Lund, la ciudad de las ideas

El Expreso Nórdico, Capítulo V

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Tres universidades suecas figuran entre las 100 mejores del mundo de acuerdo con el ranking Shanghái, cuya última actualización ha sido publicada recientemente: la de Upsala, la de Estocolmo y el Karolinska Institute, también en la capital de este país. Y muy cerquita de ese top 100 se encuentra la Universidad de Lund. Sólo que Lund es una ciudad de apenas 80.000 habitantes. Fue la primera en fundarse en Suecia, quizás porque todo esto –la provincia de Escania y por añadidura la región de Öresund– fue territorio conquistado a Dinamarca, y se trataba de “suequizar” a sus habitantes, valga y perdónenme la expresión. Pero si hablamos de educación superior e investigación, estamos en el primer centro de toda Escandinavia. Con 40.000 estudiantes y más de 6.000 profesores, su notoriedad y peso específico en esta pequeña localidad es evidente.

La recorremos en coche y parece que fuera la ciudad la que queda dentro de la Universidad. Luego, a su abrigo se creó Ideon, el mayor parque científico y tecnológico del país, incubadora de jóvenes empresas de alto contenido innovador. Ernesto Varas, que es chileno de nacimiento y desde los 12 años también sueco, se vino a Lund a estudiar, empezó a trabajar en una empresa de aquí y ya se quedó a vivir. Le debía una visita, y ahora me enseña todo esto, yo creo que encantado y orgulloso. Ser estudiante en este mundo es algo sustancialmente distinto a lo que entendemos por nuestras latitudes. En status, en nivel de exigencia y calidad de la enseñanza, en organización, en ayudas del estado -aquí se puede vivir estudiando si uno se aplica bien a la tarea-… y no digamos en medios. La Facultad de Ciencias tiene su propio observatorio astronómico. La amplitud y profundidad del programa académico sencillamente abruma, de lo muy técnico a lo muy humano, aquí puedes estudiar desde Música a Vuelo pasando por Teatro, Igualdad de Género o ingenierías y ciencias sociales que ni imaginabas que existieran. Ciertamente, si trajéramos aquí a un ministro de Educación español, no alcanzamos a imaginar cómo reaccionaría, pero patas de gallo sí que le saldrían.

09082013720Otro motivo de orgullo de Lund es su hospital, en el que también ocupa un plano fundamental la investigación. Conocido es que en Suecia la Sanidad es un servicio cien por cien público, sustentado por elevados impuestos que revierten en una cobertura total, de alta calidad y para absolutamente todo el mundo. Y hay que hacerlo funcionar. Por ejemplo, para evitar los colapsos en los centros asistenciales, las enfermeras ejercen de filtro, de manera que el médico sólo te atiende si llevas tres días con fiebre. Claro que nada es perfecto nunca, y siempre se busca la forma de mejorar. Planteado está ahora el debate de si ciertos servicios sanitarios específicos deberían prestarse desde el ámbito privado, o semi-público. “Ustedes tenían el modelo perfecto, un sistema mixto y bien equilibrado”, me comenta Ernesto. Me sorprendo y admiro de que eso se lo diga un sueco a un español, y al mismo tiempo me devora la rabia por dentro. Porque no hace falta que yo le diga adónde se ha ido aquello, él lo sabe perfectamente, por eso lo menciona en verbo pasado.

La mañana en Göteborg la habíamos empleado en un largo y estimulante paseo por el puerto, a lo largo de una de las orillas del Göta älv, no nos atrevimos a tomar el barco en parte por el tiempo, se había levantado soleado pero esos nublados venían traicioneros; y en parte por el tiempo, a las 12.00h teníamos que salir. Algo de pena nos da dejar el hotel flotante, y ya perfectamente conocido el camino a la estación, tras un apresurado almuerzo nos dimos a las tres horas de tren, que esta vez sí nos permitieron apreciar en buena medida el paisaje costero de esta parte baja del país. Nos suenan por diferentes motivos nombres de ciudades que pasamos como Bastad, Helsingborg o Landskrona. El viaje es una sucesión de orilla y bosque, verde y azul, nubes imposibles y súbitas apariciones, como la que nos sobreviene en los últimos veinte minutos de trayecto. Al llegar a Lund ya hemos recuperado la manga corta, Ernesto me ha recomendado el Stayat, que más que hotel son apartamentos, y allí estaré poco tiempo pero como un rey. Si algo falta, Emilio –nombre real y poco sueco- estará al quite, pero nada me va a faltar. Por cierto, está en Laboratoriegatan, calle del Laboratorio, en sueco las calles son gatan y las plazas torg. Primero en coche, después a pie por calles por supuesto empedradas, es un placer el aroma a sabiduría que se respira por cualquier rincón. La sede central de la Universidad, la Biblioteca, el Jardín Botánico, más y más facultades, los locales de las Nations, las organizaciones en las que se agrupan los estudiantes y organizan su vida social, casi todas con nombres de ciudades suecas. La Catedral, magnífica y rotunda, es del siglo XII y después leeré que se trata posiblemente de la obra románica más importante en toda Escandinavia.

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Estamos en la Ciudad de las Ideas, así es como la llaman, sólo con lo que llevamos contado ya resulta obvio por qué. Y después del paseo, también será buena idea una estupenda cena al aire libre en Stortorget, para entendernos esto es como la Plaza Mayor, en lo que resulta ser terraza, bar, café, club… y por estas fechas y a estas horas parece el centro neurálgico y alma de la ciudad. Annika Soderberg, que entiende perfectamente y sonríe cuando la dices “guapa”, nos llena la mesa de sentido y argumentos. Vino francés –del español ni hablamos o ni se habla; marisco nórdico –de eso ya podemos hablar nosotros más; y potente hamburguesa del excelente vacuno que hay por aquí, y por cierto no lo habíamos dicho. Le agradezco a mi anfitrión el detalle y, hasta donde el cuerpo aguante, conoceremos el ambiente nocturno ya que es viernes y nuestra última noche en Suecia. También aprenderemos que una caipiriña con doble medida de alcohol cotiza a unos 14 euros. Entre barra y barra, a cuál más densa, tensa o tersa, según lo miremos, es un gusto salir a dar una vuelta por estas calles y plazas, tranquilas y a la vez concurridas, como en un pueblo de verano en fiestas. Sólo que donde estamos es en una ciudad con más de 1.000 años de historia y sabiduría. Y de ideas.

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