Blogs de pago, que Roma los pague…

Blogs de pago

Supuesto está que el universo de los blogs ha venido a extender y enriquecer el abanico de oportunidades para todos los que deseamos informar, crear, divulgar o simplemente escribir para pasar el rato. Está abierto a todo el mundo, particulares, profesionales, empresas… Como es lógico, tienen perfecta cabida los que, a través de esta plataforma, buscan una fuente de ingresos, directa o indirecta: publicidad en el primer caso; generación de interés y atracción hacia servicios que el bloguero ofrece, generalmente relacionados con la temática de su blog.

Luego los hay, y no son pocos, que parecen no haber encontrado un modelo de negocio mejor que cobrar a la fuente por publicar la información que reciben de ella. Pero de estos los hay que, además, se permiten juzgar si la información que se les suministra es “de valor” o no lo es. Ejercicio innecesario se antoja tal juicio, ya que se deduce que en realidad toda información tiene para ellos un valor potencial: 30, 60, 100 euros…

Cada uno puede, claro está, practicar la política que considere oportuna para su bitácora. Eso sí, deberá ser consciente de que los medios de comunicación –y los blogs lo son- se ganan su respeto y a su audiencia a través de la credibilidad. Y ésta queda en entredicho si algunos, muchos o todos los contenidos que publican son pagados. Tampoco se trata de explicarles a estas alturas las prácticas y esencias del periodismo, teniendo en cuenta que muchos de los que habitan y moran por este planeta no son periodistas. No tienen por qué saber de este oficio, y en efecto muchos no tienen ni idea. Al menos estaría bien, eso sí, que lo asumieran.

Porque cualquiera que entienda un poco cómo funcionan los medios, sabe que siempre debería quedar muy bien diferenciado lo que es contenido propio de lo que es publicidad. Y si se trata de contenidos “inducidos” -o pagados, hablando propiamente- es recomendable indicar de alguna manera que se trata de un publirreportaje, un remitido, información patrocinada, etc… Si lo mete todo en el mismo saco, no está siendo del todo honesto con su audiencia. Y si todo lo que publica está subvencionado, eso no es un blog sino un tablón de anuncios que no se identifica como tal. Allá el bloguero con el interés que pretenda suscitar.

Así, no es tan infrecuente, cuando se les envía una nota de prensa u otros contenidos que se estiman que podrían ser de su interés, recibir una lacónica respuesta en la que le espetan al emisor sus tarifas. Vale, están en su derecho y que cada un proceda según crea oportuno. Pero si luego además se permiten incluir en su respuesta-oferta una coletilla o un enlace en el que sugieren al profesional de la Comunicación cómo tiene que hacer las cosas, tal vez es que no saben muy bien dónde están.

Ciertamente, los profesionales de la Comunicación –agencias, gabinetes, directivos, free-lance…- tienen la misión de esmerarse en su trabajo, y que las informaciones que distribuyen a los medios de toda índole acerca de sus clientes y empresas, cumplan las premisas de novedad, oportunidad y relevancia para esos destinatarios, y en definitiva para el público que está detrás. Lo que no quiere decir que acertemos siempre. A veces creemos que tal noticia puede ser muy interesante y en realidad no lo es tanto; a veces podemos pensar que a tal periodista o bloguero le puede interesar un contenido en particular, y luego no es así. Ese es también el papel del medio: seleccionar la información, discriminar lo que no le sirve. Y a ambas parte les corresponde hacer su trabajo con profesionalidad.

Por lo demás, a veces cometemos el error, sí, de no recordar que en aquel o en tal blog no nos van a publicar nada si no vamos con la pasta o el regalito por delante. Y que además se van a permitir dar lecciones y acusar al informador que le tuvo en cuenta de enviarle “mierdas” y no “información de valor”. Pues contemos hasta cien –cardinales, no euros-, asumamos deportivamente nuestra impericia y démosles la razón. Efectivamente, no tenemos por qué llenar su buzón innecesariamente. Dejémosles en paz y que les pague Roma, si es que Roma considera que en efecto son un “blog de valor”, y no otra cosa.

P.D. Pensaba incluir el enlace del bloguero que me ha servido de inspiración para este post. Pero pensándolo bien, que se lo publicite él mismo.

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