Yesterday, 50 años y parece que fue…

the-beatles-yesterday-parlophone-2Dice el chico que soñó la canción, las notas le vinieron tal cual en el duermevela y, apenas se levantó, se puso al piano y las plasmó. Como aún no debía de ser consciente de lo que tenía entre manos, y además debía tener algo de hambre por la mañana, le puso un título un tanto estrafalario, y no digamos la primera estrofa –“oh my baby how I love your legs…” Una vez la tuvo esbozada, se la presentó a sus amigos y a su profesor. Todos se sorprendieron al principio, pero según la fueron escuchando, coincidieron en que aquello era un gran tema, una hermosa y emotiva melodía. Entonces le sugirieron que merecía otro título, otra letra. Y durante los días siguientes, ese chico, muy aplicado él, se puso a pensar. Se acordó de su madre, que murió cuando él tenía 14 años, y no podía saber lo que estaría diciendo ahora. De su niñez sin problemas, la melancolía que le producía verse dónde estaba –en la cumbre del mundo, por cierto- y de dónde venía. Terminó la canción, la presentó. La grabaron y empezó a sonar. Ese chico ha cumplido justamente ayer 73 años, y la canción en cuestión celebra estos días su 50 aniversario.

Seguimos completando el ciclo en el que se van cumpliendo 50 años de todo lo que hicieron The Beatles. Como no es cuestión de recordar cada hecho, cada canción y cada hecho de su visa que pasa por la señalada efeméride, sólo a veces nos paramos en algún hito importante. Y este lo es. Porque estos días –entre que se compuso, se grabó, se editó…- se está cumpliendo medio siglo de Yesterday.

Ya se ha contado –y hemos contado- sobradamente la historia de esta canción –que Paul en principio la tituló “huevos escalfados”, que fue la primera que grabó un miembro del grupo en solitario, etc… Pero la gran historia es la que va desde su origen hasta que se convirtió en lo que hoy conmemoramos que es. En principio, se trataba una ocurrencia de Paul a sus 23 años que dio lugar a un experimento. Como otros muchos que en aquellos años hicieron esos chicos, que aunque ya en la cima y apuntando brotes de genialidad, en 1965 todavía eran demasiado jóvenes para ser maestros. George Martin, que además de su productor fue su tutor musical en esos primeros años, sugirió grabarla de una forma especial, única, con un acompañamiento de cuerda y nada más. La publicaron como una más de catálogo, en la Cara 2 de Help, el disco de su segunda exitosa película, los temas estelares iban en la Cara 1. Pero en cuanto a empezó a sonar, a nadie le pasó desapercibida. Sus dos minutos escasos empezaron a ganarse la eternidad.

Posiblemente sea Yesterday la canción más famosa de la historia. Desde luego es la más versionada, de eso sí existen datos contrastados, cuantificados. Desde Frank Sinatra a Plácido Domingo, pasando por orquestas sinfónicas y grupos y solistas de todo género. No habrá segundo en el que no esté sonando en una radio o en un bar con música en cualquier parte del mundo –ni imaginemos si la SGAE fuera la detentora de sus derechos.

Sin embargo, muchos dicen –y muchos fans decimos- que no es la mejor canción de los Beatles, y tampoco la más representativa, aunque a la postre haya quedado como la más emblemática. Desde luego, tanto McCartney como John Lennon, sin olvidar a George Harrison, dieron al Olimpo de la Música otras diosas composiciones dígase más originales, dígase más rompedoras, dígase más armónicas, con melodías más conseguidas o construcciones más sofisticadas, íntimas o sinfónicas, rotundas o simplemente deliciosas. ¿Cuál es entonces la grandeza de Yesterday, lo que la ha hecho tan reconocible y absolutamente universal?

Posiblemente sea su abrumadora sencillez. Una canción simple, redonda, que pasa en breves instantes y parece que invitara a dejar un silencio después, quizás para seguirla degustando. Como se dijera de las composiciones de Mozart en aquella película sobre el genial compositor, se antojara una partitura normalita, sin grandes alardes ni complicaciones, pero en cuanto intentaras quitarle o variar una sola nota, toda la obra se caía como un castillo de naipes. En efecto, nada le faltaba ni le sobraba a la pieza de Paul, todo iba en su sitio, tenía su sentido y era imprescindible para que fuera así, para que fuera Yesterday. Por lo demás –y eso sucede con otras grandes canciones de McCartney- no es de esas que entran a la primera, y sin embargo luego, cuanto más se escucha, más gusta. Una vez te has rendido a ella, y por años que pasen, te sigue emocionando nada más suenan esos primeros acordes de guitarra. En cuanto a la letra, la que compuso ya en serio, simplemente dice cosas que son verdad. No necesita más.

Aquí, si queréis, podéis recrearos en aspectos más técnicos sobre el tema Beatles 909, La grabación de Yesterday y os adelanto que merece la pena. El caso es que no podíamos, no nos hubiéramos perdonado, dejar pasar una conmemoración así. Son 50 años y en realidad no es que parezca que fue ayer, es que parece que ha sido siempre…

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