Yo no digo, abro el debate…

Ferran Martín

Simplemente estoy abriendo un debate sobre si le voy a pegar un puñetazo a aquel, o proponiendo una reflexión sobre si a los que no son de mi equipo habría que abrirles la cabeza. Pero nada más que eso, no se vayan a pensar que soy un violento y un intransigente. Simplemente me lo estoy pensando.

Esto es fácil de explicar. Si nadie ha mentado la idea, por ejemplo, de prohibir la lectura en público y al alguien con cierta capacidad de influencia se le ocurre plantearlo como tema de debate, no está diciendo que pretenda realmente prohibirla. Pero ciertamente ha dejado caer que le molesta profundamente que la gente lea en público, y es más, le gustaría que se prohibiera. Y en cuanto alguien se pronuncie a su favor, ya le dará menos apuro ir de frente y manifestarlo con todas las consecuencias.

Ahora, cuando algún representante político quiere acometer o que se acometa una medida digamos no muy popular -o absolutamente desmedida- pero que le interesa, lo que hace es lanzar el globo sonda. Calibrar el estado de opinión, las posibles adhesiones. Y en cuanto perciba algo de abono en el terreno, allá va con todas las de la ley. Y con la Ley, faltaría más.

Así se ha procedido en los últimos tiempos con diversos temas de especial sensibilidad para la sociedad –léase pena de muerte, cadena perpetua, aborto, políticas de inmigración, indigencia en las calles… Al que el cuerpo le pide una cosa pero no se atreve a decirlo claramente porque podría generar encendidas reacciones en contra, pues ahí lo deja, palpa el ambiente, a ver si puede ir más adelante.

Es, con perdón, como cuando quieres besar a alguien pero no te atreves a dar el paso –digo el beso-, y te andas con rodeos… Solo que menos inocente. Claro que luego están los que no se andan con preguntas ni contemplaciones, y besan directamente. En efecto, hay quien impone la medida o la ley sin encomendarse a nadie, entrando a saco. Pero lo que se lleva, lo políticamente correcto, es al menos parecer respetuoso con los procedimientos y las formas. Llamar primero a la puerta, no derribarla. Y si se la abren, soltar la andanada.

Así, el actual ministro de Justicia está harto –o sus jefes están hartos- de que se publiquen informaciones sobre procedimientos judiciales que están lastrando la credibilidad de su partido. Como no ve forma de parar la sangría ni de evitar las filtraciones, se le ocurre –a él o a sus jefes- que podrían multar a los que publican las informaciones de primera mano sobre esos procesos. Y como le da corte decirlo así, pues dice que sugiere el debate, la reflexión, la puesta en común… Una vez la prospección le ha salido rana y no han tardado en echársele encima, pues ya se ha desdicho, o como suele pasar, justifica que le han tergiversado sus palabras.

Pues no me tergiversen a mí. No es que yo quiera tacharle de instinto represor a un ministro. Simplemente planteo el debate sobre si un ministro que promueve la reflexión acerca de si cabría sancionar a los medios por las informaciones que difunden, podría ser un ministro con instinto represor. Y que cada uno opine, nada más.

A todo esto, hoy hemos sabido que la libertad de prensa en el mundo ha caído a su nivel más bajo en 15 años, y que España ocupa el puesto 52 del ranking. Pero no se preocupen, que no estoy diciendo nada. Vamos, como dando a entender…

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