¿Y qué hubiera hecho Eddy Merckx…?

No íbamos a faltar a nuestra cita anual con el ciclismo y con el Tour de Francia, aunque esta vez lleguemos justo en su accidentado final. Este año ha tenido una conmemoración muy especial. La del 50 aniversario del primer triunfo de Eddy Merckx en la ronda francesa. Por eso comenzó en Bruselas, y allí se le pudo ver, con muy buen aspecto a sus 74 años, durante la entrega de premios al final de la primera etapa. Y qué curioso, acabamos de conmemorar otro cincuentenario, este mucho más trascendental: la llegada del hombre a la Luna. Bien, pues sucedió el mismo día. El 20 de julio de 1969, Armstrong -el astronauta- pisaba por primera vez el suelo lunar y Merckx se coronaba por vez primera en París. No en los Campos Elíseos -ese privilegio nunca lo llegó a disfrutar- sino en el Parque de los Príncipes, después de una contrarreloj que, por supuesto, ganó. Dicen que las portadas de la prensa belga del día siguiente dieron lo de la Luna en pequeños espacios secundarios.

Bien, pues para hablar de este Tour 2019 y a la vez homenajear al mejor ciclista de todos los tiempos (¡Ni lo duden!), vamos a jugar a fantasear un poco: ¿qué hubiera hecho Eddy Merckx en este Tour? Como si él siguiera corriendo ahora a pleno rendimiento, y así podremos hacernos una idea de cómo era y cómo las gastaba este campeonísimo. Bien, ya sabemos que el ciclismo de ahora es bastante distinto: las bicicletas superligeras, los desarrollos, las tácticas, los pinganillos… Sí, pero de lo que estamos seguros es de que su forma de correr no hubiera cambiado absolutamente en nada. Así lo ha asegurado en alguna entrevista. Y también que, de las grandes carreras ciclistas, posiblemente el Tour sea la que menos ha evolucionado en el tiempo. Seguramente porque es la que menos lo ha necesitado.

Pero antes de entrar en faena, pongámonos en antecedentes. Imaginemos que este año debutara en la primera carrera del mundo un chaval de 24 años que ya había ganado el Giro de Italia el año pasado y que, en la presente temporada, llevara ganadas París-Niza, Tour de Luxemburgo, Vuelta a la Comunidad Valenciana, Milán-San Remo, Tour de Flandes y Lieja-Bastogne-Lieja. Y que cuando iba para ganar su segundo Giro, fue descalificado por un controvertido doping que parece que tuvo su origen en un vaso de agua con sorpresa que alguien le ofreció durante una etapa. Pues con eso venía y ese era el Eddy Merckx que se alistaba por primera vez en la Grande Boucle.

Y ya estamos en carrera. Hay que decir que el recorrido de aquella edición de 1969 tenía un inicio, una primera semana bastante similar al de esta. Después del prólogo contrarreloj que por entonces se disputaba -y que el belga no ganó por la “original” decisión de su director de hacerle salir en primer lugar-, al segundo día ya había una crono por equipos. Y el Faema, su equipo de entonces, la ganó, como seguramente habría ganado esta, posiblemente con la misma autoridad con que el Jumbo sorprendió bajo el Atomium. Y ya tendríamos a Eddy de amarillo. Puede que lo hubiera cedido después a un compañero de escuadra, pero puede también que en los muros de la tercera etapa, camino de Épernay, hubiera montado alguna.

Y a la sexta etapa ya llegamos a los Vosgos. Saliendo igualmente de Mulhouse, aquel año terminaba la etapa en el Balón de Alsacia, la cima de referencia de este sistema montañoso. Este año se subía por su cara amable y sólo puntuaba de tercera categoría, y donde terminaba era en este otro puerto de nombre tan complicado y tan de gastronomía francesa, La Planche des Belles Filles, con el añadido final de ese kilómetro y medio al estilo de los que se buscan para la Vuelta a España (Bola del Mundo o el Monte Oiz el año pasado, estoy pensando). Bien, pues como hace 50 años, aquí Merckx ya hubiera puesto las cosas en su sitio. Pero no saltando en las últimas rampas. En aquella ocasión lanzó su primer ataque a 50 Km, y ya en la última ascensión remató. No hay por qué pensar que este año no hubiera hecho algo parecido. El segundo entonces, el malogrado español Juan Galera, entró a 55 segundos, pero los principales rivales –Gimondi, Pingeon, Poulidor…- se dejaron más de cuatro minutos. Imaginemos entonces que Alaphilippe, con su explosivo comienzo de Tour -que luego se prolongó durante dos semanas-, y posiblemente Egan Bernal, le hubieran aguantado en torno al minuto, y Thomas, Landa o Nairo hubieran viajado en el grupo de gallos seriamente descabalgados ya de sus aspiraciones.

A partir de aquí, el paralelismo entre ambos tours ya se rompe. Aquel año bajaron de los Vosgos directamente a los Alpes, y este han tirado por el Macizo Central para alcanzar los Pirineos al final de la segunda semana. No descartemos que, en el viaje de transición por las montañas centrales, hubiera tendido alguna emboscada El Caníbal. Pero de lo que estamos seguros es de que nos hubiéramos ahorrado el tostón de la primera jornada pirenaica. Entre otras cosas, porque Merckx tenía la jodía manía de adelantar sus ataques, perpetrarlos el día antes de la jornada en la que todos le esperaban. Así que es más que posible que hubiera convertido el tedioso viaje a Bagnères de Bigorre que vimos en una tortura. Luego, en la etapa del Tourmalet, posiblemente hubiéramos visto igualmente ganador a Pinot. Eso sí, con el líder siempre muy cerca y con las orejas tiesas. No se fiaba ni de su sombra.

Ah, pero Edouard Louis Joseph -que ese era su nombre completo- también era humano, y podía tener algún día complicado. Además, solía decir que los Pirineos se le hacían más duros que los Alpes. Porque los puertos son más cortos y empinados, pero sobre todo por el clima, más húmedo por estas zonas. Entonces, marquemos la tercera etapa pirenaica, entre Limoux y Foix Prat D’Albis, con subidas de media distancia y abruptas, la que a lo mejor se le podía haber atragantado. Y que por cierto, volviendo por un momento a la realidad, ha terminado siendo la más bonita que hemos vivido en este Tour, después del interruptus en que quedó ayer la espectacular subida y bajada del Iseran.

Sí, me he saltado la contrarreloj de Pau. Ha sido la única individual que hemos tenido en esta edición. En la de 1969 tuvieron, a saber: el citado prólogo, sobre 10 km; la octava etapa, sobre 8,8 km; la decimoquinta, sobre 18,5 km; y la final en Paris, sobre 37 km. Evidentemente, mucho más que este año. Aun así, nada que ver con aquellos tours de Hinault, y luego en menor medida los de InduráinQuién las ha visto y quién las ve…-, cuando las cronos eran los supremos jueces de la carrera. Y volviendo a nuestra película, ¿cómo hubiera salido Eddy Merckx de los 27 únicos kilómetros cronometrados de este año? Pues, calculando una media aproximada de sus resultados en las arriba enumeradas, pongamos que hubiera sacado alrededor de un minuto a los especialistas y… a sumar a partir de ahí a los escaladores.

Y ya estamos en los Alpes. Imaginemos que sin las mutilaciones de recorrido, neutralizaciones, granizadas y desprendimientos que nos ha tocado vivir este año -también es desgracia, para una vez que llegábamos a las etapas más bonitas con todo lo grande por decidir… Pero en el Tour virtual que ahora estamos recreando, no habría lugar para tal emoción. Eddy Merckx lo tendría absolutamente controlado a esas alturas y también en esas alturas. Sólo que como era incapaz de reprimir su carácter de caníbal, puede que un día se levantara estresado y ansioso por diferentes razones, como se relata en esta crónica, y decidiese marcharse solo a 130 km de meta, para ataque de nervios de su director. Pongamos que esto sucediera en el viaje a Valloire, con Izoard y Galibier por medio -sí, aquella gesta del 69 fue en los cols pirenaicos, pero ya hemos advertido que el orden de paso de las grandes montañas era inverso aquel año. De botín sacó ese día ocho minutos adicionales que ni necesitaba, pero lo que no se cuenta en el artículo enlazado es que en los kilómetros finales sufrió un pajarón que hizo menguar su ventaja.

Total, la general, seis etapas más la crono por equipos, la montaña, el maillot verde, la combinada y el premio a la combatividad. Llegados triunfalmente a París, miremos la clasificación general de 1969. El segundo, Pingeon, a 18 minutos; el tercero, Poulidor, a 22; Gimondi, cuarto, a 29. Aquí dejamos, para quien los quiera consultar, los resultados del Tour 1969. ¿Hubieran quedado Bernal, Thomas y Kruijswijk a esa sideral distancia? No, estas cosas no se pueden extrapolar. No habrá manera de saber lo que hubieran hecho estos corredores ante un monstruo así. Sólo sabemos que él sí hubiera sido exactamente el mismo, él único. El más grande que jamás se vio sobre una bicicleta.

Este era el homenaje, y ahora seguimos conmemorando. 50 años después de la primera coronación del gran Eddy Merckx en Francia, el mismo día que el hombre pisaba la Luna, celebramos hoy -aunque se hará oficial mañana- la primera victoria de un colombiano en el Tour. Dentro de otros 50 años lo recordarán. Al fin y al cabo, la historia esta hecha de muchas primeras veces. En el caso del ciclismo, de pequeñas pero muchas, infinitas y sufridas pedaladas que sólo a algunos les sirven para dar el gran salto a la inmortalidad.

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