El Contador de historias

El ciclismo es el deporte de las más bellas estampas y un “oficio de perros”, como lo llamó Maurice Garin, el primer ganador del Tour de Francia. Que hace sufrir como quizás ninguno, pero que se engrandece de las historias y leyendas que ha dejado. Por algo será, posiblemente, en el que más se pronuncia el adjetivo “mítico”. Dicen, y en efecto sucedió, que Luis Ocaña reventó a todo un Eddy Merckx con un ataque furibundo de salida hacia Orcieres-Merlette; que el Tarangu Fuente lanzó hasta 21 demarrajes subiendo el Telegraph; que Perico Delgado se dio a conocer como “El loco de los Pirineos” cuando le vieron tirarse a tumba abierta por las pendientes rectas del Peyresourde; que Marino Lejarreta puso los Lagos de Covadonga en los mapas de carreteras, y ya todos supimos dónde estaban; o que en Luxemburgo no olvidan cuando un avión llamado Miguel Induráin surcó en vuelo rasante su verde llanura. Por citar, básicamente, algunos de esas gestas míticas forjadas por ciclistas españoles. Desde hoy, empezaremos a contar, con tanta pasión como nostalgia, las historias de Alberto Contador.

Claro, que muchas de esas historias del ciclismo narran gloriosas victorias, pero también amargas derrotas. Días después de su hazaña, Ocaña se dejó los huesos y el maillot amarillo en una bajada traicionera en el Col de Menté; Fuente no consiguió escaparse de su gran rival, que por cierto era el conquense; Perico llegó segundo en aquella etapa; Marino no ganó aquella Vuelta a España. Pero no por ello han dejado de ser bellas y recordadas sus aventuras.

Y en efecto, de Alberto Contador quedan escritas sus formidables conquistas: su exhibición en Berbier, la contrarreloj en la que se impuso al mismísimo Fabian Cancellara en Annecy, esa otra de infarto en Angulema, su primera victoria en el Angliru, el Giro de Italia que ganó casi recién venido de la playa porque no lo iba a correr, la decisiva crono que improvisó camino de Fuente Dé… enclaves marcados como Plateau de Beille, el Etna, Ancares, Alpe d´Huez (que sí, que no se me ha ido la pinza, mírenlo bien que también ganó ahí)… y en fin, París-Niza, Tirreno-Adriático o todas esas Vueltas al País Vasco que atesora, que no sólo ha sido corredor de largas rondas. De éstas, nueve -tres Tours, tres Giros y tres Vueltas- en lo más alto de podio, que cinco miserables pictogramos -y unas instancias deportivas aún más miserables- dejaron finalmente en siete. Y que un cavernoma cerebral, a sus 22 años, estuvo a punto de dejar en nada.

Pero también en sus derrotas o en sus malos momentos, Alberto ha sido grande, ha dejado huella. Aquel ataque en el Galibier, que parecía no tener lógica ni razón de ser, pero que puso el corazón en un puño a los que se jugaban aquel Tour. El arreón en la etapa de Formigal que sirvió para decantar la Vuelta de 2016 en favor de Nairo Quintana. Este año, la París-Niza que perdió por un segundo de bonificación dejado en el sprint. Desde el Giro de 2015 no ha podido ya ganar una grande, y sin embargo, se ha dejado notar en todas.

Y qué decir de esta Vuelta a España. La perdió el primer día de montaña, un maldito lunes en Andorra. Desde entonces, se puede decir que no ha habido día -salvo los de descanso- en que no se le haya visto demarrar en una cuesta, irse en un descenso, tender una emboscada, ganar o perder, intentarlo siempre. Aun cuando andaba lejos en la general, nadie dejó de mirarle con recelo, ningún equipo le prestó colaboración porque sabían, lo han temido siempre, de lo que el de Pinto cualquier día sería capaz. Hasta la emotiva coronación de ayer en el Angliru, en la que todos trepamos con él por esas pendientes pavorosas, y que le convierten -eso también le queda- en el primer corredor en repetir victoria en nuestra emblemática cima.

Sí, esta Vuelta 2017 la gana Chris Froome. Merecidamente y además es de celebrar, porque su nombre dignifica el palmarés de la ronda española. Y porque él siempre le ha dado un gran valor, de hecho, no olvida que aquí se dio a conocer, y no ha cejado en su empeño hasta conseguirla. Pero hasta él sabe, como todos, que, sin Alberto, esta carrera no hubiera sido igual. Y el ciclismo ya no va a volver a ser igual… hasta que venga otro parecido a él.

Nos quedará contar sus historias. Gracias, Alberto Contador.

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