A ver si nos llega el Sol…

Pocas canciones tan vitales y reparadoras como esta. George Harrison compuso Here Comes the Sun en una etapa convulsa, tanto en lo personal como en lo profesional. Las tensiones y el ambiente enrarecido previo a la separación de The Beatles, determinado principalmente por los problemas financieros y por los choques de egos, se le hacían difícilmente soportables a una persona esencialmente tranquila como él. Por las mañanas estaba en reuniones y negociaciones que se le hacían antipáticas e interminables, y por las tardes se escapaba a la casa de su amigo Eric Clapton en Surrey, al sur de Londres. Allí, en el jardín, encontraba la paz y la concentración que le faltaban. Y en medio de aquellas jornadas grises, un día salió el sol. Lo demás lo puso su inmenso talento.

El Sol es la principal fuente de vitamina D, que necesitamos fundamentalmente para absorber el calcio que fortalece los huesos, pero además es beneficiosa para otros órganos y funciones, para la piel, las uñas, el cabello… Y a George Harrison le salió un tema que es pura vitamina D. Desde sus primeros acordes acústicos calma, alivia, levanta el ánimo. Y te encuentres como te encuentres, a los pocos minutos de escucharla no puedes evitar que te brote al menos una sonrisa. Sí, seguramente cuando dice the smiles returning to the faces. Es una canción que empieza tímida, como los primeros rayos que pujan por salir, y va haciéndose grande, sinfónica y resplandeciente.

A pesar de su turbulento origen, la canción tuvo un final feliz. En medio aquel amargo trance que supusieron los últimos meses de The Beatles, fueron capaces de detener aquel tiempo, de abrir un paréntesis en medio de sus diferencias y ponerse a trabajar juntos. Como en sus mejores años, como les pedía George Martin si querían que les produjese de nuevo. Virtualmente separados como ya estaban, Paul, John, Ringo y el propio George tuvieron la determinación de unirse, apenas durante unas semanas, y dar lo mejor de sí mismos. El resultado fue nada más y nada menos que Abbey Road. Y Here Comes the Sun abría la que sería mítica Cara 2. Poco después, y tras otra dura vorágine de cuitas y negociaciones, anunciaron su separación oficial. Pero, al menos, después de haber rematado su irrepetible carrera con el mejor disco de la historia.

Y ahora, hoy mismo, da gusto escucharla. Pura terapia para momentos difíciles, como lo fue entonces para George. Para rasgar un poco la tensión, despejar la angustia e irradiar algo de luz. Y a lo mejor, quién sabe, algo de perspectiva. Es indudable que la música aclara y refresca las ideas, y este es uno de esos temas que puede ayudar a verlo todo un poco más claro. Por eso, después de una serie de post un tanto duros, en medio de un puente, no se me ocurre nada mejor. A ver si nos llega el Sol…

And I say it’s all right…

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