Lo que nos vende este Real Madrid

Cristiano Ronaldo, foto Ballesteros, Efe

No se podrá dudar que, a título individual, Cristiano Ronaldo ha triunfado en el Real Madrid. Ha conquistado dos balones de oro, tres botas de oro, tres pichichis y un sinfín de otras distinciones, aparte de una portentosa lista de records y los vídeos que dejará para la posteridad. Otra cosa es que el Rea Madrid haya triunfado con él. En las siete temporadas que cumple ya en el club, el palmarés es: una Liga, dos Copas y la Champions League de 2014. En especial, un solo título liguero en este tiempo es una cosecha paupérrima para este club, por mucho Barça que ande por medio. En definitiva, Cristiano ha ganado mucho deportivamente con el Madrid, pero el Madrid ha ganado bastante poco con él. ¿Y qué habría que decir de Bale, Kaká, James Rodríguez…? Estos ni siquiera han amortizado seguramente la millonada que costaron, que es lo que sí se puede defender del portugués. El coste en imagen ya es otro asunto, más intangible. Pero tener a un jugador que es objeto de burla y escarnio en todos los campos de España es algo que otros presidentes de la entidad blanca quizás no hubieran consentido.

La cuestión es si un club prefiere tener grandes futbolistas que le ayuden a ganar títulos, o bien estrellas de alto vuelo mediático que le den fama, prestigio e ingresos económicos gracias a su imagen y sus logros individuales. Obviamente, cualquier directiva, y la madridista también, quisiera ambas cosas. Pero está claro que Florentino Pérez ha dado prioridad a lo segundo, y piensa que por esa vía debería obtener también los títulos. Y es evidente que el plan no le ha salido o no le está saliendo. Otros clubs, y el FC Barcelona de esta última época es un ejemplo, se han preocupado de hacer grandes equipos ganadores, y luego sus jugadores –ya fueran canteranos o lustrosos fichajes- han relucido y se han hecho estelares: Xavi, Iniesta, Busquets, ahora Neymar y Luis SuarezMessi es caso aparte, porque es de esos elegidos que juegan y hacen jugar, brillan con luz propia pero irradian brillo alrededor, fabrican fútbol a borbotones y además lo comparten. Por eso gana ligas, champions… y más balones de oro que nadie. Es del planeta de Cruyff, DiStefano, Beckenbauer, Pelé o Maradona. Cristiano decididamente no, le fastidie a quien le fastidie.

En este segundo mandato de Florentino Pérez, estos mismos siete años, han pasado ya cinco entrenadores. ¿Y ha variado sustancialmente la forma de jugar? Ya el primero de ellos, Pellegrini, argumentó que no podía hacer el juego de toque y elaboración que había practicado su Villarreal porque carecía de los jugadores para hacerlo. Entre unos y otros técnicos ha podido variar el talante, la psicología, la comunicación con el vestuario y de puertas afuera. Pero en lo táctico, simplemente matices. La tónica de estos años es básicamente la misma: equipos poco trabajados técnicamente, poca compenetración –parece que fueran nuevos cada año-, juego a base de impulsos y destellos… y en cuanto el balón pasa de medio campo, pasársela a Cristiano. Que la pide aunque esté marcado y se la dan. Que reclama toda la atención y se la prestan. Así, el ataque madridista tiende a ser un embudo. Él marca sus 60 goles por temporada pero el Real Madrid queda segundo o tercero, y la final de la Champions la juegan otros. Eso sí, a la gala de la FIFA no faltará.

No quiero decir que todo esto sea culpa de Cristiano. Con más o menos ademanes y actitudes, cualquier futbolista se comportaría de forma parecida. A todos les gusta marcar los goles, ser aclamados, recibir parabienes y recoger galardones. Y no me cabe duda de que al portugués también le importan los títulos. En seis años con el Manchester United logró tres ligas, una Copa y una Champions, sin contar dos Copas de la Liga, competición que no se juega aquí. Lo que pasa es que aquí está en un club que otorga la máxima importancia a sus estrellas –los “activos” que le gusta decir a Florentino– y subestima los equipos, éstos saldrán por su propio peso si hay excelentes jugadores, se piensa desde la alta dirección sin que nadie lo rebata. Es lo que nos vende este Real Madrid, y mucha gente se lo cree y lo compra. Claro, esas estrellas tampoco se rebelan ni se quejan de esa política, ni mucho menos. A nadie le disgusta que le alaben y le veneren, viven cómodos en esa carroza dorada en la que van instalados. Pero luego vienen las frustraciones, las rabietas y las declaraciones fuera de tono, se intenten después aclarar o no. O Butragueño saliendo en televisión a decir que “es muy doloroso”.

Hace diez años, por estas fechas, Florentino Pérez abandonó el barco que él mismo estaba llevando deportivamente a la deriva, y así lo dejó. Volvió para reflotarlo, pero la perspectiva demuestra que no aprendió de sus errores. Porque está convencido de no haber cometido ninguno.

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