El dichoso (y recurrente) “problema de comunicación”

Está claro que no aprendemos. Con lo estupendamente bien que todos estamos haciendo todas las cosas todos los días, va alguien y nos dice que estamos haciendo algo mal. Entonces, es que seguimos padeciendo el endémico problema de comunicación. Recientemente hemos escuchado y leído que el PP achaca a ese mal su descalabro en las elecciones en Cataluña, así como la decreciente intención de voto en toda España que han vaticinado las últimas encuestas. También Podemos se ha escudado en la comunicación al explicar sus decepcionantes resultados el 21-D, aunque, en su caso, no dicen tener el problema ellos, sino los medios de comunicación, que no han sabido/querido captar o entender su mensaje. Y bueno, para qué vamos a volver a recordar todos los casos de empresas y organizaciones que han pretendido dar carpetazo a sus crisis, desatinos o desastres, justificando que todo había sido un “problema de comunicación”. Y cuántos responsables y directores del asunto han desfilado por esas empresas y organizaciones, y cómo sus sustitutos son sucesivamente sacrificados cada vez que las cosas vuelven a salir rematadamente mal, esto es, que el dichoso “problema” se ha vuelto a manifestar. Si Lactalis fuera española, ya saben quién estaría fulminantemente cesado a estas horas. Y aun así, esperen…

Evidentemente, la Comunicación es el eslabón más débil en cualquier organigrama. Del mismo modo que, cuando las cuentas no salen, es la primera partida presupuestaria que se recorta, o si se hace necesario, la primera extremidad que se amputa. Eso, en términos funcionales. Porque, si nos atenemos a sus focos de interés, la mayoría de las organizaciones, y especialmente los partidos políticos, otorgan a su imagen y reputación una importancia capital, ya que obviamente saben lo que les va en el asunto. La cuestión es entender cómo se gestiona, a quién se debe encargar ese cometido… y cuánto se le paga. Ya hemos sabido de dirigentes políticos que contrataban por grandes sumas a “curanderos” de la profesión, cuya mayor credencial profesional era disponer de redes de diarios “zombis”, y su estrategia central utilizarlos para difundir y multiplicar titulares en positivo, que desplazasen en Google a las noticias adversas que se hubieran publicado en medios auténticos. En la vertiente opuesta, que el Ayuntamiento de Santander se piense, y el consistorio lo apruebe, que con 6.000 euros puede construir una magnífica web de promoción turística, traducida a siete idiomas, en tiempo récord para poder presentarla a todo bombo en Fitur. Efectivamente, estos son problemas de comunicación… y de otras cosas, también.

Lo que ocurre a veces es que, a un financiero, a un informático o a un abogado, raramente se le cuestiona lo que dicen, por ejemplo, en un comité de dirección. Son los expertos y nadie les tose cuando hablan. Pero cuando se trata de comunicación, cuidado. De eso todos saben, unos un poco, otros muchísimo, y quien más y quien menos lee la prensa y ve los telediarios todos los días, a ver “qué les vamos a contar”. Entonces, sucede que las decisiones que se toman, por vía asamblearia o por designio individual, no siempre son las que recomendaría el que verdaderamente conoce el terreno. Una vez que el desastre en términos de proyección pública se consuma, ya está el problema servido. Y el que caiga en desgracia no será ni el abogado ni el financiero. Pero incluso cuando el problema sea de índole legal, financiera o informática -y aquí ya rizamos el rizo- y el asunto haya alcanzado una insoportable repercusión, siempre podrá ocurrir que todos se miren y, al final, resuelvan que la culpa fue del cha cha cha… es decir, de la comunicación.

No nos engañemos. Así se han zanjado -o creído zanjar- muchas crisis políticas, empresariales, deportivas y de cualquier ámbito en este país y, no crean, también en otros. Pero, en fin, no se preocupen, que todo tiene su parte positiva, o a menos consoladora. Si después de estas últimas navidades alguno ha recibido la mala noticia de haber caído en el sobrepeso, diga que simplemente ha tenido un problema de comunicación con su báscula. Y a lo mejor cuela…

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