Almu…

Si no me he acordado, o he querido decir tu nombre y no me ha salido. Si me he levantado tarde y ya te has ido sin haberme encontrado. Si esperabas unas palabras y no te han llegado, no me creerás si le echo la culpa al mensajero. Y harás bien. Si te digo que me equivoqué de día, que me quedé sin batería o que no puse el reloj en hora, no se te ocurra creerme. No te cabrá en esa cabeza, en la mía tampoco, que no vaya a recordarte cada mañana. ¿Sabes? Al minuto de despertarme me acuerdo de ti cada mañana.

Si me has esperado, o has pensado que quizás jugaba a hacerte esperar. Si he subestimado la ocasión o me ha parecido excesivo celebrarte un día que en realidad trata de otras cosas, que aunque lleve tu nombre no te merece. Tampoco me creas. Si me ha dado pereza levantarme, y cuando me he levantado no lo tenía nada claro, si he tardado en darme cuenta de que el sol estaba en lo alto. A lo mejor ya estaba a aquella lejana hora a la que ardía de fiebre y supe que ya existías. ¿Sabes? Al momento todavía me invade la fiebre cuando reparo en que existes.

Si no me has visto, o diste en pensar que me había escondido porque quería darte una sorpresa. Si salí a dar una vuelta para respirar mis calles y mis plazas, mientras otros se ocupaban en cómo iban a felicitar el santo o pasar dignamente la festividad. Si te digo que me estaba tomando tiempo para que ver qué hacían los demás, no, no me creas. Podría hacerme el interesante y dejar correr el día para llegar en el último instante, cuando ya no dieras ni un céntimo por mí. Pero soy incapaz de disimular. ¿Sabes? Al menor atisbo de un movimiento de tus alas me brillan los ojos y no lo puedo disimular.

Si me hice el loco, o me fui de feria por esos barrios y ya no reparé en nada. Si llegué muy tarde a casa y ya no conocía a nadie, en absoluto te lo crees. Porque sabes que hasta en mis peores noches tengo memoria y que además hay caras, miradas, sonrisas, abrazos imposibles de desinstalar. O como armarios que no hay manera de mover, por más que vaciemos, repongamos y ordenemos cajones y estantes, permanecen ahí. Sí, mantengo la cabeza en parte amueblada, lo que pasa es que hay días que ando torpe. Pero siempre estoy pensando en ti. Aunque no te diga nada. ¿Sabes? Al muro que se levanta entre mis certezas y mis dudas tú no te has acercado jamás, aunque no te diga nada.

Si digo ayer y tú dices hoy, o si repito que estos otoños sombríos no son para ti, y que he visto solemnes, rotundas catedrales, pero ésta que así se llama no veo que te represente. Tú no me crees pero es verdad. Como si te cuento que he conocido a muchas como tú, y sin embargo a las demás tengo que ponerles el apellido, un sufijo o un mote para añadirlas a la agenda. Claro que a veces no sé dónde estoy y hasta no me reconozco. Pero si te vi crecer, te vi florecer, te vi dar frutos que rezuman toda tu sustancia… Algo debe ser cierto y no me lo he perdido. ¿Sabes? Al mismo tiempo he estado cuerdo y loco, pero siempre seguro de que no me lo he perdido.

Si me comprendes, o si no soy lo suficientemente hábil, tal vez elocuente, para hacerme entender. No me creerás, pero no supe qué hacer para detener esas lágrimas, para bebérmelas con toda su sal, esa noche cuando me llamaste. Podría engañarle al tiempo y decir buenos días por las tardes, felicidades todos los noviembres, o convencerme de que nada de lo que vimos, supimos y nos contamos realmente pasó. Pero simplemente no quiero. Hemos dado muchas vueltas, la vida y la habitación me han dado muchas vueltas. Espero que den todavía más, pero prométeme que vas a estar ahí. ¿Sabes? Al mundo entero le he contado que tengo un tesoro y nunca lo escondo, míralo cómo es, está ahí.

Y en fin, si se me olvidó o se quedó encima del piano la oración que tuve memorizar y nunca recité. Lo que fue, lo que tenga que ser… Si en la mochila nos quedarán provisiones para hacer más largo el camino, y al tiempo la seguiremos llenando con lo que aprendamos, así nunca nos faltará. Sí, créeme. Tú creces y yo soy cada vez más pequeño a tu lado. Algún día cabré en la palma de tu mano, pero ahí mismo me tumbaré feliz. ¿Sabes? Almu… Y me tumbaré feliz.

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