Ya estamos de lleno en el Mundial 2026. En plena fiebre, y eso quiere decir que ya se nos ha olvidado todo lo que decíamos y renegábamos de él antes de que comenzara. Aunque todo aquello siga siendo cierto y estando ahí. Pero el fútbol lo puede todo y, una vez nos imbuimos en esta vorágine de partidos a horas y deshoras, parecemos enajenados, nos interesa hasta lo que hagan Egipto o Australia. Es lo que tienen las primeras fases de los mundiales. La menos decisiva y, sin embargo, la que nos engancha con su ritmo frenético. Luego, ya se irá pausando. A medida que queden menos partidos y, sobre todo, menos equipos, menos países, el interés ya se irá concentrando. Para algunos, lo que hará es desaparecer.
Y, como también pasa siempre, las primeras fases dan mucho que hablar. Se perfilan las favoritas, se atisban las decepciones y se barajan los jugadores que se postulan para convertirse en las grandes figuras del campeonato. En concreto, el aparato marketiniano y propagandístico de este circo que es la Copa del Mundo no se puede quejar. En estas dos semanas han aparecido la mayoría las grandes estrellas: Messi, Mbappé, Halland, Cristiano, Kane, Vinicius, Dembelé… No han empezado precisamente escondiéndose. Que uno haya visto, y me remonto a más de 50 años, es la primera vez que un jugador termina esta fase de grupos con seis goles. Está claro que los cambios introducidos en el reglamento, unos acertados y otros estrambóticos, sí se están reflejando en que se marcan más goles.
Pero hay algo que no debemos olvidar los aficionados. En la primera fase no se gana el Mundial. En todo caso, se puede perder. Esta vez, ninguna de las grandes favoritas –Uruguay no lo era- se ha descabalgado, como sí ha pasado en otros mundiales, también porque el nivel de los grupos era en general inferior, al haber abierto el campeonato a 48 países. Pero no todas, claro, han dejado la misma impresión. ¿Y eso significa algo? Posiblemente, nada. Como que otras hayan deslumbrado. Podríamos jugar a repasar lo que hicieron las campeonas de los últimos mundiales en esa primera fase. Y lo que nos sale es:
En España 82, a los jugadores de Italia no les iban a dejar volver a su país, incluso algún cargo de su federación dijo que, si por él fuera, los metería en la cárcel. En Alemania 2006 pasaron casi de incógnito. En ambos casos, venían de sendas grandes crisis derivadas de escándalos con las apuestas y los amaños de partidos.
Francia dejó más que dudas en la primera fase de su mundial de 1998 y además perdió a Zidane por dos partidos debido a una de esas expulsiones inoportunas que se buscó en su carrera. En Rusia 2018, pasaron sin problemas, pero tampoco enamoraron, que se diga.
Argentina pasó sin grandes alardes en México 86, más allá de las pepitas de oro sueltas que iba dejando Maradona, luego ya sería una mina. Y en Qatar 2022 sudaron tinta china, lo que no hizo más que alimentar las dudas que venían acompañando a esa selección y en especial a su líder y referente, Leo Messi, a quien por entonces llamaban ‘pechofrío’ y hoy lo tienen, y ya saben lo que quiero decir, por encima del mismo dios.
En cuanto a España, a punto estuvo de borrarse de la lista de favoritas -que lo era- en Sudáfrica 2010. Podríamos recuperar los originales escritos y las grabaciones con las lindezas que le dedicó nuestra prensa, y muy especialmente al seleccionador, Vicente del Bosque, tras los dos primeros partidos.
Pero también tenemos ejemplos que nos dicen lo contrario. Brasil ya presentó su firme candidatura en esa primera fase de Estados Unidos 94. Y ocho años después, en Corea y Japón 2002, lo que anunció fue que Ronaldo Nazario estaba felizmente de vuelta. En Italia 90, Alemania recordó a todo el mundo que siempre es candidata al título, algo que no opinaba mucha gente al empezar aquel campeonato. Y en Brasil 2014, también dejaron claro que venían muy en serio.
Apliquemos o apliquémonos los cuentos. Veamos lo que decimos ahora y lo que diremos después. Ahora tenemos a Francia y Argentina como las que nombra todo el mundo como favoritas. En un segundo escalón aparecen Alemania, Inglaterra, Brasil, Holanda… y España, que una vez más nos dejó helados en su debut y después ha salvado los muebles, sin más. Más atrás parece Portugal, pero no se fíen. Y se cita a Estados Unidos y México, nunca favoritas por lo que son, pero sí con el plus de ser anfitrionas.
En el capítulo de las revelaciones, se habla de Japón o de Colombia, de Ghana o de Costa de Marfil… tampoco es la primera vez que se habla de ellas. Y ahí está Marruecos, que ya sabe lo que es llegar a semifinales. Estos no serían una revelación. La sorpresa, por ahora, sin duda es Cabo Verde, posiblemente la selección con menos ranking que ha superado una fase de grupos de un Mundial. Y por delante de Uruguay, una de las grandes decepciones junto a Turquía y Escocia, esta como siempre que acude a un Mundial.
Sí podría llamarse la atención sobre algunos detalles. Es verdad que la profusión de países ha abierto mucho el abanico y ha abaratado el pase a esta inédita ronda de dieciseisavos. Pero fijémonos en que, por ejemplo, África ha clasificado a nueve de las diez que concurrían. En cambio, Asia a sólo dos de ocho, teniendo en cuenta que una de ellas es Australia, que obviamente no es asiática, pero sí a efectos de la confederación en la que juega. De las seis centroamericanas, sólo han avanzado las tres anfitrionas.
Y si los mundiales de fútbol suelen marcar tendencia, ya sabemos de una que se va a quedar para todas las competiciones, también las nacionales: los partidos de cuatro tiempos, al estilo americano. Porque ya no es una pausa de hidratación, sino, evidentemente, una pausa para la publicidad. ¿Qué competición, qué UEFA y qué Liga se va a privar de esos suculentos ingresos?
Pero esto es de lo que se habla hoy, porque no podemos estar sin hablar y que no nos falte. El Mundial empieza ahora. No el que deslumbra. El que se gana…
(Foto: © Reuters – Kai Pfaffenbach)