El chatoperiodista… que viene

Por encima de políticos, artistas o deportistas, la estrella mediática de este inicio de año no es otra que ChatGPT. Un sistema de inteligencia artificial basado en modelos neuronales que ya es capaz de expresarse y escribir muy razonablemente, seguramente mejor que muchas personas. Cierto que, una vez más, en lo que se escribe estos días sobre el famoso robot hay mucho sensacionalismo y también mucho oportunismo. Pero también hay realidad, no se crean. La entrevista que le hace mi admirado colega Antonio Lorenzo le presenta como un “tipo” bastante honesto que viene básicamente para ayudarnos a las personas; en cambio, Esther Paniagua desmonta en este artículo las exageradas expectativas generadas en torno a él, revela muchas de sus carencias y advierte de que podría no ser tan inofensivo y servicial. El País le ha sometido al examen de Historia de España que se hace en las pruebas de acceso a la Universidad (selectividad para nosotros, EVAU para los de hoy) y lo ha aprobado por los pelos. Y en fin, en un acto de esta semana, un músico profesional nos contó que, al preguntarle sobre si sería capaz de componer, le confesó que nunca, “porque yo no tengo sentimientos ni emociones”.

Pero uno de los temas de conversación más recurrentes sobre ChatGPT es sobre su posible papel, utilidad o amenaza en el periodismo. Porque, efectivamente, parece haber sido creado, entre otras funciones, para ejercer de futurible periodista. Vaya por delante que una cosa es lo que conocemos ahora y otra lo que veamos en poco tiempo, porque la tecnología galopa y es perseverante. Recordar que Gary Kasparov derrotó a la primera máquina creada por IBM (Deep Blue) para jugar al ajedrez procesando millones de jugadas en tiempos imposibles para el ser humano. Pero ya no pudo con la más perfeccionada (Deeper Blue) que le pusieron delante un año después. Y de eso hace ya un cuarto de siglo. No será de extrañar, por lo tanto, que en unos años o en unos meses nos presenten un nuevo ChatGPT capaz de discernir mucho más y mejor, sin muchas de las limitaciones que nos dicen que hoy tiene.

Pero ciñámonos a lo que este “becario” -o llamémosle chatoperiodista sabe hacer hoy, según nos cuentan. O, mejor dicho, según él mismo le cuenta a Antonio Lorenzo: “puede automatizar algunas tareas como la generación de resúmenes de noticias o la escritura de artículos básicos”. Sin embargo, reconoce que no podrá reemplazar a un periodista “ya que la creatividad, el análisis crítico y la interpretación son habilidades humanas que aún son esenciales en el trabajo de generar noticias, análisis y contenido y son difíciles de automatizar”. Ya digo que, en esta entrevista, el robot se nos presenta bastante buen chico.

Una cosa está de momento clara en la relación entre máquinas y personas, y es que las primeras no pueden tomar decisiones, luego estás quedan en nuestro campo. Efectivamente, podemos estar seguros de que, en los medios y en otros ámbitos, las decisiones las seguirán tomando los humanos. Pero la cuestión es qué humano las tome. Porque, por ejemplo, el editor de un medio de comunicación puede decidir que, con un artefacto como este, se puede cepillar a cinco redactores. Hay revistas sectoriales, publicaciones online temáticas y generalistas y hasta algunos periódicos de los de toda la vida que se confeccionan mayoritariamente a base de notas de prensa, comunicados oficiales y noticias servidas por las agencias. Por lo que se ve, este nuevo redactor automático es perfectamente capaz de generar con toda solvencia ese tipo de contenido, y no sólo eso, posiblemente resuelva en una mañana el trabajo que hacían los otros cinco en una jornada completa. Pensaría entonces el editor que bastará, eso sí, con un redactor-jefe que seleccione las noticias, revise los textos redactados por ChatGPT a fin de solventar cualquier malinterpretación o probable error de contexto, y cubra presencialmente los eventos informativos más relevantes, ya verá luego si escribe él mismo la crónica o le suelta al robot la grabación o las notas tomadas a mano para que la elabore, que hasta capaz puede ser de eso.

Si decimos una redacción de cinco o seis personas, podemos estar pensando en una publicación sectorial especializada, de periodicidad semanal o mensual. Pero también pueden ser cada una de las secciones -nacional, internacional, economía, cultura, deportes…- de un gran diario nacional. Entonces, empecemos a multiplicar. Y ya sabemos que la salud económica de la gran mayoría de los grupos de comunicación de este país no es precisamente boyante. Por no decirlo claramente: es ruinosa. A día de hoy, no creo, sinceramente, que se empiecen a tomar esas drásticas decisiones. Sí me figuro que pongan a uno, primero por imagen, luego para ayudar en redacción y otras tareas. Y más adelante, ya veremos… Emisoras de radio han empezado a “fichar” para sus programas a “colaboradores” de voz creada por inteligencia artificial, con resultados más que flojitos por ahora, que dan que pensar que es más por acuerdo comercial con la empresa que los vende. Pero, una vez más, no subestimemos el avance tecnológico ni, mucho menos, la imperiosa búsqueda de la eficiencia, la productividad, la puesta en valor… en una palabra, la rentabilidad.

Por otro lado -y aquí ya pasamos de escépticos a malvados-, se nos dice, y reconoce el robot, que las máquinas nunca (o ‘nunca digas nunca jamás’) van a tener creatividad, análisis crítico e interpretación, además de otras aptitudes como comunicación, trabajo en equipo, gestión de las emociones, compromiso con las empresas o los proyectos… Totalmente cierto, ya digo, por ahora. Pero si hablamos en concreto del periodismo, y siento en el alma decirlo, da la impresión de que estas virtudes se valoran cada vez menos. Y no por carencia de los periodistas, sino por designio de las empresas. Entre otras cosas, porque la mayoría no las dirigen periodistas. Las grandes compañías, entidades bancarias, fondos de inversión, familias y grupos de interés que integran los Consejos de Administración de los grupos editoriales atienden al puro resultado económico, y no se preocupan demasiado de si los trabajadores de sus empresas son más o menos creativos o trabajan bien en equipo. Y si hablamos de sentido crítico, en algunos grupos y sus medios hasta estará mal visto. Porque más que periodistas con criterio y recorrido, a veces se prefieren soldados que escriban al dictado. Y para esto, los robots son perfectos.

Pero saliéndonos un poco de estos tintes dramáticos, podríamos jugar a discernir si algunas de las hazañas y peripecias informativas de estos días podrían haber sido ejercidas por la capacidad e instinto periodístico de ChatGTP. A saber:

  • La letal pinza urdida por El Mundo con Begoña Villacís, publicando la entrevista en la que declara sus intenciones de dejarse querer por el PP el mismo día que revela las reuniones “secretas” que mantuvo con el número dos de este partido, de manera que la traidora resultó implacablemente traicionada. NO. Ni la máquina más maquiavélicamente diseñada sería capaz de tamaña maldad.
  • Publicar una entrevista a una gran figura literaria el mismo día que tu principal competidor. . Bien porque denota falta de perspectiva, o bien porque, en este caso, el humano (Mario Vargas Llosa) fue más listo y engañó a las máquinas (El País y El Mundo). Todo esto, mientras no haya algo que se me escape.
  • El culebrón Shakira-Piqué, que depara nuevos episodios, tik-toks y dardos mutuos cada día. NO. Porque se supone que ChatGPT no tendría acceso ni capacidad para valorar las gráficas de clics en las noticias. Claro, que podría aprenderlo.
  • Participar en los incendiarios debates en las tertulias futbolísticas radiofónicas o televisivas. NO. Imposible, si se supone que las máquinas no tienen emociones.
  • Cierto columnismo y tertulianismo político de hoy. NO. Tampoco tienen vísceras.
  • Cronificar el balance de la situación del país que hagan Pedro Sánchez o Alberto Núñez-Feijóo en cualquier comparecencia. . Se saben de antemano, se pueden dejar escritos antes de que se produzcan.
  • O la agenda política diaria de Isabel Díaz Ayuso. . Vale con poner la foto.
  • O la vida de Pablo Iglesias alejado de la política. NO. Ni las máquinas son tan ingenuas.
  • Analizar e interpretar los sentimientos, sensibilidades e inquietudes de Núñez-Feijóo hacia Isabel Díaz Ayuso. NO. Ni los humanos podemos.
  • Las informaciones de estos días sobre los excelentes resultados obtenidos en 2021 por las principales entidades bancarias españolas. . Porque además de absolutamente previsibles, en la mayoría de los casos el trabajo se reducía a fusilar las respectivas notas de prensa.
  • Las flechitas hacia arriba o hacia abajo con que cada día se “obsequia” a personalidades de la vida política y económica. . Porque basta con cargar en la memoria del robot los nombres, debidamente asignado si deben ir siempre hacia arriba o siempre hacia abajo.
  • La información sobre las sesiones parlamentarias y, sobre todo, en las asambleas autonómicas. . Porque como no tiene sentimientos, no podría dimitir y salir corriendo.
  • Una semblanza de la trayectoria política e intelectual de Ramón Tamames. NO. Se le saltarían las válvulas.

Pero en fin, mientras ChapGTP aprende, que no tengo ninguna duda de que lo va a hacer, lo que podemos hacer nosotros es cuidar y esforzarnos por ser todavía mejores. Eso pasa, inevitablemente, por hacer valer nuestro trabajo. Y convencer de lo que vale. Significa dejar en lo posible de aceptar ciertas cosas, como lo que se paga por ahí. El buen periodismo es difícil y, por lo tanto, vale dinero. El otro, lo podrán hacer las máquinas y que lo consuma quien quiera. Pero a esa tarea deberemos aplicarnos todos. Porque con uno que se raje… Y ese es nuestro problema.

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