Los extremos zurdos

No se asusten, ya imaginan que sólo vamos a hablar de fútbol. Y de especies que se han convertido en raras. Esta semana todos los futboleros hemos sentido, recordado, evocado y homenajeado al legendario Francisco Gento -porque este sí es leyenda, ahora que esa categoría tiende a abaratarse. Se ha dicho y escrito todo -me quedo con esta de Enrique Ortego en El País– y yo no voy a poder aportar más. Entre otras cosas, porque no le vi jugar. Pero sí he vivido gran parte de su legado y todo lo que significó. Entre otras cosas, el Real Madrid se pasó años fichando extremos izquierdos: Miguel Pérez, Aguilar, Anzarda, Pinino Mas, Guerini, hasta Cunningham…; o simplemente delanteros que llevaron el 11: Roberto Martínez, Jensen… Ninguno hizo olvidar a la llamada Galerna del Cantábrico.

Uno iba de niño al Bernabéu y oía a esa exigente grada quejarse, lamentarse y maldecir que aquellos que ocupaban el puesto ni se le parecían a aquel que les ponía en pie. Sí hubo uno que, años después, mitigó en parte aquel vacío existencial en la banda izquierda con sus explosivas internadas: Roberto Carlos. Ah, pero en teoría no era extremo, sino lateral. Sucede que, según se fue modernizando el fútbol, quedaron menos espacios y para sorprender en arrebato había que llegar desde más atrás. Ahora las expectativas se depositan en Vinicius, del que además puede decirse que ha tenido unos inicios en cierto modo similares a los de Gento. Pero para completar esa carrera todavía le queda… toda la carrera.

El caso es que, en el fútbol actual, los extremos puros se han convertido en un género a extinguir. Y sobre todo, los zurdos. Inspirado por Paco Gento, me ha dado por recordar los mejores que he conocido. Y no crean que me han salido tan fácil. Los puedo contar con los dedos de las manos, pero me sobran. Aquí van, con perdón de que me deje a alguno.

Oleg Blokhin. Ucraniano, aunque entonces soviético, recibió el Balón de Oro en los tiempos en que se los repartían Beckenbauer y Cruyff. Una máquina: eléctrico, técnico, goleador… Llevó a su Dinamo de Kiev a ganar una Recopa y a ser uno de los equipos más temidos de Europa en los setenta. Con la selección no tuvo la misma suerte. Se perdió los mundiales de 1974 y 1978 en lo mejor de su carrera, y cuando disputó el de España en el 82, ya había perdido energía y caché. Santiago Bernabéu mandó a Ramón Mendoza a ficharlo para el Madrid, pero ni sus contactos en aquella URSS le sirvieron para sacarle de allí.

Robby Rensenbrink. Ya escribí de él cuando murió hace justo dos años, fue uno de mis ídolos. El extremo izquierdo de la maravillosa Holanda -perdón, Países Bajos– del 74, pero después se convirtió en su jugador más prestigioso. Artífice del gran Anderlecht que ganó dos recopas, para entonces ya era un futbolista total, no sólo un extremo. Le comparaban con Cruyff por su clase, inteligencia y elegancia, pero lo que les separaba era el carácter. Robby era frío, apático e irregular. Cuando tenía el día, te ganaba el partido porque jugaba y hacía jugar a los demás. Cuando no, pasaba inadvertido. En Argentina le recuerdan mucho: la mandó al poste en el último minuto de la final de “su” Mundial, con empate a uno. En la prórroga, la albiceleste campeonó por primera vez.

Roberto Rivelino. Se le recuerda por ser el extremo zurdo de aquella delantera inconmensurable de Brasil en el 70 -con Jairzinho, Gerson, Tostao y Pelé. Pero luego ya fue más un interior. De hecho, poco le recordamos por correr la banda y sí por su clase infinita, sus pases de maestro y su golpeo de balón. Esa falta que le metió a Alemania Oriental colándola justo por el hueco que había dejado un compañero en la barrera… La “patada atómica” le llamaban en Fluminense. En fin, puede ir un poco cogido por los pelos incluirle en esta lista, pero le acredita ser reconocido como una de las piernas izquierdas más prodigiosas de la historia del fútbol. Inventor de la ‘viborita’, eso que tanto le gustaba hacer a Maradona.

Karl Heinz Rummennige. Otro que no lo fue toda la vida, de hecho empezó muy joven en el Bayern Múnich entrando por la derecha, y terminó su carrera jugando más de media punta. Pero llevando el 11 dio sus mejores años, los que le llevaron a conquistar dos balones de oro y a convertirse en el alemán de referencia en los años 80. Veloz y potente -decían que corría los 100 metros en 11 segundos-, a lo que sumaba habilidad en el regate, gran inteligencia y capacidad goleadora, no en vano manejaba toda la gama de remates. Nadie sabe cómo hubiera terminado el Mundial de España del 82 si no se hubiera torcido un tobillo en el segundo partido, contra Chile, después de hacer un hat trick.

David Ginola. Este es de los exquisitos. Su carrera puede contarse en una colección de píldoras mágicas, y en las asociaciones que formó con George Weah en el PSG, con Alan Shearer en el Newcastle o con Eric Cantona en la selección francesa. Pero en Francia le hicieron maldito por una jugada desafortunada que, según mucha gente y hasta el propio seleccionador, les costó no ir al Mundial de 1994 -la cuestión acabó en los tribunales. Se fue a Inglaterra y se reivindicó con las urracas y después con el Tottenham, donde fue elegido mejor jugador de la temporada en 1999. Madrid y Barça, varias veces, intentaron traérselo, pero siempre en sus clubs hubo alguien que le convenció para quedarse.

Marc Overmars. Este sí que era puro extremo, pero tanto izquierdo como derecho, porque se manejaba igual con las dos piernas. En realidad, una torre de ajedrez, porque también se desataba en carreras perpendiculares que culminaban en chutazos a puerta. Sumado a su velocidad y regate, pues uno de los más genuinos extremos de finales del siglo XX. Fue pieza clave del sensacional Ajax de Van Gaal que ganó la cuarta Copa de Europa -ya llamada Champions- en 1995. Después tuvo una grave lesión de rodilla, y cuando recaló en el FC Barcelona, seguía conservando su clase, pero ya no tenía aquella velocidad y potencia. Alumno de la escuela neerlandesa, ha sido de los más fieles al estilo de extremo clásico.

Ryan Giggs. Muchas biografías o fichas que consultemos ahora lo identifican como interior, esto es, centrocampista. Lo que pasa es que este galés jugó hasta los 41 años, y en los últimos ya se desenvolvió por ahí. Pero la mayor parte de su carrera la desarrolló como extremo izquierdo. Y siempre en el Manchester United, en cuya primera plantilla residió 24 temporadas. Es el futbolista más laureado no sólo de la historia de este club, también de Inglaterra. Eterno red devil, su fútbol encarnaba como nadie el espíritu de Old Trafford: rápido, incisivo, persistente, irreductible… y genial muchas veces, tanto que al principio de su carrera presumieron que iba a ser el nuevo George Best. A tan inmenso talento no llegaría, pero en carrera deportiva le ganó por goleada.

Y después ha habido estupendos carrileros o volantes izquierdos como Gordillo o Vercauteren, laterales con mucha llegada como Maldini o el citado Roberto Carlos, reconvertidos como Jordi Alba, delanteros que esporádicamente o en etapas de su carrera también jugaron por la izquierda, como Thierry Henry o Rivaldo… pero lo que se dice extremos zurdos, me han salido estos siete.

Y aún así, me da que tan extremadamente extremo izquierdo, desde el primero hasta su último día de fútbol, no ha habido o no he conocido otro como cuentan que fue el gran Paco Gento. Escrito queda para quien lo pueda rebatir.

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