Estamos en todo lo alto del Mundial 2026. Porque, posiblemente, los cuartos de final son el momento álgido. Cuando aguardan cuatro partidazos que van a definir el cuadro honor y, sobre todo, los que se terminen jugando la Copa del Mundo. Y cuando ya sabemos, unos desde hace tiempo y otros hace nada, los que no la van a ganar. Estas son unas micro crónicas, más bien llamémoslas apuntes, de lo que nos está llamando la atención. O, con tanto ya dicho, de lo que tengamos algo que decir.
Messi es Argentina
Si ya ascendió a la condición de dios que tanto le negaron, ¿qué necesidad tenía Leo Messi de echarse otra vez a la espalda a todo su país? Pues no solo lo está haciendo, sino que está dando la mejor versión de sí mismo. A día de hoy es, sin duda, la principal figura de este Mundial. Números y goles aparte, su impronta casi mesiánica, la inusitada pasión que siente y transmite, lo han convertido en la imagen con más fuerza del campeonato. Otra cosa es cómo continuará la película. Porque en esta Argentina de Scalloni, que presumía de ser una de las selecciones más compactas y equilibradas entre talento y trabajo, lo está siendo todo él y hará falta más de algunos otros. Y porque están caminando demasiado sobre el alambre. Ante Egipto, quizás algo más que Dios -el que escribimos con mayúsculas- les vino a ver. Claro, que el funambulismo, a veces, también gana títulos.
Brasil, lo que había…
La realidad los ha puesto otra vez en su sitio. Brasil lleva ya muchos años lejos de la cumbre futbolística en la que durante décadas habitó. Por no tener, no le queda ni aquella personalidad que irradiaba en cuanto salía a jugar el primer partido de cada mundial. Después de este nuevo fracaso, como suele suceder, todas las miradas increpantes se dirigen al entrenador, y más tratándose de una personalidad como la de Carlo Ancelotti. Creo que él sabía muy bien, como todos sabían, lo que tenía en esa selección. A lo que además hubo que descontar lo que se le quedó por el camino –Rodrygo, Militao, Estevao, Raphina, que ya se intuía que, aunque estuviera, no iba a estar… Al final, lo que armó Carletto fue un equipo con lo que tenía: dos centrales contrastados, Casemiro en el pivote y la pegada que le quedaba arriba. Con eso fue sacando los partidos, sin alardes, pero con oficio. Pero si contra Noruega te hace aguas incluso lo que tienes, fallas un penalti, desperdicias ocasiones tan claras, Vinicius no es capaz de montar una sola de las suyas, los centrales no pueden con Halland… ya se complica mucho el asunto. Con todo, el partido se mantuvo igualado… hasta que entró en el campo Neymar. Ahí ya jugaron con uno menos.
Las luces de Francia
La que jugó contra Suecia en dieciseisavos no es que resultara la Francia más hermosa que se ha visto con Deschamps. Es que recordaba, para quien nos acordamos, a la Brasil que enamoró en el Mundial 82 -que, por cierto, no lo ganó. Parecía que el habitual músculo se hubiera transformado en luces que iluminaban todos los caminos a sus cuatro mosqueteros de la delantera y a sus dos centrocampistas -lo que al inicio del campeonato se antojaba un suicidio. Lo también cierto era que, hasta entonces, los bleus no se habían enfrentado a equipos que defendieran especialmente bien. Senegal sí los mantuvo a raya en el primer tiempo, pero en el segundo se despendolaron, aceptaron el partido de ida y vuelta y ahí la clarividencia y finura de Olise los mató. Contra Paraguay ya fue otra cosa. Ahí ya lo vieron todo más oscuro. Pero finalmente, encontraron una linterna en forma de penalti y ahí están. Por cierto, qué fino se le ve a Mbappé en este avanzado momento de la temporada…
Portugal no aprende
Cualquiera, desde fuera, lo vemos bastante fácil. Portugal tiene una generación de futbolistas histórica, completa y llena de talento. Pero esta selección vive hipotecada. Sigue jugando por y para Cristiano Ronaldo. Si el que ha sido grandísimo delantero tuviera a sus años algo de grandeza y humildad, aceptaría esperar en el banquillo, salir los últimos 15 o 20 minutos, entero, con el instinto de gol que aún le queda en las venas. Y a lo mejor, su selección ganaba cosas muy importantes y él coronaba su carrera como héroe. Pero no. Él tiene que jugar todos los minutos y capitalizar todo el juego de ataque. El seleccionador, como seguramente el anterior y el que venga, no se moja. Si preguntas a los portugueses, posiblemente el 99% están de acuerdo con que Cristiano juegue hasta las prórrogas y los partidillos de entrenamiento. Entonces, no se van a complicar la vida. Gonçalo Ramos salió del banquillo y marcó el gol que les dio el pase frente a Croacia. Contra España no jugó ni un minuto.
Inglaterra, pura materia prima
Inglaterra es posiblemente, a lo largo de la historia, el equipo más pertinaz. Mira que ha tenido entrenadores de todos los pelajes, y buenas generaciones de futbolistas, y casi nunca se le ha visto jugar realmente bien. Quiero decir fluido, sabiendo a lo que juega, con un plan en función de la gente que ha tenido. Y esta es igual. Se decía que era Southgate quien no daba con la tecla. Ahora ha llegado el sargento Tuchel y no se aprecian grandes cambios. Siguen tirando de su materia prima. En la que nunca faltaron ingentes dosis de profesionalidad, pero ahora también las hay de talento. Además, con Harry Kane en pleno estado de madurez y acierto, liberado de aquel estigma de que no ganaba títulos. Como también les sucedió en la última Eurocopa, se las ven y se las desean para solventar los partidos, pero al final apelan a la calidad de sus jugadores. Lo que les viene faltando, y vamos a ver si el alemán se lo da, es la convicción de que, 60 años después, pueden ganar un gran título, porque cuando esa copa ‘vuelva a casa’ ni la va a reconocer. Por cierto, qué activo y fresco se le ve a Bellingham en este mes de julio, después de una larga temporada.
España, ¿de quién…?
No sé por qué se empeñan algunos periodistas en que esta España tenga que ser de alguien. La España de Lamine Yamal, de Pedri, de Rodri… esta selección que entrena Luis de la Fuente es de muchos buenos jugadores que conectan muy bien. No es cierto, como también han dicho, que en la Eurocopa fuera de Lamine y Nico. Fue un sensacional equipo con Lamine y Nico. Y ahora, cuando parece que se reencuentra con su mejor versión, vuelve a ser coral. Con Olmo, Oyarzábal, Merino… Cada uno tiene su momento y podemos esperar que otros lo tengan, de la misma forma que no es un equipo con una sola forma de jugar -por más que con esto también se obcequen algunos, qué manía con eso del estilo. Volviendo a esa Eurocopa 2024, si recordamos los partidos, España ofreció diferentes perfiles contra Alemania, contra Francia o en la final con Inglaterra, con marcadores a favor y en contra. Sea como sea, después de las dudas iniciales, ahora estamos arriba del todo. Es verdad que en el devenir de este Mundial hay muchas cosas que recuerdan al de 2010. Pero para que termine igual, queda mucho por remar. En cuartos, ante Bélgica, somos muy favoritos. Ellos serán, no nosotros, los que habrán de saber cómo gestionarlo.
Otras que se despeñaron
Alemania, como Brasil, tiene también un problema. Que desde que ganara el título en 2014 no sea capaz de superar las primeras fases no es propio de una selección que históricamente nunca fallaba. Y en su caso, no es que le falten buenos jugadores. Más bien sea quizás un problema de personalidad, ¿dónde están aquellos líderes? Y si a estas dos grandes sumamos a Italia, tenemos que las tres más laureadas en los mundiales andan en horas bajísimas… A lo mejor, algo sí está cambiando en la hegemonía del fútbol.
Holanda no llevaba una selección, a priori, para aspirar a ganar ese Mundial con el que sueñan desde hace 50 años. Pero también fue mala suerte que, después de liderar su grupo y hacer bien los deberes, ofreciendo además una buena sensación, el cruce le dieciseisavos les enfrentara contra una selección como Marruecos. Los penaltis determinaron que unos sigan ahí, aspirando a mucho, y los orange lleven ya dos semanas en casa.
De Senegal se esperaba bastante más. Su puesta en escena contra Francia fue prometedora, pero después se deshicieron, o les deshizo Olise. Con todo, mantuvieron sus expectativas, estaban virtualmente clasificados para octavos, ganaban 2-0 a Bélgica en el 86… No ha sido la única africana que no ha sabido gestionar resultados que les podían haber llevado más alto. Miren ayer Egipto. De las nueve que superaron la primera fase, en cuartos sólo queda una.
Uruguay siempre será histórica, otra cosa es que la historia no siempre te mantiene en lo más alto. A este Mundial llegaron con muchas dudas, entre ellas, las que mantenían los jugadores con el entrenador. Marcelo Bielsa ha estado en tres mundiales con tres selecciones y no ha tenido, la verdad, suerte en ninguno. Tanta intensidad, a veces, no es la mejor receta.
Por lo demás, Croacia se ha marchado con la cabeza bien alta, dando un ejemplo de coraje y resistencia. Lo que pasa es que hay vidas y glorias que no se pueden estirar ya más. Y eso que no me atrevo a descartar del todo que Luca Modric juegue aún otro Mundial. Sus despedidas son como las de Miguel Ríos.
Goleadores
No será lo nunca visto, pero sí desde hace muchísimos años. Más allá de los 13 goles de Fontaine en Suecia 58 y los 11 de Gerd Müller en México 70, los mayores registros con que se ha ganado la bota de oro del Mundial desde entonces han sido los ocho de Ronaldo Nazario en Corea y Japón 2002 y otros tantos de Mbappé en Qatar 2022. Pues resulta que, con sólo jugados los octavos, Messi lleva esos mismos ocho; Mbappé y Halland, siete; y Kane, seis. Y todos ellos siguen en competición. ¿Hasta cuántos van a llegar? Lo que está claro es que los patrocinadores y toda la maquinaria de Marketing del campeonato están que se frotan las manos. ¿Qué mejor manera de vender el producto que con tus estrellas en lo más alto?
Y la cacicada…
Ha tardado en llegar, porque uno pensaba que llegaría antes. Pero aquí la hemos tenido con la suspensión de la sanción al delantero estadounidense Balogun. Cosas así nos las temíamos desde antes de empezar el campeonato, dado el contexto que rodea a su celebración, las circunstancias del país donde se celebra y el talente del presidente de ese país. Extrañaba lo callado que Trump había permanecido durante veintitantos días, más aún cuando el conflicto en Irán ha entrado en una fase de puntos suspensivos -más que de resolución- y ya sabemos que este hombre necesita estar en primera plana permanentemente. Pero finalmente no ha decepcionado. Lo perpetrado ya está ahí y lo que habrá que ver es el precedente que deja.
La situación quizás más parecida que recordamos viene de nuestro mundial, en 1982, cuando un jeque kuwaití bajó al campo del estadio de Valladolid para exigirle al árbitro del Francia-Kuwait que anulara un gol de los franceses porque un silbato procedente de la grada había despistado a sus jugadores. Y el gol se anuló. Pero aquello lo recordamos como una anécdota bizarra. Ahora hablamos del presidente de Estados Unidos intercediendo ante el presidente de la FIFA en favor de la selección de su país. Y lo más escandaloso no es eso. Es que Giovanni Infantino se plegara a la petición y retorciera el reglamento para que su valido y valedor se salga con la suya. Lo que, sin embargo, no le ha servido para que Estados Unidos pase a cuartos. Cuidado, no descarten que la pataleta pueda tener efectos aún mayores.
Claro, que tampoco podemos olvidar la mayor cacicada perpetrada en la historia del fútbol. Que es reciente, de este año sin ir más lejos, pero como ha sucedido en África, parece que nos quede muy lejos. Marruecos, que no dudamos que es la mejor selección de su continente hoy día, es campeona de África por una decisión tomada en los despachos. Porque la tumultuosa final que jugó en casa ante Senegal, la perdió. Es algo que tampoco tiene precedentes, y dicen que este país es ahora la niña bonita de Infantino. Puede que sean habladurías, pero momentos y decisiones vamos a tener pronto para comprobarlo.
Lo dicho, estamos en cuartos, en la cumbre del mundial. A partir de aquí, todo será cuesta abajo. Para bien y para mal…
(Foto: Kaskar5Z7)