Belmonte entre pecho y espalda

Mireia Belmonte

¿La han visto, la han mirado bien a Mireia esos pedazo de brazos, esa espalda interminable, con su mirada limpia, acuosa y absolutamente marina? Quien inventara el concepto de sirena debió inspirarse en alguien o algo que se pareciera a ella. Ahora ya no la dicen que se arruga en la alta competición, en las piscinas grandes, que llega gorda a los campeonatos, que sí, que se lo decían hasta en su propia federación. Desde los JJOO de Londres ya no se atreven. Y con la popularidad que conquistó entonces gracias a sus dos medallas, con la vida social que se le abrió de para en par y con los follones que surgieron con su club, se pudo pensar que hasta ahí había llegado, que entrenar se le iba a hacer insufriblemente duro y pesado.

Y ha sido todo lo contrario. Con su entrenador francés –lean a Diego Torres, que sabe infinitamente más que yo de esto- ha seguido trabajando y puliéndose, en realidad entrenando como una bestia. Y entregándose al máximo en la competición. Con medallas en olimpiadas y mundiales, podía haberse tomado con tranquilidad estos europeos de Berlín, elegir las pruebas más idóneas, reservarse en fin para las citas que vienen, teniendo en cuenta que Río 2016 es su gran objetivo en el punto de mira. Pero qué va. Ha nadado lo suyo y hasta lo que nunca había sido suyo, las aguas abiertas, se ha desdoblado para nadar un montón de veces al día, dos finales en dos minutos como se metió el jueves –que decían que ese esfuerzo lo iba a pagar- y otras dos en 15 minutos como se ventiló ayer. En realidad, es lo que hace todos los días durante las siete horas de trabajo que se mete, nunca mejor dicho, entre pecho y espalda. Y dice que cuantas más modalidades pruebe, más opciones de medalla. Así de sencilla la explicación.

Lo de Mireia Belmonte en estos Campeonatos de Europa no ha sido ya el obvio el exitazo de las seis medallas, dos de ellas de oro. Ha sido una lección de coraje. Un stress verla salir y volver a la misma piscina, como los niños que no saben salir del agua, pero dejándose los pulmones en cada carrera. Y luego terminar con esa sonrisa. Inhumana Belmonte, y luego tan humana cuando se ilumina así.

No ha sido Mireia la única. La natación femenina ha dado un salto de calidad en estos europeos. Jessica Valls, Judit Ignacio.. y eso que que ha estado ligeramente por debajo Melani Costa, nada menos que subcampeona del mundo en 400 libres el año pasado en Barcelona. Algo está pasando con las chicas de las piscinas. Las del Waterpolo se zambulleron en oro hace un mes las de Budapest (Piscinas de Budapest), y las de natación han dado una gran nota en las de Berlín. En esto no son ni van a ser las mejores del mundo. Pero son buenísimas, qué más queremos.

Mireia Belmonte, foto Michael Sohn AP

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