Da un carnaval y te pondrán la guerra

Dales un Carnaval y te pondrán la guerra

“Usted facilite las ilustraciones, que yo pondré la guerra” le dijo el magnate Hearst al dibujante enviado a Cuba para informar gráficamente del hundimiento de un buque de guerra norteamericano por una explosión. Era 1898 y se trató de la primera guerra inventada por la prensa, de acuerdo con la exposición de Manuel Leguineche en el libro que publicó justo un siglo después.

En todo este tiempo transcurrido, las técnicas de difundir una realidad deformada para crear opinión y surtir efecto en beneficio de un objetivo concreto –político, económico, social…- se han perfeccionado y sofisticado. Por ejemplo, a mitad de camino entre aquel acontecimiento histórico y nuestros días tuvimos nada menos que al maléfico maestro Goebbels. Sin embargo, resulta más o menos fácil comprobar que hoy los mecanismos de la Comunicación infamante siguen siendo parecidos. Lo que sí ha cambiado drásticamente es el tremendo efecto multiplicador de los medios de hoy, la capacidad de extender cualquier infundio en cuestión de minutos. De una chispa bien azuzada se puede generar un devastador incendio, de un escape de agua un tsunami, de una frase torpemente dicha o una acción dudosa, una catástrofe institucional.

Tenemos a mano, quiero decir muy reciente, un manual práctico muy aleccionador de esta estrategia de comunicación, de cómo proceder con efectividad para provocar cataclismos informativos que deriven en una absoluta crisis. Con sus tiempos y protocolos bien marcados, a saber:

– Viernes tarde. Conocido el hecho y las primeras noticias aparecidas sobre él, se aprovecha la habitual imprecisión de las informaciones apresuradas y de los testimonios recogidos al vuelo para resaltar los hechos más impactantes, es decir, los que más interesan.

– Viernes noche. Fuego a discreción: en torno a esos hechos debidamente resaltados y difundidos, sale la brigada ligera para generar las primeras reacciones contundentes –indignación es el mensaje-, con suficiente virulencia para crear alarma y levantar estados de ánimo. El que da primero da dos veces, y si ese golpe es suficientemente fuerte –léase sonoro-, las posteriores explicaciones, rectificaciones o argumentaciones de la otra parte se diluirán en la marea.

– Sábado. Profuso despliegue informativo en televisiones y radios, con imágenes seleccionadas, con testimonios debidamente escogidos, con cortes de declaraciones hábilmente editados. Por su parte, jueces y otros actores de guardia que actuaron con solvencia han contribuido a dimensionar el producto. El gran público ya sabe que anoche sucedió algo tremendo.

– Domingo. Corrientes de opinión: la prensa escrita ya tiene su análisis, esto es, la historia bien redondeada y eficazmente construida. El articulismo y el editorialismo afines, bien aleccionados, hacen su labor extendiendo todo el humo posible para aislar al enemigo. Y todos alrededor bien disciplinados y fieles a la táctica infalible: repite, repite, repite…

– Lunes mañana. Carga de profundidad: entran ya en acción los pesos pesados, con un discurso que ignore los detalles y desprecie hechos o contrastes, para lanzar un mensaje único y uniforme. Apuntando alto para que surta efecto en el verdadero objetivo de la acción.

– Lunes tarde. Fuego colateral: asociaciones, colectivos y otros viejos aliados se adhieren a la causa, emitiendo sus correspondientes comunicados de repulsa, manifestándose dolidos y afectados, anunciando acciones legales dirigidas también contra las más altas esferas, ya perfectamente sitiadas y divididas. Por lo demás, profusión de portadas y monográficos que eclipsan cualquier otro foco o debate público que sirva de escape.

Con estos pasos bien seguidos y ejecutados, tal que el martes ya tenemos a una significativa parte de la ciudadanía convencida. Han dejado de prestar atención a otros frentes de la actualidad y de la vida cotidiana para quedarse con lo único verdaderamente importante que ha pasado, a saber:

“El viernes por la tarde, en pleno centro de Madrid y aprovechando la celebración del carnaval, unos peligrosos activistas perpetraron un acto vandálico de ensalzamiento del terrorismo, escenificando crímenes de ETA y exhibiendo pancartas en su apoyo ante miles de niños. La acción, de indudable apología de la banda, estuvo auspiciada por el Ayuntamiento de Madrid y alentada desde corrientes extremistas del propio consistorio, que ahora piden deliberadamente la liberación de los terroristas, lo que ha provocado indignación en la sociedad y una situación de división irreversible en la institución municipal”.

Ya han puesto la guerra en el carnaval. Y con el olor a ceniza en el aire, la agria doña Cuaresma se ha apostado diez euros a que la han ganado.

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