En Burkina Faso se acaba de prohibir el matrimonio forzoso de jóvenes menores de 18 años. Ahora toca que los padres de esas niñas lo asuman y cumplan la ley, seguidamente que puedan avanzar en el acceso a métodos anticonceptivos y a información sexual, y algún día que se vean liberadas del estigma social. Este país ha dado un paso adelante con respecto a otros, en los que una ley así resulta aún impensable. Y aparte lo que determinen los gobiernos, para un sinfín de familias y colectivos supondría una aberración.

En Afganistán o Pakistán funcionan ONGs que emplean sus fondos en adquirir autobuses seguros para llevar a las niñas al colegio. Porque de otra manera no podrían ni proponerse ir. No hace falta imaginar por qué, no son precisamente las distancias, el frío o los imponderables del viaje lo que se lo impediría. Lo excepcional del caso de Malala no fue que sucediera, sino que sobreviviera, y sobre todo que en todo el mundo llegáramos a saber de ella y de aquello.

¿Cosas de salvajes africanos y de fundamentalistas musulmanes? Pues no, miren: Reina Marka tenía miedo de contarle a su marido que la habían nombrado presidenta de una asociación de agricultores del altiplano boliviano, a cuyas reuniones hacía poco ni la admitían, ni a ella ni a ninguna mujer. Y todavía anda la pobre recelosa sobre si su marido andará molesto, a vueltas con la conciencia por si ha descuidado a sus niños… Y en fin, en España hay más de 20.000 mujeres de 45 años buscando su primer empleo, por la pérdida de ingresos familiares y porque nunca habían tenido la oportunidad de trabajar antes. Por lo demás, ¿qué decir de las noticias de sucesos que salen casi por semana, muchas de ellas de cualquier barrio cercano? ¿O de esa civilizada y cristiana Europa que ha decretado la expulsión colectiva de todos los refugiados –gran mayoría de madres con sus niños- que lleguen a Grecia? Menos mal que Putin ha felicitado a las rusas “suaves, brillantes y encantadoras”. Y que en Valencia han inaugurado los semáforos “paritarios”, con figuras femeninas con falda y todo. Esos sí que son grandes avances.

Volviendo pues al principio, ¿de qué mujer es el día? Yo me voy a quedar con todas, incluidas muchas que no he nombrado ni referenciando. Pero por favor, tengamos en cuenta a aquellas. Y que conste que de unas y de otras, mañana me voy a acordar igual.

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P.D. Como hace un año por estas fechas, las obras que ilustran este post las he tomado prestadas de Juan Álvarez Domingo.

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