Antología de la media verdad

Medias verdades

La media verdad es la peor de las mentiras, no decimos nada nuevo. “¿Dijiste media verdad? Dirán que mientes dos veces si dices la otra mitad”, es una famosa cita de Antonio Machado. Una simple y clara definición que he encontrado en una somera búsqueda es esta: “consiste en considerar los argumentos, evidencias y sugerencias a favor de una conclusión y omitir, ocultar e ignorar los argumentos, evidencias y sugerencias en contra” (falacias.org).

El problema es que, en la Comunicación compleja y condicionada de hoy, esta figura se ha convertido en un arma estratégica de uso común. Y en muchos ámbitos, principalmente en la comunicación política pero también a menudo en la comunicación corporativa, su uso se ha hecho inevitable. Hasta el punto de que los más apreciados “constructores” o “moldeadores” de mensajes son los que consiguen esculpir medias verdades realmente convincentes. Que por lo tanto, y por la propia definición del término, en el fondo engañan mucho más.

Se puede leer en Wikipedia: “las verdades a medias, así como la verdad fuera de contexto, tienen efectos más poderosos que las mentiras, ya que pueden convencer más fácilmente al receptor del mensaje gracias a la parte de verdad aportada. Los nazis, y especialmente Goebbels, emplearon conscientemente en su propaganda tanto la mentira directa como la media verdad y la verdad fuera de contexto”. Poco más que añadir en principio.

Lo que pasa es que, si se pone como ejemplo a los nazis y a Goebbels, parece que la práctica se antoja tan siniestra como lejana en el tiempo. Y, desgraciadamente, no hace falta irse tan lejos ni buscarlos tan aviesos. De hecho, el citado ministro de Propaganda fue, aparte otras consideraciones, un gran influyente en la comunicación del siglo XX y hasta nuestros días. Muchos gobiernos, lobbies, entidades y empresas aprendieron de sus técnicas y las ejercitaron con toda naturalidad. Y no hablamos necesariamente, ya digo, de malhechores o de gente perversa. Simplemente, utilizaban la comunicación como una estrategia para defender sus intereses. Y la media verdad, practicada con suma habilidad, era una buena táctica para construirse reputación. Como la mentira repetida mil veces, bien amplificada y diseminada, era muy efectiva para desarmar a la competencia, política o empresarial.

Y así nos hemos acostumbrado a convivir con medias verdades. Hoy la manejan todos, más hábil o más torpemente. Desde el directivo hasta el famoso de turno, pasando por algunos periodistas – cuando ese gremio debería ser quizás uno de los más irreprochables combatientes contra ella- hasta el ciudadano que discute en una tertulia de bar, que también ha aprendido a usarla. Porque hoy las medias verdades son pret-a-porter, se escuchan todos los días y están al alcance de cualquiera.

Pero en fin, si quieren ilustrarse más sobre el “arte” de la media verdad, ayer por la tarde y a lo largo de la mañana de hoy hemos tenido oportunidad de escuchar un sinfín. Unas más logradas, otras más sofisticadas, y otras verdaderamente groseras. Digamos una antología.

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