Su primer sueldo de periodista

En la redacción de Nacional de aquel ABC que dirigía Luis María Anson, se daban cita algunas figuras de relieve del periodismo de entonces y futuro, a saber: el redactor jefe era José Antonio Sentís, que años después sería director de RNE; su segundo de a bordo era José Antonio Vera, hoy presidente de la Agencia Efe. Entre los redactores, recuerdo a Gonzalo López Alba, que seguía la actualidad del PSOE, y hoy sigue haciéndolo desde otras atalayas; a Luisa Palma, que seguía a la entonces Alianza Popular, y contaba memorables anécdotas de Fraga; estaba Jesús María Zuloaga, hoy subdirector de La Razón, que ideas y tendencias aparte, ha sido uno de los periodistas más genuinos que uno ha conocido en carne y hueso; Catalina Luca de Tena, hija del editor, heredera y la más pretendida, tenía a su cargo la información sobre la Familia Real; o María Peral, a quien el director preguntaba día sí y día no si ya se había divorciado. Y muchos más, era una redacción muy amplia, pero si los nombramos a todos, la lista se haría demasiado larga, bueno, a Ángel Puerta, porque era el mejor tío y lo decían todos. Ah, y el cronista parlamentario era un tal José Antonio Sánchez, cuya trayectoria posterior, en fin, también conocemos.

Y luego, había becarios. Era el primer año de un programa que habían puesto en marcha con la Universidad Complutense, cientos de alumnos se examinaron tal que un sábado y un 30 de marzo comunicaron a los elegidos que al día siguiente debían presentarse en Serrano 61. Serían unos 30, a la sección de Nacional fueron a parar cuatro, y a uno le destinaron al turno de noche. El de los cambios de edición -la primera iba a provincias, la segunda a Cataluña, la tercera y estelar, a Madrid. Y el de las noticias intempestivas. La primera noche, atentando de ETA en Barcelona -un policía muerto, otro herido. El recién estrenado no se olvidará colgado del teléfono, dictándole al joven redactor de noche, Manuel Abizanda, el parte médico del herido, que le iba recitando el corresponsal político en Barcelona -¿cómo se llamaba, hombre…? Ah sí, Francisco Marhuenda.

Pero la mayoría de las noches no pasaban estas cosas excepcionales. Salvo otro atentado -este, el de Hipercor-, unas elecciones municipales y autonómicas, alguna sonora bronca del director a esas horas y algún cachondeo los sábados… Pero, por lo general, las veladas eran más bien tediosas. Y después de salir muy tarde y un largo paseo hasta casa, tocaba darse el madrugón. Porque no hemos dicho que esa beca recién inaugurada no contemplaba retribución alguna para los meritorios, y si querían salir el fin de semana, habían de buscarse alguna chapucilla con qué pagarse los minis, el tabaco y alguna copa si daba de sí.

Y lo peor es que el bullicio de la redacción quedaba lejos. Cuando uno llegaba, los demás ya se iban al poco, y salvo que ocurriera algo gordo, ya los vería otro rato a la jornada siguiente. Un día, antes de irse, José Antonio Vera se le acercó. Quería que todos los becarios firmaran algo, aparte de pasar teletipos, y claro, el de noche le tenía menos oportunidad. Le propuso trabajar en un reportaje. Como en esos momentos se desarrollaba la campaña electoral de las citadas elecciones municipales, se trataba de analizar la asignación de los espacios urbanos en Madrid -farolas, vallas, marquesinas…- para que los partidos colocaran sus carteles y demás propaganda electoral. Que aquello no consistía en que el primero que llegaba ponía el suyo, sino que estaba debidamente organizado y programado.

No hace falta decir que la propuesta le hizo una ilusión tremenda. Además de poder realizar por fin un trabajo periodístico, el proyecto suponía ir a la redacción por la mañana, vivirla, y claro, dejarse ver, que no era tontería. Aunque supusiera redoblar esfuerzos, porque luego había que hacer la sesión nocturna, merecía la pena. Se trataba de hablar con todos los partidos políticos que concurrían por Madrid –PSOE, AP, CDS, PDP, PCE (¿o ya era IU?)… que uno recuerde. A poco de empezar a contactar con los distintos gabinetes de prensa, la tendencia estaba clara. Los dos grandes partidos estaban encantados con la asignación. Los socialistas tenían Centro, Moncloa, Arganzuela…, a los populares les tocaba Salamanca, Retiro, Chamberí… y en fin, entre los dos copaban más de la mitad de los distritos. En cambio, los demás grupos se quejaban amargamente de un claro favoritismo hacia las dos grandes formaciones, a ellos les habían dejado las migajas, todo para que el bipartidismo imperante volviera a salirse con la suya.

Una recabada toda la información, llegó el momento de redactar la crónica. Y el becario lo hizo con mimo, con todo su rigor y tratando de volcar su mejor estilo. El texto final recogía todo al detalle, pensaba qué bien contado. El titular debía reflejarlo, y eligió algo así como: “los partidos pequeños denuncian favoritismo en la asignación de espacios electorales en Madrid”. Luego, el periodismo y los medios son así. El día de su publicación, la crónica salió fiel a como se había entregado, no la habían variado ni editado nada, la firma en su sitio… pero el titular era: “La oposición denuncia favoritismo en la asignación de espacios electorales en Madrid”. En fin, el texto de la información es responsabilidad del que firma y del medio, pero del titular sólo es responsable el medio. Entonces, perfectamente te lo pueden cambiar y ponerlo a su conveniencia. Aunque luego el artículo diga otra cosa. Hay que decir que al becario el detalle no le sorprendió y se lo tomó con sorna. En cualquier caso, no le empañó la ilusión de firmar en un periódico importante por primera vez.

Y era realmente lo de menos, pero esa colaboración extra sí estaba retribuida. A los pocos días, al becario le entregaron un sobre con un cheque por 1.000 pesetas. Se fue al BNP de la calle Serrano y lo cobró. No iban a ninguna parte, pero era su primer sueldo de periodista. Y lo empleó como debía ser y como procedía: se lo gastó en cervezas con un amigo. No sobró un duro…

No es esto el comienzo de un libro de memorias, sino un recuerdo que me viene a la cabeza, y del que se acaban de cumplir… 30 años.

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