Relatos del periodismo de hoy

O también podríamos titularlo distopías, que lo mejor no lo son tanto, del periodismo que hacemos y consumimos hoy.

El director de un célebre programa radiofónico deportivo que anuncia a bombo y platillo el fichaje de una nueva colaboradora, una voz virtual guiada por inteligencia artificial. Qué poco imagina el pobre -pienso- que está quizás anunciado el principio del fin de su carrera profesional y la de sus compañeros, cuando dejen de considerarlos necesarios o resulten demasiado costosos para la empresa. Dicho de otra manera, ahora podrá hacer gracia, pero dentro de un tiempo puede que no tenga ninguna.

El reportero de calle que no se conforma con poner el micrófono a la gente, sino que se siente con potestad y capacidad para rebatir las opiniones que recoge, fundamentalmente cuando no concuerdan con los ‘ideales’ de su medio y con la pretensión del reportaje. Qué poco sabe que da igual lo bien que esté quedando con sus jefes, igualmente le despedirán cuando toque, y ya retratado, a ver dónde encuentra trabajo. Porque como tertuliano, dado el nivel demostrado, no creo que haga mucha carrera.

La publicidad que ya no es institucional, proporcionalmente repartida y de servicio público, sino de partido, arbitrariamente concedida y a discreción, al servicio orgánico o personal del pagador. Y claro, el medio que la acepta y acoge para sobrevivir a corto plazo. Porque la política no sabe de fidelidades y ese ingreso será generoso, pero no sostenible.

Los medios, tanto generalistas como especializados, que ya sólo publican información de sus clientes. Claro, y el que no paga porque no quiere porque no tiene presupuesto, se come los mocos. Si el balance al uso era 60% información/40% publicidad, ahora en esos medios es 20% publicidad/80% información subvencionada. No en todos, digo. En muchos, cada vez más…

Ese banco, antes caja, que genera ingentes contenidos informativos -además de los publicitarios y los patrocinados- y obviamente consigue que todo, absolutamente todo, le salga publicado profusamente. Puntualmente, los medios se curarán en salud criticando no a ese banco, sino a al sector en general, actuaciones concretas como la deficiente atención a las personas mayores. Pero pronto habrán informado de que justo ese banco ha reaccionado y mejorado notoriamente en ese aspecto. Para notarlo, dense una vuelta un día -si no lo hacen habitualmente- por alguna de sus modernas sucursales. Y para notar su omnipresencia mediática, tomen por ejemplo el primer periódico que encuentren, busquen y cuenten las veces que sale, se le menciona o es la fuente principal de la información. Los dossiers de prensa que manejen deben ir por tomos.

Esos estudios patrocinados, vendidos como rigurosos, que logran copar espacios y titulares para difundir una tendencia política, sociológica o de mercado determinada, siempre favorable, claro, a quien presenta el estudio. Y los medios que no se paran a cuestionarlos o contrastarlos. Se limitan a reproducirlos tal como se los sirven, sin quitar ni poner. A un primer ministro de Austria que se valía de estas prácticas le costó el puesto, yo ahí lo dejo…

Los tertulianos que diligentemente reproducen los postulados puntualmente recibidos a primera hora de la mañana en su whatsapp. Para eso, al otro lado del teléfono hace falta una maquinaria potente y bien engrasada, y hay quien la tiene, además con cargo al presupuesto público.

Las pantallas en las redacciones con gráficas en tiempo real de las visitas que recibe cada contenido según se publica. “Vamos regular ahora, chicos, lo del debate de los presupuestos no engancha, hay que subir lo del agujero en la falda…”.

La nueva asignatura de Redacción Periodística impartida por expertos en SEO.

Las empresas o agencias de representación de deportistas -futbolistas, eminentemente- que además actúan como agencias de comunicación. Y los periodistas deportivos que se dejan querer por ellas.

La retransmisión televisiva de un partido en la que, 15 minutos después de marcarse un gol, echan la repetición… de cómo lo cantaron en tal o cual emisora de radio. Y para ello abren una molesta ventana que impide ver el juego. ¿Qué interés pensarán que tiene para los telespectadores?

La retransmisión radiofónica de un partido en la que los narradores dimiten de contarlo para enzarzarse en sus tertulias, aunque no tengan nada que ver con lo que se está jugando, como si no tuvieran suficientes espacios para ese género en los diferentes programas deportivos que se suceden a lo largo del día. Hombre, por muy aburrido que esté el partido, posiblemente a los seguidores que no puedan verlo -y por eso ponen la radio-, les interesará saber lo que está haciendo su equipo.

Los medios de comunicación, de todo orden y sector, convertidos en organizadores de eventos. Entiendo que es otra fuente de ingresos y estos son de necesidad imperiosa. Pero no sé si estamos cambiando el orden y la lógica de las cosas. Aparte de que la mayoría no dejan de ser un formato más de lo que llamamos -y tan poco deseamos los que seguimos amando el periodismo – información patrocinada.

En fin, estos usos y prácticas, entre otros muchos otros, pueden verse y apreciarse hoy en los medios de comunicación de este país y suponemos que de todos. Es lo que hay y es como está el negocio. Pero créanme, de casi todo esto, el que menos culpa suele tener es el periodista. Aunque sea el más fácil de denostar… y sin embargo, es una víctima más.

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