10 años después, nuestra selección

Tal día como hoy, pero podría suceder perfectamente hoy. Casillas paró el disparo a bocajarro de Robben y Matías sacaba de una parada letal a su compañera osteópata en el Clínico. Iniesta marcó el gol de nuestra vida y Soledad salvaba la de un cirujano jubilado en el Marañón. Diez años después, ensalzamos a los campeones que fueron de hecho, pero toca también a los que entonces ya lo eran, solo que no se lo hemos reconocido hasta que no los hemos visto sobre el terreno de juego de la dura realidad. Y lo son del mundo en toda su expresión, porque no son sólo los de España. Son los de Brasil y los de Italia, los de Perú y los de Irán… Quizás los que están más cerca nos escucharán mejor o entenderán nuestra lengua, pero este partido interminable lo han jugado todos, lo están jugando todavía, mejor dicho. En algún campo no han pitado ni el descanso.

Sanitarios del mundo, sabíamos de sobra cuánto los necesitábamos, pero lo obvio ahí se deja, como quien pasa todos los días bajo la Torre Eiffel y ni se fija, hasta que un día la ve arder y se echa a llorar. Campeones del mundo, nunca nos creímos que fuera a pasar, la derrota ante Suiza anunciaba otra decepción más, y fue una noche de julio frotarnos los ojos y notar de pronto que habíamos roto a llorar. Sanidades del mundo, hoy todos las veneramos, pero unos la cuidaron como su joya de la corona y otros consideraron que era un despilfarro o que es tontería invertir en lo que no sirve para enriquecerse, y en cuanto puedan volverán a considerarlo, díganme si no es para irse a llorar.

De España tenemos la cercanía y los datos. En diez años nos ha cambiado bastante la vida en algunos aspectos. En unos para mejor, en otros hemos pasado del infinito al cero. En Sanidad, teníamos casi 4.000 camas de hospital más. Y ahí los vimos. ¿Por qué protestaban? Salían en mareas blancas y verdes, ¿es que pedían más dinero? Puede, pero hoy ya sabemos que ante todo pedían más recursos, más material, más equipos, mantenimiento para no tener que aparcar máquinas que necesitaban… Pedían, en realidad, que les devolvieran lo que les estaban quitando y que no los dejaran en cuadro. Ya andaban desbordados cada invierno cuando atacaba la gripe, pero eso no era noticia. Eran partidos de segunda. Cuando ha llegado la pandemia mundialista, la defensa ha hecho aguas, les han entrado por las bandas y les han rematado en el área, una y otra vez. Sólo les quedaba la cara, y es lo que nunca han perdido.

A los mundiales llegan equipos super entrenados y concienzudamente preparados, y otros con lo puesto. Siempre hay sorpresas, selecciones que se anuncian favoritísimas y caen a las primeras de cambio. Nuestros prebostes y cronistas se llenaron la boca cuando nos preparábamos para afrontar la primera fase, teníamos el mejor plantel del mundo. Luego llegaron los partidos de la verdad. Y la realidad es que eran muy buenos, pero fallaba la táctica y jugaban con los tacos desgastados. Les pasaba como a los tercios de Felipe II en los que militaba el Alatriste de las novelas. Eran muy valientes, muy entregados, con una irrenunciable vocación y compromiso, aquellos con la patria, estos con la gente. Pero no tenían buenas armas ni escudos, sus altísimas esferas pretendían ganar guerras a base de construir iglesias en vez de barcos. A estos no los entrenaban sabios al estilo Del Bosque, sino más bien tipos a lo Helenio Herrera, que sostenía que con diez se juega mejor que con once. ¿Pues y si probamos mejor con nueve, con ocho…?

Con la perspectiva de hoy, y sin saber si tendremos segunda vuelta, puede decirse que en este mundial le han dado a nuestra selección sanitaria una buena tunda, pero han competido. Han sido innumerables ocasiones y muchos goles recibidos, por no decir demasiados heridos y muertos, y sin embargo, pueden decir que salen con la cabeza bien alta. Porque lo que no hicieron fue rendirse. A falta de plan y en clara inferioridad, tiraron de furia, al pelotón que los arrollo… aunque me arrollen. De creatividad, porque hubieron de inventarse regates imposibles a rivales que desconocían por dónde iban a soltar la coz. De solidaridad, con todos y con ellos mismos. De responsabilidad, con la sociedad y con su profesión. Se han ganado aplausos, reconocimientos institucionales y titulares en la prensa. Pero ellos rechazan que les consideremos héroes o mártires. Entienden que han hecho lo que debían hacer. Y si piden algo, es que no se les vuelva a ningunear. No a ellos. A su trabajo.

Luego están los premios, que a veces están para dar más visibilidad a quien los da que a quien los recibe. Les han concedido el Princesa de Asturias, mira, lo mismo que a los de Sudáfrica en 2010. A los sanitarios catalanes, la Generalitat ha anunciado que les va a abonar una paga extra, y lo mismo se plantea hacer el gobierno de Canarias. Otras comunidades estudian medidas similares. En Francia se ha concedido una paga de 1.500 euros a los que han trabajado en las zonas más afectadas, y de 500 a los que ejercieron en áreas de impacto más leve. Bélgica va a pagar un bonus de 1.450 euros a 10.000 médicos, enfermeras y farmacéuticos. La Junta de Andalucía acaba de anunciar una paga media de 622 euros. La Comunidad de Madrid, según las informaciones que constan, valora celebrar una corrida de toros benéfica como homenaje a todos los sanitarios madrileños. Cada uno da lo que puede o lo que su altura de espíritu da de sí.

De la roja a la verde en diez años, hoy debiéramos haber escrito el artículo que conmemorara uno de los días más felices de nuestra vida. Pero hasta los mismos protagonistas de aquello estarían de acuerdo en delegar hoy cualquier recuerdo u homenaje en la que ahora mismo es nuestra selección. Si fuera por Iker, Xavi, Andrés… de buena gana les entregarían en persona una Copa del Mundo a cada Andrés, Xavi, Iker, Sonia o Ana de bata verde o blanca que se ha dejado la camiseta, la piel, la salud, la vida propia o la de algún compañero o familiar. Sí, denles la Copa, pero además un sueldo digno y un futuro profesional, por favor.

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