¿Quién mató al columnista?

Quién mató al columnistaDecididamente, el vídeo no mató a la estrella de la radio, pero alguien sí se deshizo del columnista. Quiero decir en su acepción genuina, porque gente que llena las columnas de los periódicos y los espacios digitales sí que abundan. Pero no es eso. La Opinión es un género sobradamente extendido –hoy ciertamente más que la Información, hasta el punto de invadirla casi sistemáticamente- y susceptible de adoptar muy variadas formas. Y sin embargo, el Columnismo fue otro género en sí mismo, más ligado a la crónica –mensaje interpretativo- pero permitiendo ciertas licencias formales, de acuerdo al estilo del periodista, aparte de los condicionantes de un espacio y una periodicidad determinadas.

Una fuente tan al uso y tan poco académica como Wikipedia nos ofrece una definición de columnista bastante genérica y abierta. Pero en uno de los párrafos sí resulta bastante acertado: “Para desarrollar su actividad, el columnista recaba información de muy diversas formas: realiza entrevistas, establece contactos con fuentes acreditadas o se persona en los lugares donde se desarrollan los hechos tales como convenciones, eventos deportivos, foros, comparecencias parlamentarias o actos sociales. Una vez obtenida la información, la analiza y escoge lo más relevante como objeto de su columna desarrollando su argumentación y vertiendo sus (opiniones) de acuerdo a los hechos presenciados o los datos obtenidos”. Si cambiáramos el término “opiniones” por valoraciones, esa sería una descripción casi perfecta.

Porque he ahí la gran diferencia: el columnista valora sobre las informaciones que maneja, algunas muy privilegiadas en función de la calidad de sus fuentes, y lo que ofrece son elementos para que el lector se forme una opinión. Por supuesto que no es ajeno a una ideología, pero eso se denota en el enfoque, en los datos que prioriza, en las propias fuentes de las que bebe. Pero no emite afirmaciones categóricas. Algunos columnistas han sido en realidad grandes investigadores, y de su trabajo de topo, telefoneo y cotilleo, han salido grandes revelaciones. El ejemplo más célebre es el de Bernstein y Woodward, que no eran sino columnistas del Washington Post.

En España hemos tenido grandes columnistas en el periodismo político de los primeros años de la transición: de izquierdas, de derechas y de centro. Pero más allá de su afinidad ideológica, sabían manejar los códigos del género y ofrecían verdaderas delicias periodísticas. Unas te hacían pensar, otras te hacían reír a la vez que te informaban, otras simplemente te mantenían muy al tanto de lo que se cocía en los fogones de los partidos y de los gobiernos. Voy a citar a Pedro Rodríguez, a Pilar Urbano, a José Luis Gutiérrez o a Ramón Pi. Y caben más en la lista, cada uno que los leyera podría añadir los suyos. Luego unos se murieron, otros se dedicaron a escribir libros, biografías o novelas, a dirigir periódicos y eso no era lo suyo… o se casaron con una determinada ideología o partido. Pero en general, a hacer otra cosa que ya no era propiamente columnismo.

Unos evolucionaron hacia la opinión pura y dura, desde luego mucho más cómoda, ya que no requiere de tanta gestión, contacto y contraste de informaciones. Otros directamente al espectáculo. Porque los que abundan hoy, como he leído por ahí y creo que muy acertadamente descrito, son los que actúan como en un show. Curiosamente, las tertulias radiofónicas en nuestro país derivan del columnismo, las primeras que se programaron en las emisoras de los ochenta venían con ese estilo. Después derivaron a lo que en su mayoría hoy son, y que cada uno las califique como prefiera.

En efecto, nos constan muchos periodistas –y algunos muy buenos- que en los últimos tiempos han preferido pasarse al espectáculo. En el ámbito del periodismo deportivo podríamos citar a Manolete, Tomás Roncero, Jordi Martí o Tomás Guasch (en serio, mejores periodistas que lo que mucha gente se cree). En el periodismo político, nos faltarían dedos en la mano para contarlos, algunos han dado en dirigir sus propios medios, que en sí mismos son una opereta. Unos y otros optaron en su momento por cambiar de oficio y explotar su faceta más histriónica –y la más fanática, en según qué casos-, seguramente porque les pagan más y se lo pasan mejor. Y a lo mejor también porque gran parte de su audiencia, más que informarse, prefiere divertirse y reafirmarse, escuchando lo que le gusta escuchar.

El caso es que el verdadero columnismo ha muerto en este país, o vive en estado de coma inducido, esperando que alguien lo despierte. Podríamos salvar ciertas loables iniciativas en el periodismo en Internet, de las que hemos hablado aquí ( El Periodismo 2.0 en obras ), la mayoría de ellas intentando sobrevivir en modelos de negocio leoninos. Pero por lo general, en la escena mediática española, lo que en realidad se está practicando es el columnaje, o pongamos el relleno de columnas con materiales en general de muy poca calidad.

Aquí he pescado esta crónica sobre un Congreso de Columnismo celebrado en 2012, en la que se vierten algunas opiniones interesantes. Eso sí, no se vayan a pensar que todos los que ahí aparecen son exactamente columnistas.

4 Comments

    1. Sí, ya temía que por ahí me iban a dar. He mencionado a cuatro: De Tomás Guasch leí unas memorables entrevistas a viejos ídolos del fútbol, me estoy acordando de una a Gallego, aquel central del Barcelona y del Sevilla; Jordi Martí era, y creo que sigue siendo, director de contenidos en Radio Barcelona; los otros dos posiblemente son de menor nivel, pero de Malonete recuerdo crónicas de partidos bastante coherentes; y Roncero era redactor de deportes en El Mundo y cubría principalmente baloncesto, por ejemplo el Mundial junior que ganó España en el 99. Lo que hacen hoy día NO es periodismo, creo que lo he dicho claro.

      1. YO HE LEIDO: podríamos citar a Manolete, Tomás Roncero, Jordi Martí o Tomás Guasch (en serio, mejores periodistas que lo que mucha gente se cree)….. PERO NO SE…..

        DESDE LUEGO LOS VIDEOS DEL RONCERO EN CRACKOVIA SON DE LO MEJOR…….

  1. Sí Vicente, esas líneas son mías, y están contenidas en un párrafo que, si se lee entero, creo que se entiende perfectamente. No obstante, pido perdón si no me he explicado bien. Roncero cambió la profesión de periodista por la de bufón porque sale en más sitios y gana más. Eso es lo que quería decir.

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