Honrados del Atleti

¿Y cómo vengo ahora con esto, dos días antes de un clásico?, dirán. Pues porque los hechos de la vida mandan, y si son hechos de personas, están por encima de cualquier actualidad. Sin menoscabo de lo que supone un Madrid-Barça, se queda en cuestión menor.

Por aficionados honrados de un equipo de fútbol, he entendido siempre aquellos que apoyan al suyo, disfrutan, celebran y sufren con él. Y dejan en paz a otros equipos, excepto cuando juegan contra ellos. Están pendientes de sus puntos, de sus eliminatorias, de si los suyos están jugando bien o mal. Y no están esperando el descalabro de otros, muy especialmente de su vecino o de su “eterno” rival. Mejor dicho, lo esperan callados y hasta esbozan una sonrisita si ocurre. Pero no lo están deseando y anhelando antes y por encima de sus propios éxitos.

Sentada esta premisa, hay que decir que los honrados del Atlético de Madrid son, o me lo han parecido siempre, más bien contados, me sobran dedos de una mano. Cuidado, no quiero decir que los madridistas sean un dechado de honradez, y de hecho estoy de acuerdo en que también quedan cada vez menos que puedan presumir de esta virtud. Pero lo del Atleti ha sido de siempre. Desde que uno tiene uso de razón futbolística.

Sí, conozco muchos hinchas atléticos que desaparecen como si se les hubiera tragado la tierra cuando el Real Madrid consigue títulos y ellos pertinazmente no. Surgen como de debajo de las piedras cuando al fin ganan una liga, un doblete, una Europa League. Pero, sobre todo, cuando el Madrid se la pega. Si es contra el Barça, no digamos. Si es en Europa, ya están tardando en salir a la luz. Los he conocido de la Real Sociedad en tiempos de Arconada, del Deportivo cuando era el Super Depor, del Milan cuando nos borraba del campo… Iban al Calderón con pelucas de Gullit, con bufandas de la Juventus, del Tenerife, del que tocara. Se declaran devotos de Messi, antes lo fueron de Ronaldinho, de Eto’o, Van Basten… De cualquiera que nos haya mojado la oreja o nos haya roto la espalda.

Pero no, no son todos así. Hay honrados del Atleti. Gente que sufre, y mucho, con sus penas y fracasos. Y disfruta como nadie -eso hay que decirlo- con sus conquistas. Que ha sido muy crítica con sus malos gestores, incluso se borraron de socios cuando el gilismo. Pero nunca le han negado su apoyo, su corazón, a esos colores rojiblancos. Si tienen ya una edad, lloraron cuando lo del Bayern en Bruselas. Sin necesidad de tenerla, cuando lo de Lisboa, pudieron tardar dos semanas en felicitar a un madridista, porque no les salía ni la voz del disgusto, pero al final lo hicieron. Se quejaron del fuera de juego de Sergio Ramos en Milán, es lógico, pero no dejaron de estrechar la mano. El cholismo les ha devuelto la autoestima, pero no han perdido la perspectiva.

Sí, como diría Woody Allen, existen y yo los conozco. Uno, en los muy malos tiempos, llegó extenuado y amargado a casa, después de un día terrible de trabajo. Mientras se descalzaba y liberaba al fin sus doloridos pies, se enteró por la tele, ni se acordaba de que jugaba, que su Atleti había eliminado al Rayo en la Copa, pero si estaban más perdidos que en Lyon. Entonces se le olvidaron todas las miserias, se puso a dar botes por el salón, su mujer lo contaba divertida, al día siguiente en la oficina. No reveló más detalles, claro, pero esa noche seguro que durmió y durmieron felices.

O los he conocido. Porque cada vez van quedado menos. No ya del Atleti, es que la gente honrada empieza a escasear en todos los escenarios de la vida. Me acuerdo mucho de los que conocí, me acuerdo cada vez que gana el Atleti, pero no cuando pierde el Madrid, porque ellos tampoco se estarán alegrando. Estos días ha tocado despedir a uno. Que, encima, ha tenido mucho tiempo para hacerse a la idea, imagino que también para ver cómo se les negaba esa Champions, otra y otra vez. ¿Se ha ido sin ver a su Atleti ganarla? No, miren, para tranquilidad suya y de su familia, no se preocupen, creo que eso no va a suceder. Pero bueno, si alguna vez sucede, ya se enterará. Y yo brindaré por él.

P.D. No hace falta decir que su vida ha sido mucho más y más rica que esto. Pero aquí, he preferido quedarme con este pequeño y particular ángulo.

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