¿Dónde viste las Olimpiadas…?

Dónde viste las Olimpiadas II

¿Dónde estabas, habías siquiera nacido cuando Bob Beamon sobrevoló rasante a lo largo de 8,90m los elevados suelos de México? Casi tan altos como los puños con los que los atletas norteamericanos negros expresaron su poder sin siquiera atender a la bandera ni al himno que aún se dudaba que fueran realmente suyos.

¿Cuántos años tenías cuando Mark Spitz inmortalizó esa piscina de Múnich? Ahí sigue, el agua clarita y perfectamente climatizada. Lo que ya no se encuentra son las zapatillas del USA team de baloncesto (universitario todavía) sobre el segundo escalafón del podio….

¿Tenías edad y perspectiva para comprender lo que significaba el “10” de Nadia Comaneci en Montreal? ¿Aspiraste a ser como Coe y Ovett, imperiales sin tocarse ni mirarse en el estadio Lenin –hoy Luzhnikí- de Moscú?

¿Dónde y a qué horas estaríamos viendo los partidos de la selección de baloncesto que arrasaba a Yugoslavia en Los Ángeles? Admirables con perilla y bigote los de Díaz Miguel, hasta que Michael Jordan nos afeitó en seco. Mientras, en el tartán, Carl Lewis se acariciaba el mentón afilado.

¿Ganaste una apuesta con Ben Johnson en Seúl, y luego tuviste que devolver el botín? Ese día comenzaron un nuevo atletismo y un nuevo deporte, como ese mundo nuevo –siempre peor- al que dicen que nos tenemos que acostumbrar.

¿Podrías nombrar de memoria a los 12 del Dream Team de Barcelona? ¿Y de quiénes acompañaron en el podio a Fermín Cacho? Tal vez te acuerdas mejor del arquero que ¿acertó? la antorcha, o si quieres de aquellas vistas imposibles tomadas por el realizador desde el trampolín de las piscinas Picornell.

¿Por qué dijo Samaranch que los Juegos de Atlanta habían sido “excepcionales” pero obvió señalar que los mejores, como siempre solía en las clausuras que él presidió? ¿Y cómo se llamaba, danesa para más señas, aquella jugadora de balonmano que era brutal?

¿Te enamoraste de la aborigen, con traje de marciano y nombre de libertad, que consiguió ser profeta en su Sidney? O tal vez de la María Vasco que rescató el bronce de su vida en una noche de insomnio. Sucedía en el quinto continente, pero la piscina fue una monarquía holandesa.

¿Qué dios reinó en El Olimpo más que El Gerrouj? Alá era grande pero extraño para él, le había dado todo menos lo que más ansiaba, el oro olímpico. Y en Atenas le dio dos.

¿Quién fue el Rey de Pekín, Usain Bolt o Michael Phelps? En Londres no hay duda, ¿verdad? ¿O fue tal vez Boris Johnson, que de alcalde ascendió a rey de la city con sus olimpiadas moradas, inauguradas y clausuradas por viejas estrellas del rock? Fue el año que aprendimos a ver Taekwondo.

Sí, hemos visto unas cuantas Olimpiadas ya, desde distintos lugares y, sobre todo, en distintos momentos y episodios de nuestras vidas. Y aquí las tenemos otra vez. Cierto que estos días estamos hablando más de los problemas que vive Río de Janeiro, de las amenazas latentes y de los desafíos que afronta la organización de estos XXXI Juegos. Pero seguramente, como ya sucedió otras veces, en cuanto prenda el pebetero ya estaremos pendientes de los deportistas. Y seguro, no va a fallar, que Río 2016 también nos dejará imágenes que recordaremos por siempre, es decir, mientras seamos capaces de recordar. Pasen y jueguen, más antiguos o más tecnológicos, más simples o más complejos y controvertidos, esto son los Juegos Olímpicos.

P.D. Y como seguiremos a muchos atletas, a los nuestros y a los que nos llenarán la pantalla, aquí os sugiero seguir también a estos. ACNUR, Juegos Olímpicos, el equipo de los Refugiados

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