El que llora el último…

Sí, en los mundiales lo que vale es reír el último, pero en las primeras fases toca hablar del que llora el último. Porque ya no va a hacer nada más. Aquí no se gana el título, se pierde. Y ya sabemos los que se han caído del cartel. Es todo un drama, futbolístico se entiende, depositar tantas esperanzas y verte fuera en la primera criba. Para todas las selecciones, porque todas vienen con ilusiones. Para las que además iban de favoritas, una tragedia.

Y como el fútbol de hoy es como es, la línea entre la risa y el llanto es finísima, se vive en el alambre de partido en partido. A la última jornada de esta fase de grupos llegaron sólo dos selecciones eliminadas de las 32. Otras tres estaban ya clasificadas, luego han sido 27 las que han apurado sus esperanzas, las que se lo han jugado a la última carta. Unas, como Argentina, empezaron llorando a lágrima viva y han terminado emborrachados de risa -esta noche empieza otra historia. Otras, como España, comenzaron con una sonrisa de oreja a oreja y se les hizo un nudo en la segunda parte ante la intrépida Japón. Respiran, pero entrecortado. El fútbol siempre fue ilógico y esa es una de sus grandezas, pero el de selecciones hoy es caótico.

Y siempre se la pega alguna de las grandes, eso ya lo avisábamos. Aquí, Alemania como máximo exponente y por segundo mundial consecutivo. Los tiempos están cambiando y en el fútbol también. Si nunca habíamos visto a Italia perderse un Mundial, llevamos ya dos sin ella. Si nunca habíamos visto a Alemania apearse a las primeras de cambio, ya va la segunda. Sumado a su fracaso en la última Eurocopa, algo deben mirarse en aquel imperio acostumbrado a rozar siempre la gloria mundial y tocarla de lleno aproximadamente cada 20 años. Están en tiempo y volverán, pero aquí los alemanes empezaron en sollozos y han terminado ahogados en sus lágrimas. Puede decirse que apelaron a su orgullo al final, lo que sólo les valió para salvar a España. Los de Luis Enrique no les salvaron a ellos.

No ha sido Alemania la única ilustre descabalgada. Bélgica, Uruguay, Dinamarca y si me apuran Ecuador, estaban llamadas a llegar más lejos y a demostrar más. De uruguayos y ecuatorianos se puede alegar, sin quitarles sus deméritos, que les ha faltado algo de suerte. En el caso de los celestes también les han sobrado la mala puntería y alguna decisión arbitral. Belgas y daneses no tienen defensa que valga. Se han estrellado sin remisión.

Por lo demás, estas dos semanas de atracón de partidos siempre dejan cosas, unas permanecerán por los años y otras se diluirán en la memoria en cuanto lleguen las eliminatorias y los momentos cumbre. Me voy a quedar con la valentía -o más bien heroica osadía- de los jugadores de Irán, eso no creo que se olvide y además espero que no. También los gestos, más o menos explícitos o velados de algunas selecciones al principio de los partidos, con mención especial a los jugadores alemanes. Pero si lo miramos, ha sido noticia en las primeras jornadas, después la vorágine del fútbol ya ha ido dejando en segundo plano estas cuestiones. Así son las cosas, así somos… En lo puramente futbolístico, el golazo de Richarlison, las paradas de Szczesny, la motivación de Messi, momentos de Brasil, momentos de Inglaterra, el último partido de Argentina, por supuesto el primero de España… y sobre todo, la locura, la imprevisibilidad y la incertidumbre, que han dado vida a esta fase y en general han estado por encima de lo que se dice buen fútbol.

Y claro, en la otra cara de la moneda, no vamos a dejar de acordarnos de lo que nos ha rechinado. Empezando por el pertinaz cinismo de la FIFA, que después del discurso hortera y falso de su presidente, amenazó directamente a los equipos que anunciaban exteriorizar su disconformidad con la situación del país donde se juega. Después, cuando a su manera cada uno lo ha hecho, ha reculado, porque sabía que ese pulso lo podía perder. Hablemos también del desbarajuste arbitral: no es el VAR ni la tecnología, son los que lo usan, los protocolos, los criterios tan a menudo incoherentes. Para arreglarlo más, en este mundial, entre las diferentes salas que han habilitado -AVAR, OVAR, SVAR…-, resulta que cada partido lo dirigen… ¡10 árbitros! y de cuatro o cinco países diferentes. Así es muy difícil que las decisiones sean ágiles y claras, no digo ya justas. También recordar que, en un alarde de apuesta por la igualdad, la FIFA incluyó a tres árbitras entre los 129 trencillas seleccionados. Después de 48 partidos, sólo una ha pitado como árbitro principal.

Pero el Mundial empieza ahora. Ya no cuenta nada de lo hecho hasta ahora, las buenas sensaciones o las malas de estos tres partidos. La historia de la Copa del Mundo tiene escritas muchas páginas de grandes equipos que deslumbraron en la primera fase y fueron borrados de un plumazo en cuanto llegaron los partidos de pierde y paga. Puedo recordar a Brasil en el 82, a Dinamarca en el 86, a Argentina en 2006… Y de otras de selecciones que pasaron sin pena ni gloria, o incluso rozaron el abismo, y luego fueron campeonas o finalistas. Me vienen a la memoria Holanda en el 78, Francia en 2006, la mismísima España en 2010, Italia tantas veces… Ahora es cuando se empieza a ganar.

Por lo demás, estos octavos de final no van a brindar esos choques de trenes que depararon anteriores ediciones. Sin ir más lejos, los de Rusia 2018 nos dejaron un Francia-Argentina o un Uruguay-Portugal, los de Brasil 2014 un Colombia-Uruguay, los de Sudáfrica 2010 un Alemania-Inglaterra y un España-Portugal… Sí podrían darse enfrentamientos de lustre en cuartos, pero claro, si las ‘grandes’ pasan, y ahora mismo no se puede poner la mano en el fuego por nadie.

Y en estas, ¿qué va a ser de nuestra España? Pues eso, imposible calcular. Nuestra selección -y el país que la sigue- ha pasado en ocho días de la euforia desmedida a la depresión absoluta. La mejor noticia es que estamos vivos. La peor, que quizás muy tocados después del sofocón de Japón. Lo esperanzador, que bajar los humos siempre nos ha venido bien. Tras el festín del debut ante Costa Rica, hasta los que renegaban de esta selección y su seleccionador “porque no les representan” se enteraron de que había Mundial y se apuntaron al siguiente partido. Ahora, claro, han retomado su discurso fatalista, cuando no negacionista. Pero el martes, día de la Constitución, unos con los ojos bien abiertos y otros de reojo aunque disimulen, todos vamos a estar muy pendientes del duelo con Marruecos. Un bonito partido. ¿Y qué pasará? Pues échenlo a los dados y a lo mejor aciertan.

Pero en la incertidumbre, lo mejor es disfrutar. Queda mucho fútbol, goles, ilusiones, también disgustos y, sin duda, sorpresas. Nosotros no lo contaremos todo, que para eso tenemos medios de comunicación que hacen un formidable despliegue. Sí que, a nuestra manera, dejaremos alguna jugada y algún pase en estas crónicas. Hasta aquí la segunda del Mundial 2022, el que tampoco vamos a Catar.

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