Mundial c’est fini, ¡Viva el Tour!

Hace casi una semana que el Mundial de Rusia 2018 es historia del fútbol, y este va a ser el último post de la serie Mundial2018dequélovamoaganar que, ilusionados como siempre, inaugurábamos el pasado 15 de junio. Cuando todo se termina y la Copa del Mundo ya está dada, suele quedar un cierto vacío. No tanto porque resulte extraño levantarse un lunes y que ya no haya partidos en la agenda. Sobre todo, porque queda el regusto más agrio que dulce de todo lo que podía haber sido y al final fue. Que toda aquella ilusión, expectación, interés, curiosidad… se ha quedado en esto. Ya digo, no es en este Mundial, pasa en casi todos.

Como este post llega tarde -tampoco pretendía llegar el primero ni en el segundo-, todos los análisis, resúmenes y balances de este Mundial ya están hechos. Destaco este artículo de Santiago Segurola en el diario AS. Estando de acuerdo en muchos aspectos, uno sería algo menos pesimista. Cierto que la campeona, Francia, lo ha sido justamente, pero con un potencial que podía haber regalado un poco más la vista. Y que han primado las selecciones que conciben el centro del campo como zona de destrucción, más que de creación. Pero al menos, sí consuela que la segunda y la tercera -la encomiable Croacia y la fulgurante Bélgica– han propuesto juego, ingenio y trato del balón. Es decir, no ha sido un mundial tan malo para los equipos jugones. Si España o Alemania han fracasado, no ha sido tanto por su modelo. Una, la nuestra, la que era de Lopetegui y no lo fue, se pegó un tiro en el pie a dos días de comenzar su participación. La otra, la que defendía el título de 2014, padeció la obstinación de su entrenador, que prefirió apostar por veteranos lejos ya de su mejor tiempo, en detrimento de jóvenes pujantes que tenía en la lista o que dejó fuera de ella.

Dicho esto, el Mundial que se ha llevado Francia ha coincidido en una semana con el Tour de Francia. Los organizadores de la ronda francesa no son idiotas, y retrasaron una semana el inicio de la prueba para solaparse lo mínimo con el gran evento futbolístico. Y las etapas que coincidían con partido por la tarde -incluida la final del domingo- se adelantaron en horario para que terminasen justo antes. No se trata de disputarse audiencias ni de fastidiar al personal que quiere disfrutar de una cosa y de la otra. En la otra cara de la moneda, los organizadores de Wimbledon, tan tradicionales y soberbios ellos, no alteraron su calendario, y la final entre Djokovic y Anderson empezó religiosamente a las tres y terminó más o menos coincidiendo con el descanso de la final de Moscú. Aparte de la distinguida clientela del All England Tennis and Croquet Club, ¿quién vio el tenis? ¿Y si hubiera sido un Nadal-Federer? ¿Y si hubiera llegado Inglaterra a la final de fútbol?

El caso es que sobre las cuatro y media del domingo de autos, finalizaba en Roubaix la novena etapa del Tour, la temida jornada del pavé, un espectáculo para el que la ve, una insufrible tortura para el ciclista. Pero a quien más, quien menos, le pareció que a las cinco empezaba otra. Solo que una etapa singular, con dos recorridos bien diferenciados. Para los croatas era una pura jornada alpina, un continuo subir la Madeleine, el Galibier y Alpe d´Huez. No en vano, su maillot ajedrezado asemejaba el de lunares rojos del rey de la montaña. Mientras, por el contrario, los bleus iban como por Burdeos, rodaban por una pista perfecta, llana, asfalto impecable y viento a favor. Así parecía el partido. Todo lo que hizo Croacia, el balón tuvo en su poder, los duelos que ganó, las veces que entró por las bandas, el golazo de Perisic… y Francia, como quien no quería la cosa, se iba a la ducha 2-1 a favor. Apenas reanudada la contienda, dos disparos y ¡4-1! Menos mal que Lloris le dio un poco de maquillaje al resultado final.

Total, Francia iba a ser campeón y lo es. Justa, con un mérito innegable de sus jugadores y su entrenador. Pero mire usted, en trece mundiales registrados en la memoria, es el campeón más feo que uno ha visto. Y siento decirlo, pero sobre todo, siento que podía haber sido otra cosa. Porque material tienen para jugar un gran fútbol, no sólo poderoso, también virtuoso. Mbappé y Griezmann están en casi todos los “onces” y cuadros de honor del campeonato con todo merecimiento, pero, cuidado, sumando todos sus partidos, no hemos visto ni un 40% de lo que son. Y aparte su defensa impecable, su medio campo se apuntó, este sí, a la teoría de Segurola. Pero la gloria es suya, es de Didier Deschamps y nadie se la quita.

Y otro Mundial más para el archivo. De todos nos quedó algo, de alguno nos quedaron muchas cosas. A este, démosle más perspectiva, pero seguro que también: además del VAR, Modric, Hazard, los fiascos de las favoritas, el Bélgica-Brasil, los goles de Cavani a Portugal, el de Kross, las paradas de Lloris, Cortouis… e incluso el 11 ideal que ha designado la FIFA, desde Rusia con vodka y mucho humor.

Sí, el Mundial c’est fini, ¡Viva el Tour!

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