Lo de las residencias ¿es constitucional?

Cuántas veces leemos u oímos que se apela a la Constitución española, hasta hay quien se llena la boca con ella, a propósito de cuestiones eminentemente políticas e ideológicas que a todos nos vienen a la mente. Del debate se pasa a la polémica y de ahí a montar el pollo. En última instancia, se acude a un tribunal que tiene la misión de determinar la constitucionalidad de las leyes y los decretos. Lo hace generalmente después de pasado largo tiempo, incluso cuando ya no nos acordamos de lo que se le pidió juzgar, y a menudo se pronuncia sin que consigamos entenderle.

Bien, pero hay ciertas cosas sobre las que no se lee ni se oye valoración ni opinión alguna en torno a si son compatibles con nuestra Constitución. Teniendo en cuenta que, ante todo, la Carta Magna es el libreto que contempla por defecto todas las cosas que pasan o pueden pasar en este país y que nos pasan o nos pueden pasar a los españoles en nuestra vida. Vamos con una de ellas. Teniendo en cuenta el artículo 10 que abre el Título 1, que alude la dignidad de la persona, y de los artículos 49 y 50, que se refieren respectivamente a los cuidados de las personas disminuidas físicas y al bienestar de los ciudadanos durante la tercera edad, y sin olvidar el 39, que reza que los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia, podríamos plantearnos:

Si es constitucional que una persona mayor o su familia -o ambos- tengan que terminar dedicando los ahorros de su vida a recibir los cuidados que van a necesitar en un momento dado y durante el tiempo que sea necesario.

Si lo es no tener otra opción que pagar entre 2.000 y 3.000 euros al mes por vivir en algo no mejor que una cárcel.

O quedar dejado de la mano de Dios (nunca mejor dicho) recurrentemente y no digamos en situaciones particulares de extrema gravedad, como fue la pandemia.

En fin, si la Constitución avala que hoy nuestros familiares y mañana nosotros seamos humillados y expoliados en el tramo final de nuestras vidas.

El cuidado de los mayores, ¿no debería regirse por los mismos criterios que la sanidad? Con un sistema público de residencias o atención domiciliaria al que pueda acceder absolutamente todo el mundo, de forma gratuita o, en todo caso, a un precio muy módico. Y luego que cada uno, en la medida que quiera y pueda, elija pasar esos años complicados en una residencia simplemente decente o muy lujosa, en un palacete para él solo o que contrate a un séquito de cien personas para su cuidado y mimo exclusivos.

Decía el político sueco Olof Palme que el problema no es que haya ricos, el problema es que haya pobres. La cuestión no es que pueda haber empresas que ofrezcan un determinado servicio y obtengan un beneficio en un régimen de libre competencia. La cuestión es que no podemos estar obligados a contratar un servicio esencial y menos en las condiciones en que se nos ofrece: a precios abusivos y encima sin una mínima garantía de calidad. Porque si no, no es rentable para esas empresas. ¿Y es constitucional que derechos fundamentales expresamente reconocidos puedan estar sujetos a criterios de rentabilidad?

La tormenta perfecta empieza por la escasez de plazas en residencias públicas y lo largo y burocráticamente complejo que es conseguir una. Entonces, la alternativa es una residencia privada, concertada o de gestión mixta -que al final no dejan de parecerse unas a otras. Ninguna es barata, eso de antemano. Pero además, sucede que la mayoría pertenecen a grupos empresariales que están respaldados por fondos de inversión, entre los que abundan entidades especuladoras que no tienen otra visión empresarial que entrar en aquellos sectores de actividad que son enormemente lucrativos -vivienda, sanidad, construcción, etc…- sin la menor especialización ni conocimiento de esos sectores y sin observar más que las cuentas de resultados que reportan. Como además esos fondos están bien armados jurídica y hasta políticamente y se caracterizan por tener los dedos finos y largos, influyen y presionan a las administraciones -autonómicas, principalmente-, básicamente para que no abran más centros públicos y encuentren vía libre para reclutar más clientes.

Hablamos entonces de macroresidencias que se saltan todas las normas, ratios de personal y supervisiones. Su modelo de negocio se basa en la ecuación de ingresar lo máximo gastando lo mínimo. Acoger a todos los residentes posibles, a la tarifa mensual máxima posible, y reducir al máximo los gastos “superfluos”: personal cuidador, personal médico, alimentación, equipamiento, limpieza… Sólo así les luce el negocio. Y cualquiera que haya estado o visitado alguna, sabe cómo son estos antros hacinados, sucios, inmundos, absolutamente desatendidos por un personal que, sencillamente, no da abasto y trabaja a desgana porque además está miserablemente pagado y considerado. Y que a veces lo paga con el pobre “cliente”. Sí, para el paciente o residente que cae en un sitio de estos, es el purgatorio antes de la muerte.

No hace falta recordar dónde se produjeron la gran mayoría de muertes durante la primera ola de la pandemia. Pero el problema existía antes y sigue existiendo después. Porque no parece haber suficiente interés en meterle mano. Las sociedades envejecen y la proporción de personas mayores seguirá en imparable aumento, con una mayor esperanza de vida, luego este un gran negocio con un espectacular futuro. Mientras se siga y lo sigamos permitiendo.

Hoy hay convocada una manifestación en Madrid por un modelo de residencias más justo y humano. Este es el manifiesto de sus convocantes. Pero es que a mí incluso me parece que piden muy poco. Quizás porque, aunque pidamos que la prestación de este servicio necesario mejore y sea un poco menos abusiva, lesiva y humillante, en realidad parece que tengamos asumido que nuestra decadencia no podrá ser mucho mejor.

Y a mí, llámenme ingenuo, me parece que no es cuestión de mejorar, que es el sistema en sí el que no se puede tolerar. Que es inconstitucional, sí. Y más cosas también…

En cuanto a la manifestación, ojalá vaya mucha gente y haga mucho ruido. Pero no se engañen, no esperen una gran cobertura en los medios. Mañana hay otra en Barcelona de la que se hablará mucho más.

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