Zombis del periodismo, el servicio que nos hacen…

Parecería más un tema de Halloween que de tiempos pre navideños, pero esta semana hemos sabido y aprendido bastante de zombis. No de las películas o los que salían en el legendario vídeo clip de Michael Jackson. Qué va, esta vez hablamos de zombis del periodismo. En concreto, y aparte de que hayan salido por más sitos, nos vamos a centrar en dos episodios concretos: los llamados “diarios zombis” y el memorable y viral vídeo de las hipotecas publicado por Periquito Digital (perdón, pero nombrar a este medio con el sustantivo por el que se hace llamar, me parecería demasiado ambicioso).

Vayamos con lo primero. En las informaciones de esta semana sobre las investigaciones relativas a la Operación Púnica, salen a colación estos diarios zombis. Se trata de falsas publicaciones digitales, que se hacen pasar por tales, pero que en realidad son meros sitios en Internet que no hacen más que replicar noticias a la carta. Están debidamente programados para, cada vez que reciben una nota de prensa de una determinada entidad, publicarla automáticamente. Y sale en los buscadores. Una vez se pincha en el enlace, se ve que en el supuesto diario digital -que además suele tener nombre de tal- no hay ni contenido ni información. Nada de nada.

El secreto de estos diarios de ultratumba es que no funcionan solos, sino en red. Sí, como en Thriller, son muchos y van juntos. En concreto, el “conseguidor” de la trama Púnica disponía de 100 de estos diarios, debidamente adiestrados. De manera que, una vez se les envía la noticia que se pretende difundir, la publican a profusión, copan los buscadores y la gente encuentra por doquier esos titulares (a menudo nada más que eso, el titular), al servicio del interesado. Con ello, supuestamente, se crearía un determinado estado de opinión favorable, o serviría para contrarrestar otras noticias negativas pero verdaderas que puedan estar saliendo por ahí. Apelando, claro, a que la audiencia no sepa distinguir lo que es información real de lo que son estas “noticias zombis”. Ah, y un detalle, no pequeño: si sus “editores” se mueven bien, y este se movía, reciben publicidad institucional.

Lo muy triste -aparte de la tristeza y otras sensaciones que produzcan los hechos que se investigan en este y en otros casos-, es que el presunto “conseguidor” se presentaba como un experto en comunicación. Y ofrecía esta práctica como piedra angular de una estrategia de comunicación dirigida a mejorar la reputación del cliente que le contrataba. Al que además presentó un presupuesto bien suculento, y según se deduce de las investigaciones, el cliente se lo pagó. Qué mal servicio nos hacen casos así. El del que tiene el valor de presentar esto como una práctica de comunicación. Y el del que lo valora y lo paga. ¿Cuántas fórmulas lícitas, sanas, inteligentes y estratégicas no existirán para gestionar la imagen y la reputación? De verdad, qué mal se sigue entendiendo este trabajo.

El periodista zombi

Vamos a lo otro, lo del celebérrimo vídeo de los analistas financieros. No vamos a abundar en él en cuestión, en lo que ha circulado, se ha comentado y “memeado”, en lo que pretendía o no, o en lo que les ha pasado o les pasará a estos dos profesionales, que se entiende que lo son y, desde luego, no habrán tenido su mejor día. Nos interesa más otro ángulo del asunto.

En este caso, quien decide publicar el vídeo no es un “dario zombi”, sino un diario digital de verdad. Eso sí, dirigido por un antaño periodista que hoy parece transformado, en efecto, un zombi de esta profesión. Cualquiera puede, si le apetece y tiene ganas, darse una vuelta -aquí no lo vamos a enlazar- por sus páginas y secciones, ver las noticias que publica y, sobre todo, el tratamiento y enfoque “informativo” que dan en usar (y que cada uno juzgue, claro está). Pues bien, situaciones como las de estos analistas “felices” se pueden dar, y de hecho se han dado. Que alguien comparezca algo “pasado de vueltas” en un medio audiovisual, como podría hacerlo en su puesto de trabajo, el que sea, no deja de ser un error que se puede cometer. Especialmente si es en directo, y recuérdese a Paco Umbral o a algún un político, periodista o presentador del telediario. No debería pasar, pero si una vez pasa, se pide humildemente perdón, y no volverá a ocurrir.

Si se trata de un producto grabado, ya es más difícil que el desastre llegue a más. Alguien edita, controla y supervisa lo que se publica. Aún así, si pasa el filtro, en el medio rápidamente se darán cuenta de que en algo falla o ha salido defectuoso en ese contenido, y una vez detectado, lo suprimirá. Y si es necesario, también pedirá disculpas a la audiencia. Pero no. El Periquito Digital lo vio y lo publicó con todas las consecuencias. Cuando se montó el cisco y las empresas a las que pertenecían ambos analistas -a los que despidieron- solicitaron que se eliminara -algo que no hubiera servido de nada porque en cuestión de minutos ya estaba volando por las redes-, el diario se negó en redondo. Incluso se permitió (ahora, perdón, sí voy a enlazarlo) publicar otra “información” defendiendo a capa y espada su contenido, alabando y alabándose por su gran repercusión y, muy en su estilo, arremetiendo contra todo el que había osado criticar, caricaturizar o siquiera comentar el asunto.

La explicación es clara, aunque miserable. Es un ejemplo de que los medios -en general, y en algunos casos descaradamente, como este- atienden a Internet más que al público. La borrachera (nunca mejor dicho) de clics que esta publicación le ha generado al “Periquito”, para ellos es un “pelotazo” y un motivo de orgullo y satisfacción. Muy por encima del desprestigio que para cualquier medio de comunicación serio debería suponer haber dado difusión a un contenido de dudosa calidad o, directamente, que provoque vergüenza ajena. Pero así entienden hoy el éxito algunas empresas de medios. Cuentan las métricas y las estadísticas, no los espectadores. El impacto a granel, no de calidad. Cueste lo que cueste, a quien le cueste, y se lleven lo que tengan que llevarse por delante.

Y repito, qué mal servicio nos hacen…

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