Una palmera en…

Por dar una pista, digamos que no parece el lugar más propicio para que allí crezca una planta así. Luego ya me lo expliqué, y el asunto además tiene su miga. De hecho, pensaba titular con ella la historia de aquel corto viaje, pero el conocimiento de los hechos me hizo desistir. Del título y de la historia. Pero ¿dónde reside esta palmera solitaria? Porque, ya lo digo, no hay otra en toda la ciudad.

La luz puede ser delatora, aunque también podría engañar. Cabe deducir que no siempre será tan luminosa la escena, todo dependerá de a qué hora o en qué época uno se acerque por allí. Las nubes también nos podrían decir algo, pero tampoco hay que fiarse demasiado. Y no sé si el nombre de ese banco sacará de dudas, uno no puede asegurar que allí la gente guarde los yerros y deslices de su vida ni que el sector financiero sea tan nítidamente señalado.

Vamos a contar que se llega a esta plaza tras una intensa travesía, diríase imperial, por la que de día se escucha jolgorio y músicas de todos los géneros; de noche, los pasos. Entre otras paradas del camino, a la derecha el palacio presidencial, no diré quién vive hoy ahí; a la izquierda, un corazón amorosamente guardado por sus conciudadanos, que lo vieron partir, pero nunca volver. Y le recuerdan todos los días por cada rincón, no es ninguna exageración.

También apuntar que no faltó nadie en aquel puente de agosto, acudieron de todos los rincones del país. No se avanzaba por las calles viejas, no había iglesia que no celebrara una boda, no hubo manera de entrar al museo que evoca a un no bien recibido por ciertos negacionistas -o para ser exactos, el 27% de la población española. Y sí, aquí constatas que no fue un mito aquello de los bares, tiendas, hasta pueblos clandestinos apenas cruzar un discreto portal. Aquí existió y existe tal cual, aunque ahora más bien por otra razón.

Pero entonces llegas y te encuentras esto. Extraña entre la recia arquitectura, debió ser novedad y atracción en su día, pero hoy sólo el visitante asombrado repara en la pobre palmera. Ahí, dejada de la mano de Dios, del suyo para más señas. Si Sabina la hubiese conocido, seguro que saldría citada en aquella canción. Así está ella…

Y sí, bien podría haber sido de chocolate… o de ámbar si de material típico se trata.

P.D. Rescatamos hoy este juego, que en su día dio mucho de sí. Como solíamos, el que primero acierte dónde estamos (nombre de la ciudad) tendrá un premio… a determinar por el autor. Y me temo que hemos dado demasiadas pistas…

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