Microrrelatos a quemarropa (VIII)

Qué mejores fechas que estas para compartir los microrrelatos a quemarropa de la nueva temporada. Aquí van seis, escritos entre septiembre y diciembre. Y como siempre, en muy poco tiempo, en medio de mucho trabajo y a partir de la frase que toca, que a veces parecen una venganza. Si fuera fácil, no los llamaríamos a quemarropa y además no les tendríamos tanto cariño.

Cómo ha cambiado…

Los primeros compases de la banda iniciaron las fiestas. La vida nos había cambiado tanto, pero al menos podíamos celebrarlas juntos después de estos años de recogimiento y tristeza. Nerviosos, excitados, ahí estábamos todos tan estupendos, la tía Asun, el tío Miguel, mi prima Ofelia, mis dos hermanos… los seis contando los minutos para el primer festejo. Las ganas de empezar nos podían, interminable la espera hasta que se oyó la detonación, se abrió el portón y salimos en estampida. Al final de la cuesta vimos esos cientos de toros, ataviados con sus pañuelos rojos, que ya echaban a correr… ¡A por ellos!

Mejor no preguntar

Descansaba durante el día, así que nunca veíamos al jefe por la oficina. Nos dejaba notas en la mesa o teníamos un correo esperando en el ordenador, siempre con instrucciones precisas. Los días de cobro, ahí estaba, puntual, el generoso sobre en el cajón de cada uno. De su vida no sabíamos prácticamente más. Apenas cuando salía citado en la prensa, también cuando llamaban preocupados los clientes, recibíamos amables visitas policiales o llegaban mensajes de condolencia a su desamparada viuda… señal todo, por otra parte, de que la empresa iba bien.

Miedos

Después se extinguían silenciosamente. Tan extrañas eran esas aves que entraban en bandadas, poblaban la casa, se reproducían… y misteriosamente desaparecían. Probamos a cerrar las ventanas, pero por algún conducto se colaban y llenaban las estancias. Me decías que en realidad eran mis miedos, que tomaban forma mientras no estabas, y cuando volvías, se desvanecían pacíficamente, tanto te necesitaba… Hasta esa noche que no llegabas, no respondías, recibí la llamada… y entonces fue cuando me di cuenta: los pájaros desaparecieron para siempre. Me costó reactivar mi vida, ya te imaginas, pero al fin supe quién era mi verdadero miedo.

Dichosos concursos…

Y pagar la entrada para acceder a él, solo falta que nos cobren ahora por participar en esta engañifa de concurso. Además, cómo ha bajado el nivel. Antes no te seleccionaban, pero veías a los elegidos y te descubrías: qué arte, qué ingenio, qué arrojo… Ahora, no les encuentro méritos ni habilidades que, por ejemplo, uno no tenga. Pero el colmo llega cuando me entero de que el tarugo de mi vecino ha salido nominado. Haciendo está las maletas para Dubai. Con lo torpe y soso que ha sido siempre, ¿qué basura de monólogo va a recitar mientras se tira del rascacielos? Ya no quedan buenos…

Carta náutica

Pero es su letra, sin duda. Y lo confirma todo. Se quedó a bordo. Tuvo oportunidades de escapar, de pedir ayuda. Pero prefirió no decirle a nadie que su nave hacía aguas. Presintió el desastre, escuchó los gritos de adentro y, sin embargo, optó por refugiarse en el silencio y el humo. Siempre creímos que la tormenta le sorprendió en un día tranquilo y no le dio tiempo a variar el rumbo. Pero en realidad, nunca navegó por mares en calma y no estaba dispuesto a dejarse rescatar. Dejó la carta en el fondo de un vaso. Ahora sé por qué…

Fiesta exclusiva

Quizás sea mejor no llevarles la contraria. Estos ‘tierraplanistas’ están hoy para pocos debates. También habrá que darles la razón a los ‘geocentristas’, más que nada por no oírlos. A los antivacunas, no vayamos a contrariarles, ni a los que reniegan del cambio climático, faltaría más… Yo, a lo mío. Ya tengo preparada una discreta hoguera en el jardín de la urbanización. Me falta cursar las invitaciones a la gran orgía insurrecta en mi apartamento del noveno piso, justo encima. No faltará de nada. Cuando ya estemos dándolo todo, les propondré salir a desparramar a la pista de baile flotante. Total, como la gravedad tampoco existe…

Y hasta aquí los de hoy. Nos quedan para otra entrega, que sacaremos antes de que terminen estas fiestas. Aquí podéis encontrar todos los publicados hasta ahora. Microrrelatos a quemarropa – Byenrique

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