Ciudadano del mundo, pongamos de Madrid

Ciudadano del mundo, de una esquina cualquiera del pañuelo, pongamos que de Madrid. Dicen que no te estás portando bien. Que no haces los deberes, no te cuidas ni haces por cuidar de los demás. Es verdad que aguantaste estoicamente mes y medio encerrado en tu casa, más otro saliendo nada más que un par de horas para dar un paseo, y nunca te quejaste. Que fuiste siempre consciente de que el planeta y tu país y tu ciudad tenían un grave problema, que mucha gente lo estaba pasando mal, y hasta sentiste cerca la tragedia. Renegaste de los pijos “agraviados” que salían a protestar, cacerola y bandera en mano, porque no aguantaban más en sus pisos de 200 metros. Soportaste toda la letanía de noticias, análisis y augurios que parecían haberse puesto de acuerdo para bajarte la moral cada vez que la intentabas levantar. Y dormías mal. Comías cuando y lo que no debías. Te hacías a diario media hora de ejercicios encerrado en tu escueto cuarto para que al menos el sudor aliviara tu salud mental. Sabías cuándo había empezado todo, pero no cuándo iba a terminar.

Llegó la desescalada y al fin pudiste salir de la cueva. Pero no se te ocurra besar, abrazar ni rozar al prójimo, mucho menos a tu madre y a tu padre. Recuperaste el placer de sentarte en una terraza con una cerveza, y ver desde allí la tarde pasar. Pero dicen que no lo has hecho bien. Te lavabas las manos, te las embadurnabas de gel al salir de casa. Procurabas no arrimarte a nadie. Te acordaste siempre de llevar la mascarilla contigo, en el bolsillo cuando lo permitían, bien ajustada al morro cuando ya te obligaron. Pero hay rebrotes, y todo indica que la culpa va a ser tuya. Te pusieron partidos de fútbol sin público y veías a los jugadores abrazarse como si no hubiera mañana. Al menos, así podías distraerte y no pensar en los avisos apocalípticos que mandaba la Organización Mundial de la Salud. O en que mientras la televisión y la radio te hablaban fases y desfases, tu veías en esa dichosa web de la tal universidad que en el mundo la pandemia seguía desbocada. Pero, al menos, podías salir a correr. Después al gimnasio, todo precauciones, tomas de temperatura, escaleras de subida y bajada, desinfectante tras cada sesión… Pero siempre, una vez llegó el tiempo de salir y advertiste que el verano había sucedido al invierno, pensaste lo mismo. En el gimnasio, en la terraza, por la calle Goya o en la Plaza Mayor… Qué poca gente se ve.

Te dijeron entonces que podías ya salir de noche, ni te acordabas ya de la última vez -mentira, canalla, te acuerdas demasiado bien de lo que hiciste aquel 7 de marzo. Preparaste tu expedición el primer sábado, con toda la ilusión. Y te llevaste un choque de realidad. Casi ninguno de tus añorados garitos había abierto. No se atrevían, no lo veían claro o no habían conseguido sobrevivir. O, simplemente, como dijera la canción, no había clientes pa trabajar. Los pocos que habían osado abrir, resistían como buenamente podían. Con aforo limitado que ni siquiera hacía falta cumplir, porque nunca llegaban a ese cupo de gente. Gel a la entrada y a la salida, bien delimitadas las zonas para no juntarse, aséptica la atención y diríase hasta la música para no caer en euforias. Pero parece que algo no estabais, ni tú ni ellos, haciendo bien. La poca vida nocturna que quedaba en Madrid parecía ser la causa de que los casos detectados volvieran a aumentar. O es que este virus debe ser como las lechuzas, que revive y ve mejor a sus víctimas en la oscuridad. Un buen día, decretaron el cierre a la una y media. Los que normalmente empezaban a hacer caja después de las dos, aguantaron un fin de semana y al siguiente claudicaron. Pero mira que el repunte no remitía, y ya, otro estupendo día, declararon el cierre total. Claro, cerraron todos. ¿Cuáles? Los dos o tres que debían quedar. Alguno, sabes que no volverá a abrir. Dos locales míticos de la calle Huertas, con más de 40 años de historia, han dicho adiós. Que las recaídas son muy malas, en la salud y en los negocios.

No pudiste hacer planes para el verano. Ni perspectiva tenías cuando llegaron las fechas en las que normalmente planificabas tus viajes. Cuando ya se echó encima agosto, intentaste algo y salió mal, unas cosas que se juntan con otras. Preparabas un plan B, al menos por salir y ver, tocar algo de mar. Pero, una vez más, llegaron malas noticias, nuevas rebajas, y te rajaste. Responsabilidad tuya, bien lo sabes. El caso es que te has quedado varado en el ordenador, mirando las fotos de esas playas de Cádiz que colgaban tus adorados amigos. Ah, porque trabajar, sí que puedes. Y encima tienes que dar las gracias por poder hacerlo, porque hay muchos que ya no, y ni saben cuándo volverán. Tú empezaste el confinamiento a medio gas, al fin y al cabo, teletrabajando llevas diez años. Pero la cosa se fue animando, las reuniones virtuales son un éxito, a cada vez más gente le gustan ya, y además, total, se pueden hacer casi a cualquier hora. Entonces, ya fue teledestajo, expresión que sabes que no es tuya sino de una gran jefa, pero ya te la has quedado. No recuerdas, en la normal normalidad, haber currado un mes de julio como este. Y en agosto, pues lo que tú sueles decir: que cuando viajas estás de vacaciones, y cuando estás en Madrid, trabajas. Pues eso…

Y mira, madrileño inconsciente, que sin abrazar ni besar, sin siquiera ver las caras de la gente, sin salir de copas, sin irte de viaje y trabajando, la pandemia sigue avanzando en el planeta, en tu país y en tu ciudad. Pues algo seguirás haciendo mal. Habrá que preparar nuevas “medidas”, léase restricciones, por mucho que te eches a temblar cada vez que oyes la palabrita. Porque de fumar ni hablamos, ¿eh?, que encima eres un desaprensivo fumador. Y dices que mantienes los dos metros, pues ya te van a dar lo tuyo. A fumar a tu casa, ya verás. Por lo demás, oyes que en ciertas comunidades van a decretar el toque de queda. Y te entra la risa, ¿pero quién queda ya de noche en la calle? Te ríes por no llorar. Porque ya sabes que aquí, cada día, uno tiene una idea “mejor” y los demás van y la copian. Así que siempre es fácil prever qué “novedades” van a venir. El primer viernes en Madrid sin ocio nocturno en la absurda normalidad, los bares que sí podían servirlas no daban abasto, la gente necesitaba tomarse antes de la una las que normalmente se toman hasta las tres. A las doce y media, con las terrazas y las barras en plena ebullición, llegó la policía, como si de una redada se tratara. Y los dueños, que no quieren más problemas, mandaron al personal a su casa. Alguno se iría sin pagar. Y tú dices, como Jarcha, que sólo has visto gente muy obediente hasta en la cama. Pero otra vuelta de tuerca os tendrán que dar…

Y si al menos las noticias fueran un poco mejores, si los que las dan te infundiesen algo de autoestima y cariño, quizás lo llevaras mejor. Pero qué va, madrileño insensato. Es de manual que una mala noticia siempre es más noticia que una buena. Una playa atestada que cien vacías. Una fiesta desenfrenada que mil reuniones bien organizadas. Y si los datos siempre tienen aristas y lecturas, no dudes que de los que Sanidad da diariamente, siempre te van a contar la peor. Si se estabilizan los positivos diarios, te dirán cuánto han aumentado los de la semana, y si bajan los hospitalizados, darán relevancia a que han crecido los ingresados en UCI. Para que no te relajes. Y tú, que eres un contestatario irremediable, te preguntas si junto con las cifras de nuevos contagiados, podían dar también las de test realizados cada día en todas las comunidades. Que en marzo y abril era evidentemente imposible, pero ahora a lo mejor sí es factible. Y quizás, las informaciones que se den tendrían mejor perspectiva. Que si un viernes han subido notoriamente los casos, podría explicarse porque se han hecho muchas más pruebas que el jueves. No infravalorarían el problema, que no se trata de eso. Pero al menos, meterían un poco menos de miedo. Y darían menos pie a ocurrencias. Anda ya, qué cosas tienes…

Y como eres un madrileño descastado, te preguntas si otra posible solución no sería poner más medios para el combate. ¿A qué te refieres, gañán? ¿No querrás decir, por ejemplo, reforzar la atención primaria, contratar más sanitarios, recuperar los centros que han seguido cerrando incluso en estos meses? Es verdad que desde mayo se lo vienen pidiendo a todas las comunidades autónomas, y como quien oye llover. ¿Dices poner más trenes en el Metro para evitar las aglomeraciones en hora punta? ¿Aumentar la vigilancia para asegurar que los locales diurnos y nocturnos cumplen las normas, y no castigar aún más a los que han intentado hacerlo bien? Mira, hijo del escarnio y la demagogia, es que no te enteras. Lo que pides es que se gasten más dinerito. Y es que no te das cuenta. Prohibir es más barato, fácil y ahora está hasta bien visto, luego procura mejores réditos en términos de imagen que inversiones a medio plazo que no dan para una buena foto. Mira, pendejo, el mejor remedio para frenar la pandemia es que no seas tan zascandil.

Ciudadano del mundo, pongamos de Madrid. Por más que no lo entiendas, te estás portando muy mal. Que dices que tomas precauciones, pero que dicen por ahí que no, que no… Entonces, habrá que tomarlas por ti. Sólo así saldremos… no sé si más fuertes, pero más pobres de espíritu, sí que sí.

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