Jornada de refracción

Jornada de refracción

Toda voz pasada por el medio tiende a sufrir un efecto de refracción, de manera que siempre nos llega desviada, distorsionada o sometida a un total cambio de sentido, más que de dirección. Todo ello en función de la tipología y densidad óptica del medio en cuestión.

Pero cuanto más alta, ansiosa y fuera de tono es la voz, más drástico es el efecto, pues en el mismo aire se refracta. Y algunas voces de estos días nos han llegado como verdaderos truenos, desde el atril, desde el taxi o desde el sillón.

La mesura suele soportar bien los cambios, porque suele emitirse en ondas que se proyectan verticalmente sobre las superficies, de manera que las atraviesan sin prácticamente alterarse ni deformarse. Los histrionismos, en cambio, inciden en forma pretendidamente oblicua, de manera que se desdibujan y descomponen en formas imposibles, y por lo general su ruido se amplifica hasta hacer daño. Otra cosa podría decirse de los espejismos, que ya se sabe que son casos de refracción extrema. Y hay quien cada día se esmera en crearlos, esté en campaña electoral o no.

Estos días hemos asistido a discursos supuestamente estabilizadores que en realidad insultaban y faltaban al respeto; y a otros diríase transgresores, que una vez lanzados al aire sonaban a las canciones de siempre, como si fueran remakes de clásicos que ya nos sabíamos.

Luego, hay quien ha utilizado la táctica del bofetón al primer intercambio, y quien se ha tirado quince días fintando y esquivando. En general, casi nadie ha hablado de lo suyo sino de las cosas y miserias de los demás. Y a veces daba miedo realmente escuchar lo que eran los demás.

Así, unos a otros se han llamado pro-etarras, pro-castristas, sin estudios, fascistas, ladrones, que “obstruccionan” las instituciones, que son como el vaquilla… y por regla general, se han tildado de corruptos integrarles. Pero nadie se ha atrevido a definirse a sí mismo, a decirnos lo que son ellos. Y si no hay luz, no hay refracción posible.

En esta dinámica, la experiencia científica demuestra que el que menos insulta suele ser el que más insultos se lleva. Pero la ciencia también admite sus excepciones. Y ha habido uno, tan bueno debía parecer el hombre, que a lo más que se atrevieron sus adversarios fue a recordarle lo tonto que era su antiguo jefe.

Mal futuro se le augura, que esto es política y no ciencia. Y aquí, para que te voten, te tienen que haber sacudido de lo lindo. Cuanto más atices y te aticen, más votos te llevas. Ya lo ha dicho quien, elevando el nivel y llevándolo a un tono institucional, ha llegado a la conclusión de que “en España viven españoles”.

Pero hoy es jornada de refracción, la de verdad. Que por un día consiste en meter el lápiz en el vaso de agua. Mañana el sobre en la urna, a ver si se tuerce o no.

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