I+D en España: el que miente primero da dos veces

Por si no se habían dado cuenta, los políticos son la principal fuente de noticias falsas. Luego podremos echarle la culpa a ominosos manipuladores de países lejanos y a los empedrados de Internet. Pero si nos atenemos a la historia, las grandes mentiras han venido casi siempre difundidas por los gobernantes y por los que aspiraban a gobernar, a fin de servir a sus intereses. Esto ha sido así desde cuando las redes eran el correveidile de turno hasta la era de los potentes amplificadores globales que conocemos hoy.

Podríamos dar la vuelta al mundo y transitar por los siglos, pero vamos a quedarnos tan cerca como aquí y ahora. La semana pasada sin ir más lejos, y en España sin buscar más allá, el presidente del Gobierno se ha despachado con una de las falacias más rotundas de su nutrida carrera: “la I+D española es de primer orden”. Y que los leoninos recortes a la ciencia que con los datos en la mano se le reprochan a su gobierno, se deben a su antecesor. Sí, ya sé que esta es sólo una más de toda la ristra de engaños, fascinaciones y medias verdades con que nos viene regalando la clase política en general, y en particular este gobierno. Pero es que esta vez el presidente está mintiendo sobre algo que, como había defendido justo un día antes su sabiondo ministro de Turismo, Energía y Agenda Digital, nos tiene que “dar de comer”, hoy y en el futuro.

Cualquiera que esté un poco documentado sobre el asunto sabe que, en investigación, desarrollo e innovación (por sus siglas I+D+i), España queda muy por debajo de los países con los que le corresponde compararse. Sí, nos viene de los ancestros, de Unamuno a nuestros días, pero no hemos hecho nada por invertir la tendencia. Si bien durante la primera década de este siglo se realizó un modesto esfuerzo, y se consiguió que la inversión pública y privada en I+D+i se acercara al 1,5% de nuestro PIB, a partir de 2009 no ha hecho más que menguar y diluirse. Hasta el ínfimo 1,19% que representa hoy, según datos del INE de finales de 2017.

Para hacernos una idea, la media inversora de Europa se sitúa en el 2,03% del PIB, y la Unión Europea se ha fijado como objetivo que en 2020 llegue al 3%. A nuestro país le pide que la inversión repunte al menos hasta 2% en ese mismo período, pero la realidad es que cada año nos alejamos más, y ya los propios responsables de la Secretaría de Estado de I+D reconocen con la boca pequeña que tampoco esta vez lo vamos a poder cumplir. Otro dato si cabe más sangrante: se achacan los recortes a la recesión, pero justo durante los años más duros de ésta, la mayoría de los países europeos mantuvieron o incrementaron su inversión, conscientes de que la innovación es uno de los soportes fundamentales de sus economías, y con más motivo en tiempos de crisis. Sin embargo, España la cercenó. Fue el único país de nuestro entorno que lo hizo. Aquí unos gráficos que lo explican muy bien.

Pero tal ignominia no la puede reconocer el máximo gobernante de un país, y menos de este. Mariano Rajoy sabe como nadie que mentir en tiempo y forma es rentable. Él y sus asesores lo tienen muy calculado: lo espeta en el Congreso, se defiende atacando, y sus cuentas le aseguran que unos cinco millones de españoles se lo van a creer a pies juntillas: “España lidera proyectos internacionales muy ambiciosos” y “la ciencia funciona en este país”. A esa legión de crédulos que en muchos casos no tienen posibilidad de argumentar en contra, hay que sumar los que sí la tienen pero callan y otorgan. Entre ellos, no pocos medios de comunicación. Más allá de algunos enlaces en Internet, esta noticia que comentamos ha tenido más bien poca repercusión y menos contestación. Para eso están los otros muchos temas con los que seguimos distraídos mientras la vida pasa, la modernidad es esfuma y el tren se nos escapa otra histórica vez.

Algo similar sucedió cuando se aprobaron los Presupuestos Generales del Estado para 2017. Se anunció a bombo y platillo -y lo cacareó buena parte de la prensa– un significativo incremento de la inversión en innovación. Cuando algunos pocos se molestaron en leer el documento, rápidamente detectaron que lo que establecían esos presupuestos era un nuevo recorte encubierto. La estrategia de siempre: mentir, mentir y mentir.

Ya que los agentes sociales y económicos apenas se han alterado ante el clamoroso farol del presidente, han tenido que ser los más aludidos los que han salido a responder. En realidad, todos deberíamos sentirnos afectados en una cuestión que incide directamente en nuestro progreso económico y en nuestro bienestar. Pero claro, no toca la fibra sensible, no genera un clamor social como sí lo hacen otros temas. Los políticos lo saben perfectamente, aparte de que la ciencia y la I+D son políticas que, de dar resultados, lo hacen a largo plazo. Y lo que priva es el efecto inmediato que se haga tangible en las encuestas, y cuando llegue el momento, en las urnas. Así, mejor que se hable de la letra del himno, de la prisión permanente revisable y de otros temas “candentes”.

Pero, como digo, sí había quien tenía algo que objetar a la soflama de Rajoy: los propios científicos, y muy especialmente los que han tenido que irse de España para poder ejercer su trabajo. Han aprovechado que los expertos en comunicación del presidente se han venido arriba y han publicado en Twitter el triunfal diagnóstico del señor Rajoy. Y ahí sí han podido entrar a saco a cantarle las cuarenta. Le han enviado saludos desde Francia, desde Finlandia, desde China… y nada cordiales, por cierto.

La pena es que, más allá de este fenómeno más bien aislado, no se han visto editoriales en los grandes diarios ni espacios en las principales radios y televisiones, que arrojaran alguna dosis de verdad que contrarrestara la grandiosa mentira. Sí se hicieron cierto eco de la patética situación de la ciencia española a raíz de un informe que el mes pasado hiciera público la Fundación Alternativas, entidad por cierto vinculada al PSOE. Pero aquellas noticias caducaron a los dos días, ni se acuerdan ya los mismos medios que las publicaron. Ahora, el que ha jugado sus cartas es el Gobierno, apoyado en su aparato propagandista, para llamarnos Indocumentados + Derrotistas + inútiles (por sus siglas, I+D+i) a los que criticamos su política de recortes en investigación. Y cuando se trata de hechos no contrastables a simple vista, y si además no hay tiempo ni ganas de contrastarlos, el que miente primero da dos veces. Pues así nos va a ir.

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