Entre los polos

Vivimos polarizados. En los extremos del cable. No hay forma de entenderse ni de acercar posturas. De mirarse siquiera. No son polos que se atraen. Antes, quizás. Ahora se repelen, cada vez con más fuerza.

Y no los soltamos, aunque ardan.

Del polo norte al polo sur, a uno u otro nos iremos todos a vivir cuando sean perfectamente habitables porque el hielo habrá desparecido. Ni rastro de vida en el resto de la inmensidad planetaria, desiertos los trópicos y desolados los hemisferios.

Cada vez distarán más.

Polo positivo o polo negativo, pero ya sin corriente que circule, aquello que llamábamos electricidad es hoy un estado de apagón general. O eres cátodo o eres ánodo, defínete. Y ni te atrevas a enviarle electrones al enemigo. No sea que las cosas vuelvan a funcionar.

Un páramo es aquel campo magnético.

Muy a la izquierda o muy a la derecha, no queda alternativa. Lo centrado no concita, lo moderado está mal visto, la voluntad de alcanzar acuerdos penaliza. La intelectualidad se abre como los mares, donde fueron océanos de saber hoy son abismos de sinrazón.

Y un vacío absoluto de ideas.

Nada es relativo, todo es absoluto. No cabe la duda ni el matiz. No hay lugar para mensajes conciliadores. Y no importa si un polo tiene el 51% y el otro el 49%, o viceversa. Ambos quieren, exigen toda la baraja, the winner takes it all.

Y claro, cada uno se siente el único y legítimo ganador.

De portería a portería, sin mediocampo ni balones intermedios. Va a hacer dos años que no nos vemos ni en las fiestas ni en los estadios, verás cuando nos volvamos a encontrar a cara descubierta y ni siquiera nos reconozcamos.

Decidiremos que vivíamos mejor tapados.

Da igual lo que hagan, lo que digan, lo que perpetren, la barbaridad de turno. A ese lado del frente todo se verá bien, parecerá estupendo. Si alguien osa cuestionarlo, lo silenciarán, quedará diluido en el estruendoso fervor. Al otro lado, lo contrario, pero igual. La perspectiva está en desuso, abajo la altura de miras.

Se aplauden hasta sus faltas de ortografía.

Polo blanco o polo negro, rojo o azul, no se te ocurra llevar uno gris o de color pastel. Te tildarán de tibio, flojo, equidistante, buenista… o todavía algo peor. No puedes apelar al equilibrio ni al sentido común en un mundo bipolar.

No tenemos remedio. Tú eres polo de fresa y yo de limón. Imposible siempre fue lo nuestro.

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