Federer no volverá a ganar un…

Tennis Australian Open 2017

Un viaje al Caribe, un “gordo” en la Lotería o un peluche en una feria. Eso es lo que no volverá a ganar Roger Federer. Porque el decimoctavo grand slam ya lo tiene, a pesar de los vaticinios de muchos expertos y especialistas que por eso lo son, porque a veces también se equivocan.

Parecería un sarcasmo decir que el tenis le debía uno, al menos uno más, al que en su carrera ha ganado todo lo que se puede ganar y más que nadie. Pero es que el suizo lo venía persiguiendo tenazmente en los últimos años. Después de su decepcionante temporada en 2013, que parecía marcar su definitivo ocaso, se reveló contra el destino que todos le auguraban. Cambió de raqueta, fichó a Edberg de entrenador, jugó más agresivo… Y volvió a ser él: tres Master 1000, la Copa Davis, enormes actuaciones… pero se le negaba lo que más ansiaba: tres finales de grand slam perdidas, dos en Wimbledon y una en el US Open, todas ellas frente a Djokovic. Incluso en su incompleto 2016, puso todo lo que tenía para alcanzar su decimoctavo grande, pero se quedó en semifinales en Australia y de nuevo en Londres.

Al este primer grande de 2017 llegaba sin jugar un partido oficial desde julio, con nuevo entrenador y flamante raqueta otra vez. Y demostración tras otra, ha ido despejando el camino hacia una nueva final. Ayer, en Melbourne, la última barrera era nada más y nada menos que Rafa Nadal, el tenista con el que más ha disfrutado jugando, y a la vez el que más le ha hecho sufrir. Después de jugar como los ángeles durante varias fases del partido -un tercer set para enmarcar-, disputados cuatro juegos del quinto, parecía que su “desgraciado” sino se iba a repetir. Ha dicho después que, tan feliz de encontrarse aquí, le hubiera dado igual perder. Mentira piadosa. De ser así, no hubiera tenido ese arranque, esa reacción, que no se le conocía desde hace años. Además de jugar como Federer, ha tenido el carácter y la ambición de Nadal. Y eso ya sí que es invencible, imparable, impepinable. Aquí está, con sus 18 títulos de Grand Slam. Y promete seguir dando guerra…  y el inmenso placer de verle.

Pero, con todo, quizás lo más importante no sea la gesta de Roger, sino el acontecimiento “planetario” de volver a verle con Rafa en la misma pista. Rabia, o sana envidia, le habrá tenido que dar a un Djokovic o a un Murray, dominadores y protagonistas de las últimas grandes citas, comprobar que ellos nunca serían capaces de concitar la expectación mundial que el suizo y el manacorí han sido capaces de reunir. Sus intervenciones al final del partido fueron el colofón. Así da gusto ver y disfrutar del deporte. Como decía el otro día, esperaremos que cada vez que se vuelvan a encontrar, sea la penúltima.

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