¿Amor en Marte…?

Escapemos de aquí. Parece que es lo queremos o, mejor dicho, todas estas noticias desencadenadas se diría que inviten a marcharnos, adonde sea. Por ejemplo, a Marte. Por primera vez en la historia, tres países diferentes, que coinciden en tener mucho dinero, han lanzado sus expediciones simultáneas al planeta que llamamos rojo. Como siempre, en vez de aunar esfuerzos en un objetivo que quizás podría convenirnos a todos con vistas a quién sabe qué futuro, árabes, chinos y estadounidenses se aplican por su cuenta, a ver quién tiene el cohete más largo o mea más lejos, entiéndase, en el espacio exterior. No es casualidad y no es sólo eso. En estos tiempos convulsos, volátiles y encima pandémicos, la inversión en las industrias y proyectos aeroespaciales se ha disparado hasta niveles que no se recuerdan desde la carrera por la conquista de la Luna en los años sesenta.

En esta nueva carrera espacial, hay mucha geopolítica por medio y muchos intereses económicos, tanto de empresas como de estados. Posiblemente, mucha necesidad de reconvertir industrias que ya no son viables o de reorientar inversiones que, en el estado de cosas del planeta, han tenido que ser reconsideradas. El interés científico siempre ha existido y se mantiene invariable. Pero cuando la pasión investigadora, irrenunciable, se ve correspondida con la llegada de dinero fresco, encuentra campo para expandirse, para proyectarse y rendir sus mejores resultados.

¿Por qué el hombre llegó a la Luna? Porque Estados Unidos puso 23.000 millones de dólares en la empresa -que hoy serían 131.000 millones- para ganarle la carrera a la URSS. Aparte de ganarla, y de los descubrimientos más o menos relevantes que supuso la conquista del satélite, aquel esfuerzo inversor se tradujo en muy importantes avances tecnológicos que impactaron en numerosas industrias, más allá de la aeroespacial: la aeronáutica, las comunicaciones, la informática, la medicina y hasta la propia gestión empresarial se vieron indirectamente beneficiadas. Pero cuando los apolos que alunizaban ya no merecían portadas en los diarios, el proyecto dejó de interesar y el grifo del dinero se cerró. Ahí quedaron y quedan los sismógrafos, aerómetros y demás instrumentos de medición con los que un ingeniero de Robledo de Chavela tuvo que comunicarse durante años, moviendo la descomunal antena todas las noches de luna llena a la hora que tuviera que ser. Para que luego le digan a este hombre que aquello de Neil Armstrong y compañía fue un montaje.

Ahora que parece que parecen volver las vacas gordas a la industria aeroespacial, el objetivo no puede ser otro que Marte (33) Ennio Morricone- MIssion to Mars – YouTube. Vale que la vista nos alcanza ya mucho más lejos, más allá incluso del Sistema Solar y hasta podemos atisbar galaxias lejanas. Pero los brazos, entendidos como los artefactos con los que podemos palpar las superficies, todavía nos llegan sólo hasta nuestro vecino de arriba. Porque el de abajo, Venus, abrasa con sólo rozarlo, y los objetos que se lograron depositar allí duraron siquiera unas horas. Además, el rojo es el planeta del que más y mejor conocemos, y el único, por ahora, al que podríamos plantearnos enviar una misión tripulada. Organizar bailes allí, ya se antoja más utópico. Pero nunca subestimemos nuestra capacidad de hacer realidad lo que fue imaginación. Ni de dar por hecho lo que creíamos era una cosa y luego… (33) T. Rex – Ballrooms Of Mars – YouTube

Pero es verdad que esta repentina y recobrada fiebre por la conquista del espacio puede tener otras explicaciones. Ya no es sólo la rivalidad entre dos superpotencias, que en parte también, con China como nueva contraparte. Parece, además, como si hubiera una necesidad de encontrar algo hay ahí fuera, porque nuestra castigada atmósfera ya se nos hace irrespirable. No sé si nos hemos cansado de nuestra vieja Tierra o de nosotros mismos, pero el caso es que parece que ya no nos encontremos a gusto, se nos hace pequeña, nos sentimos encerrados. Queremos conocer nuevos mundos, aun cuando nos quede todavía mucho por saber del nuestro. Otra posible hipótesis, más esperanzadora, sería que esta pandemia que nos está poniendo a todos frente a la misma pared -o el mismo espejo-, puede estar dando lugar a algo similar a un nuevo humanismo, un segundo Renacimiento que nos hiciera reeditar aquel episodio histórico en el que dimos en apasionarnos por la ciencia, los descubrimientos, las conquistas que sólo el ser humano con su conocimiento y su trabajo puede conseguir.

Produce vértigo, por otro lado, enterarse de lo que es capaz toda esa sofisticada tecnología puesta al servicio de la causa, la abrumadora precisión de los cálculos, la extrema sincronización de las operaciones, la aplicación masiva de inteligencia artificial que hace que parezca que, más que de naves y vehículos espaciales, se trate de enviados especiales que viajan conscientes de su misión y toman decisiones por sí mismos. Produce desazón, sin embargo, pensar que toda esa capacidad científica, tecnológica y -claro está- presupuestaria, pudiera haber sido desplegada en otras empresas, digamos más terrenales.

Pero quedémonos, por ahora, en la teoría del hartazgo. A lo mejor, no se trata ya de constatar que hay Vida en Marte, eso que hace casi 50 años, medio en broma medio en serio, se preguntaba David Bowie (33) David Bowie – Life On Mars? (Official Video) – YouTube. Parece evidente que al menos la hubo, a tenor de los hallazgos más recientes, que estas tres nuevas misiones puede que nos confirmen con mayor evidencia y precisión. A lo mejor, la pregunta es otra. Si lo que de verdad estamos buscando, lo que ansiosamente queremos saber, es si hay amor en Marte. Si podremos allí encontrar lo que cada vez más sistemáticamente se nos niega en la Tierra. O que, si no somos capaces de buscarlo aquí, entre nosotros, quizás allí, en aquella soledad, se nos dé mejor. Dicen que una de cada dos expediciones a Marte fracasa. Bueno, visto lo visto últimamente, al menos, el porcentaje podría ser hasta esperanzador.

Lo desesperanzador es que nos veamos obligados a escapar, a evadirnos, a buscar vida y tal vez amor en un lugar insoportablemente lejano e inhóspito (33) Coldplay – Moving To Mars (Official Audio) – YouTube. Donde dicen que parajes que un día debieron ser paradisíacos, hoy son cráteres abruptos y desolados. Donde inmensas reservas de agua yacen soterradas y en la superficie no parece quedar más que polvo, vientos sobrecogedores y un frío para el que no vale ni el más superlativo de los adjetivos que usamos en invierno. ¿No será que, en realidad, pretendiendo avanzar, estemos volviendo hacia atrás? Que a saber si los que supuestamente habitaran allí ya tuvieron todo lo que hoy disfrutamos nosotros, y cuando se les terminó, optaron por irse. Y ahora vamos nosotros. Bien, a lo mejor nos sirve para valorar lo que tenemos.

Porque no descartemos que a los primeros que un día pisen Marte, les ocurra lo mismo que a sus antecesores en la Luna. Que tanto desear, tanto esfuerzo, sacrificio y adrenalina por llegar allí, y una vez estaban, no hacían otra cosa que mirar obsesivamente a la Tierra. A ese planeta azul, que para aquellos era inmenso y para éstos sería un puntito brillante, pero que entonces parecía estar observándoles a ellos e invitándoles a regresar. Una forma quizás de descubrir que el verdadero amor está dentro de uno mismo. Y la cuestión no es otra que hacer por buscarlo.

Y conformarnos con cosas sencillas como, pongamos, simples canciones de amor… que hablen de Marte también. (33) Paul McCartney and Wings- Venus And Mars/ Rock Show – YouTube

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