La selección española de motociclismo

Podio GP Cheste, foto Efe

Va a hacer ya cuatro años, la selección española derrotó a la italiana sin paliativos por cuatro a cero en la final de la Eurocopa de fútbol. Fue en Kiev, Ucrania, en una competición organizada por la UEFA. Y nos dimos un gustazo aquella noche. Hoy, la selección española de Motociclismo ha arrasado a la siniestra squadra italiana liderada por el capo Valentino en la final del Mundial de Moto GP. Ha sido en Valencia, España, en una competición organizada por una empresa española. Y cantamos el himno a mediodía. Ah, pero ¿el motociclismo es también un deporte de selecciones, no se suponía que era una competición individual en la que cada uno se juega su suerte? Pues mire usted, si lo que han hecho hoy los españoles lo hubieran hecho los italianos –que no hubieran dudado en hacerlo de haber podido- nos estarían saliendo sapos por la boca. Como lo han hecho los españoles nos parece pero que muy bien. Y que se fastidien esos italianinis

A ver si me entienden bien, o si consigo explicarlo. Tenemos unos motociclistas excepcionales, de leyenda, para acordarnos de ellos cuando un día no estén y no los tengamos iguales. Y creo honestamente que buenos chicos, cada uno a su particular manera –cierto que la de Jorge Lorenzo es una muy especial manera. Y durante estos años han rivalizado encarnizadamente, como se supone que debe ser. Es más, entre ellos no se han podido ni ver, Lorenzo y Dani Pedrosa estuvieron años sin siquiera hablarse, la irrupción de Marc Márquez con su empuje y su agresividad molestó sincera y declaradamente a los otros dos. Hoy les ves a los tres en el podio, tan felices y eufóricos.

Marc ha sido el gran perdedor de la temporada y ha descubierto que, siendo lo fenómeno que es y aún lo que puede llegar a ser, todavía le falta por aprender, que al fin y al cabo es lo normal. Dani ríe con ganas mientras por dentro sufrirá la frustración de quien siendo el pedazo de piloto que es, la vida y la suerte no le han dado ese trono mundial que sí le ha dado –ya por tres veces- a su íntimo enemigo ya de los tiempos de 250cc. Y el mallorquín, en fin, rumia que por más títulos que tenga, no tiene el cariño de la gente porque no ha sabido ganárselo. Hoy presumía de bandera española, la misma que en Montmeló, Cataluña, no quiso enseñar. Por respeto, decía.

Al final, no nos engañemos, uno ha ganado y los demás han perdido. Pero ¿qué han ganado los tres primeros hoy en Cheste? Quedar inmensamente bien con la prensa patria y con gran parte de la sociedad española. Han hecho Marca España, si nos creemos que esa es la mejor forma de hacerla. A los periodistas muy entendidos en motociclismo, lo sucedido en este último tramo de la temporada les ha dejado en un dilema –entre lo que sinceramente piensan y lo que es recomendable decir o escribir- y a los que no tienen ni repajolera de esto pero sí del periodismo que conquista audiencias, les ha engordado de razones. A ningunear a los expertos y proclamar que este Valentino Rossi, con toda su carrera a cuestas, es tal cual aquel Lance Armstrong. Y la gente cantará con ardor…

Vale, esto es un juego, el justo campeón de Liga o de los mundiales por puntos es el que al final de todo suma aunque sea uno más, y Lorenzo lo ha ganado por cinco. Vale, pero Rossi pensará que lo ha estado dominando desde el principio, que ha sido el más regular, y que al final se la han liado. Vale, él sabe -y debería reconocer- que perdió los nervios, que se equivocó en Malasia –diera la dichosa patada o no- y al final eso ha sido lo que le ha costado su décimo y presumiblemente último mundial, más allá de que muchos pensaran que además debían haberle expulsado del mundial y del planeta. Vale, pero él piensa que uno de sus competidores –sí, Marc Márquez-, cuando ya no tenía opción de ganar el título, ha dado en ejercer de juez y no precisamente neutral, con más motivo aún después de ver la carrera de hoy. Será la opinión de Valentino y de sus seguidores, está claro, pero tienen el mismo derecho a pensarlo que los que hoy proclaman que se ha hecho santa justicia con el infiel.

A mí en realidad me da igual, y felicito a Jorge porque se lo ha trabajado todo el año, también hoy, y posiblemente sea el que menos culpa tiene de todo el lío que se ha montado. Y porque lo que él y sus colegas y rivales hacen en la pista es desde luego mucho más difícil y arriesgado que verlo y comentarlo desde la barra de un bar. Pero a ver si todos se lo miran un poco, y especialmente esta prensa tan nuestra a la que tanto debemos y tanto queremos, que diría aquella. Ah, y a la gente de Dorna, que se preocupen de que esto que organizan,en vez de el Mundial de Motociclismo, acabe pareciendo la Copa del Rey.

Sé, soy consciente, que la gran mayoría de los que lean esto estará en total desacuerdo con lo que expongo. No tengo que pedir perdón, es lo que pienso. Aunque también prometo mirármelo…

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