El perro de prensa (con perdón)

Ya es amplio el abanico perfiles profesionales relacionados con la Comunicación, pero no terminan de aparecer nuevas figuras. A título divulgativo, para los que no trabajan a este lado y no les parezca tan obvio, decir que la más conocida o más al uso es la del jefe de prensa. Es el profesional, necesariamente periodista, que gestiona la relación de una empresa o entidad con los medios de comunicación, compaginando la atención de sus demandas de información con la gestión de la imagen de esa entidad.

Pero tenemos muchas más figuras: la del director de Comunicación, cuyo cometido es más amplio y estratégico, velando por la reputación a 360°, no sólo en los medios, y que suele reportar a la alta dirección. Podemos seguir subiendo el nivel, a veces simplemente otorgarles títulos más sonoros y rimbombantes, como director de Relaciones Externas, y hasta llegar a vicepresidentes, directores generales del asunto o el mismo secretario de Estado de Comunicación cuando hablamos del Gobierno -no confundir con el portavoz, que es la persona que habla con los medios, el que da la cara, pero no tiene por qué ser ni periodista ni comunicador en sí mismo, aunque se le deban suponer ciertas dotes.

Tirando hacia abajo en el escalafón, tenemos responsables, encargados de prensa, asistentes o “el que trata con los periodistas”. Si miramos lateralmente, tenemos a los asesores, de amplia gama y funciones diversas, y por supuesto las agencias de comunicación, con sus directores de cuenta, ejecutivos senior, junior… hasta el intrépido becario. Las agencias a veces se complementan con los departamentos, áreas o direcciones de comunicación, pero en ocasiones también los suplantan. Los organigramas pueden variar mucho en función de la entidad.

Pero ya digo que siguen apareciendo perfiles, y estos días hemos conocido uno nuevo: el perro de prensa. Dicho sea, y vaya de antemano, con todo el respeto. Primero, hacia la especie canina, y sin ningún ánimo de degradarla. Y segundo, no se trata de utilizar el término “perro” como insulto o menosprecio hacia el individuo, sino simplemente como recurso para ilustrar el perfil en cuestión. Ya sabemos que hay perros criados y concebidos exclusivamente para la defensa, para la lucha, para ser fieros, agresivos e incansables. Y muy fieles a su amo. Hay precedentes en el mundo, pero últimamente hemos encontrado esta figura en España, encarnada en el responsable de prensa de Vox, de nombre Manuel Mariscal -hombre, habrá que reconocer que el apellido encaja como un guante en este partido.

Hagamos un inciso para decir también que, entre los jefes de prensa y sus derivados, los hay de todo género y pelaje, ya que al fin y al cabo son personas, con su carácter y su forma de trabajar. Y lo mismo que encontramos excelentes profesionales a la vez que encantadoras personas, también los hay mohínos, secos, opacos o decididamente bordes. Y no por ello dejan de ser profesionales y de cumplir su función. Ah, ¿y no hay jefes de prensa malos e incompetentes? Pues claro, como en todas las profesiones, pero no tiene nada que ver con su talante. Pueden ser inútiles integrales y sin embargo simpatiquísimos.

Pero el perro de prensa es otra cosa. Desde luego, a él no le pagan por ser amable y, por lo que se ha visto, tampoco por hacer brillante, ética y profesionalmente su trabajo. Él cumple a rajatabla la función que encomiendan, la que encarga su jefe -y los jefes generalmente no saben, no tienen por qué saber de comunicación. La idea que preside la estrategia comunicativa de este partido es que no todos los medios de comunicación entran dentro de la misma categoría ni merecen el mismo trato, y hasta algunos no deberían existir. Y su responsable de prensa la sigue fielmente. Por lo tanto, hay una serie de medios marcados como enemigos. Y si no salen en según qué sitios, pues entienden que mejor. “Nos da igual no salir en los medios. ¿Para qué, si ya estamos en las redes sociales?”. Palabra de Santiago Abascal.

Nos gusta decir, por el conocimiento que llevamos de esta profesión, que un buen profesional de la comunicación debe mantener por igual un triple compromiso: 1, con la entidad a la que representa y defiende; 2, con sus interlocutores al otro lado, los medios y los periodistas; y 3, con su gente, equipo y colaboradores con los que trabaja. Bien, en el caso que nos ocupa, esta máxima no vale, no se cumple. El único compromiso que mantiene un perro de prensa, insobornable y sin pestañear, es con su amo y señor. Lo demás le trae al pairo.

El pit bull de los medios no tiene problema en vetar a aquellos medios y periodistas que considera que no les van a seguir la corriente. Durante la última campaña y precampaña electoral, no ha respondido a ninguna de sus solicitudes, ya sea para una entrevista, para participar en un debate, para dar una opinión… O si ha contestado, incluso peor: “vete a esparragar a otro sitio” le soltó a una redactora que le pidió una información. “Sois una vergüenza. Nos tendréis enfrente siempre” le espetó a la dirección del mismo diario. Tampoco les invitaba a sus ruedas de prensa ni les dejaba entrar en sus actos. Utiliza un grupo de Whatsapp como único canal de comunicación con la prensa (olé, el genio), y claro, él decide a quién añade o echa de ese grupo cuando lo cree conveniente. Por ejemplo, cuando se hacen eco de sus meteduras de pata. Que ya le vale, emplear sólo el whatsapp para comunicar y encima equivocarse de grupo, así todo el periodismo nacional se enteró de que les venía estupendamente no haber sido invitados a los debates televisivos.

El “manual de comunicación” que ha elaborado este partido -se supone que creado o supervisado por el dogo de la información– dice claramente que “nunca hay obligación de conceder una entrevista o de facilitar información a los medios. Es más, si se trata de un medio de comunicación poco afín debe rechazarse”. Sí, eso es censura previa, sí, inconstitucional. Pero, además, es una torpeza. Supone olvidarse de que, detrás de un medio de comunicación, se le considere ideológicamente afín o no, lo que hay son lectores, oyentes, televidentes… ciudadanos, al fin y al cabo. Y aparte de su derecho a ser informados, a cualquier partido político, como a cualquier entidad con un mensaje dirigido al gran público, le interesa salir en todos los sitios para conseguir la mayor difusión.

Entre las perlas que han ido repartiendo sus distintos portavoces, suponemos que en línea con su discurso de partido, El País es “el medio de las fake news” o La Sexta “un canal que cerraremos si gobernamos”. También se han pronunciado a favor de la clausura de las televisiones autonómicas. Otros medios que han sufrido su política restrictiva han sido Onda Cero, ElPlural, Eldiario.es, Cadena SER, El Español, Diario de Mallorca… Dadas las diversas líneas editoriales que pueden advertirse en la lista, fácil resulta pensar que en realidad esa práctica y ese estilo rottweiler puede ser extensible potencialmente a todos, y que de seguir esa línea, el círculo de medios vetados por “manipuladores” será cada vez más grande y el grupo de whatsapp pronto se quedará en unos pocos entrañables contactos.

Ah, pero perra es la vida la del profesional de la comunicación. También para los que se valen de estas artes ofensivas. Siempre van a ser el eslabón más débil. Una vez que el resultado electoral de esta formación no ha sido el rotundo éxito que ellos esperaban, el presidente del partido ya lo ha achacado al clásico fallo en la comunicación, al recurrente “error” en la estrategia. Que se equivocaron al infravalorar el papel de los medios de comunicación y considerar que el partido, mediante las redes sociales y canales alternativos, podría llegar a todos los ciudadanos. Palabra de Santiago Abascal.

Así que, tirón de orejas al mastín, que seguramente esa noche se quedó sin cena. Pero él está tranquilo. Ha salido diputado por Toledo, así que seguirá teniendo una buena finca que guardar y un amo al que proteger. Y a La Voz de Talavera, que seguirá enalteciéndole como ese joven y abnegado estratega de la comunicación al que todos los partidos, todas las empresas y todas las organizaciones que se precien, quisieran fichar.

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