Cortes de mangas a la Comunicación

Un corte de mangas lo puedes pensar, y no negamos que incluso a veces lo puedes dar. En tus juegos, en tu trabajo, en tu círculo habitual. Liberas energía, te quedas a gusto. En cualquier orden de la vida, marcar un gol en campo contrario siempre es una satisfacción, más aún si ese público adverso te estaba hostigando. Evidentemente, son más los cortes de mangas tácitos, imaginados, que los explícitos y perpetrados a la vista del destinatario y de los que estaban alrededor. Una cosa es el instinto, lo que te pide el cuerpo, y otra la educación.

Si hablamos de Comunicación, quien más y quien menos, figuradamente eso sí, hemos dado y recibido nuestros cortes de mangas. No faltará quien, en terminando de escribir un artículo, o cuando lo ha visto publicado, íntimamente ha soltado un “ahí llevas eso”. O cuando has demostrado que tu teoría o tu estrategia era la acertada, frente a los que coreaban que te estabas equivocando, has recreado que te volvías hacia ellos y les has dicho “¡Toma!”. En el lado oscuro de la comunicación, ¿quién no ha tenido un jefe o cliente tocap… al que no ha deseado dedicarle “cositas”, siempre dentro de la precisa corrección? O a ese periodista que te lleva por la calle de la amargura, que no te publica ni la noticia del siglo, y tú piensas que te tiene manía, o que simplemente te ignora por sistema… Bueno, estos casos pueden ser recíprocos, pero en cualquier caso veniales, business as usual.

Luego hay cortes de mangas más antipáticos, de los que nosotros, periodistas o comunicadores, solemos ser básicamente los destinatarios. Desde la organización que comunica como y a quien su estrechez corporativa le da a entender, hasta la que valora la labor de un profesional de la comunicación en función de objetivos y ROIs surrealistas. Desde el “figura” que te arruina un redondo artículo imponiéndote un título demencialmente cuadrado, hasta el medio que te publica impoluta la información que le ofreciste, pero alguien -otro figura- que ni se la ha leído, ha decidido darle un “giro” al titular, de manera que queda totalmente desvirtuada. Cosas que pasan, y ya llegará el día o el año de tomárselo al fin y al cabo con filosofía y humor.

Por no hablar de esos otros cortes de mangas que recibimos a diario y nos dan en toda la cara. El medio que sistemáticamente ningunea a una determinada organización, o ésta cuando veta indefectiblemente a tal medio o tal periodista. Las medias informaciones sobre medias verdades, sin opción de contraste y sin oportunidad de réplica. Las “ruedas de prensa” sin preguntas. La selección informativa en función de los potenciales clics, o dicho de otra manera, cuando se publican las noticias “que funcionan”. Y qué decir de esos maravillosos artículos y especiales, tan bien diseñados, tan atractivamente presentados, con un contenido ciertamente prometedor, y cuando vas entrando en ellos, te topas con el logotipo de la empresa patrocinadora. Sí, más bien son bofetadas, y duelen.

Pero lo de la Secretaria de Estado de Comunicación es otra categoría. Su gloriosa intervención ante la sede de Partido Popular de Alicante, captada por esos insidiosos micrófonos, es todo un poema, una declaración de mal hacer profesional. Dejada aparte, naturalmente, la nula sensibilidad hacia una gente que expresa su malestar amparada en su derecho a hacerlo.

En primer lugar, se denota de su actuación que es de esas y esos, en estos puestos, que por encima de gestionar la imagen y reputación que tiene a su cargo, entiende que su cometido principal es hacer la pelota a sus jefes. Si no, se supone que hubiera actuado de otra manera -y desde luego no en primer plano- en un escenario de potencial crisis, al que por otro lado debería estar más que acostumbrada. Pero, aún peor, que el ejecutivo, responsable, director -o nada menos que Secretaria de Estado– de comunicación de algo resulte en un momento dado ser más noticia que ese algo… La pifia es memorable. Es como cuando Alfredo Di Stefano, siendo entrenador, le dijo a su portero después de un partido: “Ché, las que van dentro no las parés, pero las que van fuera no las metás”.

Pues sí, se la ha metido hasta el fondo. Y más que a los pensionistas, le ha soltado un corte de mangas a la profesión que tanto nos cuesta defender y hacer comprender. Eso sí, que no se preocupe, porque sus jefes la felicitarán.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s